Sin sal ni pimienta (0-0)

Sin sal ni pimienta (0-0)

El equipo de Pellicer no pasa del empate ante el conjunto insular pese a disputar más de 45 minutos con superioridad numérica. Los blanquiazules, que acaban pasando un mal rato, firman un mal encuentro repleto de imprecisiones, pérdidas y un exceso de entusiasmo que le genera una ansiedad innecesaria. Pese al punto, los de Pellicer ya suman 7 de 15 puntos en juego y dejan por tercera vez en el curso la portería a cero.   

Se sumó pero se generó un punto con sabor agridulce. El Málaga, que aun gatea, fue irregular, impreciso y casi pide la hora ante uno más. Le toca mejorar al cuadro de Pellicer que aún ajusta piezas del boceto. Arrancó el encuentro con Ismael y Mejías, éste último debutaba con el Málaga. El dibujo hacía que la pareja de mediocentros fuesen Luis Muñoz y Escassi pero nadie le dio frescura, ni fluidez al juego.

El Málaga sigue con ese gateo y con unos dientes de leche. Faltan, lógico a estas alturas de la 'pretemporada' automatismos que no llegan y mientras tanto Pellicer ajusta sus piezas en plena construcción pero que el presente competitivo no permite tanto tiempo para conocerse a fondo a todos los nuevos elementos. 

No había continuidad en el juego ofensivo mientras que Las Palmas estaba tranquilamente asentada en Martiricos. Los canarios aprovechaban a Pejiño para generar algo de miedo. El extremo gaditano que hizo tambalear en un par de ocasiones a Ismael pero tampoco inquietaron en exceso a Dani Barrio.

Pepe Mel, zorro en esta categoría, supo manejar el guion con comodidad. Ordenó y organizó a su equipo, apretó la salida y el Málaga en gran medida optó por lanzar en largo. Caye estuvo muy solo en esa guerra y el juego directo no traía frutos ofensivos a un Málaga que no lanzaba a puerta ni tampoco era capaz de construir o elaborar. Ni Jairo, ni Cristian ni Yanis encontraban la hoja de ruta en el verde. 

Una guerra de desgaste que con el paso de minutos hacía a Las Palmas sentirse más cómodo en La Rosaleda. El encuentro cambió con la expulsión de Álex Suárez. Roja directa por agarrar y derribar a Caye Quintana. Un nuevo partido y una nueva lección de Pepe Mel tras la vuelta de vestuarios. Se armó de nuevo y montó un nuevo planteamiento: protegerse pero picar con rapidez. 

Pellicer, obligado por la superioridad numérica, movió ficha. Introdujo a Calero y a Jozabed. Quería generar más juego por dentro con el sevillano y una mayor profundidad con el lateral de Parla. Bajo el papel era buen movimiento pero no alteró el partido. Faltó ese último pase, ese último disparo, esa última ejecución que quedó en el aire. Ni Larrubia ni Chavarría tampoco hincaron el diente a la meta rival. Pellicer reordenó y probó de todo pero el equipo mostró la bisoñez del que empieza a gatear. 

Las Palmas se mantuvo firme. No sufrió y empezó a creer en que tener uno menos no era excusa para llevarse un botín de La Rosaleda. Pepe Mel quiso arriesgar y atacar en ese tramo de partido. Acabó con dos puntas y el Málaga casi pidiendo la hora. El fútbol y la Segunda no para de mostrar lecciones a este Málaga que ya tiene su boceto final. Nadie esconde que necesitará perfeccionar mecanismos en esta durísima y exigente competición y en cada batalla debe ir a morir.

Un punto que a largo plazo puede ser de oro aunque a corto transmite un sabor agridulce como el de merecer menos pero desear bastante más. Eso sí sin colmillo y sin mordiente no llegarán los bocados.