Frenazo en la montaña rusa (1-1)

Frenazo en la montaña rusa (1-1)

El Málaga araña un empate en un partido vibrante y en el que los blanquiazules gozaron de muchas oportunidades aunque no logró vencer a un Sporting más pragmático y que encontró en Alex Alegría su hombre referencia. Blanco rompió su sequía goleadora y anotó el tanto del empate. Los asturianos acabaron con dos lanzamientos a la madera. Pudo ganar cualquiera en el choque más loco y hasta anárquico de los de Muñiz.   

Hubo de todo en La Rosaleda. Goles, expulsiones, oportunidades. Un partido loco. El Málaga acabó al descanso del partido perdiendo tras un penalti de Adrián. Fue la única oportunidad del Sporting en el primer tiempo. El Málaga fue víctima de su propia medicina. El debate de ganar sin jugar bien lo estaba sufriendo en sus carnes. Hasta el tanto de Djurdjevic desde los once metros el Málaga dominó, amasó la posesión y buscó la meta de Mariño. 

Ontiveros empezó a mostrar credenciales para ser el futbolista del partido para los blanquiazules. Aglutinó en sus botas las mejores oportunidades. Sirvió a Alejo un balón franco pero se marchó desviado. El tanto visitante llegaría en un fallo de concentración de Adrián. El madrileño se confió y llegó décimas de segundo más tarde que Alegría. Impactó en su espinilla y Pizarro Gómez no lo dudó. Djurdjevic superó a un Munir que adivinó la dirección pero no logró llegar a pesar de su gran estirada. El Málaga siguió insistiendo pero sin éxito. Llegó al descanso con un 70% de posesión, 7 córners pero con el marcador en contra. 

Tras el descanso Muñiz movió ficha y dejó en el banquillo a Erik Morán. Colocó a Seleznov. Volvió a la doble pareja de arietes. Blanco venía a ayudar en la creación como suele ser ya habitual en él. Se movió con inteligencia, se asoció y el ucraniano sigue a modo de jugador boya en la zona de remate.  

Estaba el partido a punto de entrar en una montaña rusa. La expulsión de Pablo Pérez inició el viaje en el parque de atracciones. Una roja directa polémica aunque el trencilla no dudó. Cazó a Ontiveros y ahí el Sporting se quedó con diez. Buscó con ahínco el Málaga el tanto del empate pero no veía la fórmula. Mientras, el centro del campo del Málaga sufría y aparecía también la fatiga. Varias oportunidades del Sporting tras encontrar en Alex Alegría un faro, una guía y sobre todo una referencia que permitía darle oxígeno, pausa y control al ataque visitante. 

Seguía aumentando la velocidad de la atracción con la expulsión de Diego González. Las dos amarillas se las sacó Alegría. El Málaga se quedaba también con diez y ahí ya el partido directamente se convirtió en locura y frenesí. Contagiado por la grada y también por la entrada de un anárquico pero eléctrico Mula, el Málaga encontró el gol. Llegó casi sobre la bocina, en el enésimo saque de banda y en la jugada partició Ricca que prolongó la catapulta de Luis Hernández. Blanco mantuvo el temple necesario de un killer y zanjó su dilema con el gol. 

Había tiempo de sobre y el Málaga murió matando. Antes había sacrificado Muñiz a Iván por Mula y optó por ir tumba abierta en búsqueda de la victoria. El Sporting lo pudo matar en una falta que pegó en el palo. El lanzamiento de Robin Lod pegó en el poste y minutos después tras otra jugada fabricada por Ontiveros, acabó Seleznov con un testarazo que lo repelió Mariño. 

Frenazo en la montaña rusa. Descontento generalizado. En el reino de la locura y el caos no fue capaz de ganar el Málaga aunque dio síntomas de merecer algo más. En ese intercambio de golpes no encontró fortuna pero sí generó oportunidades. Un punto que sabe a poco y que puede frenar las aspiraciones del ascenso directo pero aún queda un largo camino. La siguiente estación, Granada. Finalísima para los de Muñiz que tienen que ganar. No hay más.