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El auge de la derecha entre los jóvenes españoles: por qué se alejan de la izquierda

En la sociedad, y especialmente entre las altas esferas políticas y mediáticas, existe un debate creciente: los jóvenes en España –también en muchos países europeos– están virando ideológicamente hacia alternativas más conservadoras o de derechas. El ascenso de partidos nacionalistas y ultraconservadores es un fenómeno europeo que también se ha asentado en España. Vox se ha afianzado como tercer partido nacional y, en algunas regiones o provincias, incluso como segundo. Las elecciones en Extremadura han demostrado su tirón electoral y las encuestas le auguran un crecimiento aún más importante en futuras citas electorales.

La izquierda, falta de respuestas

Una de las claves de este ascenso es el apoyo de los jóvenes a estas nuevas alternativas. Según los últimos barómetros del CIS que desglosan por edades, Vox se ha convertido en la fuerza con mayor intención de voto entre los jóvenes de 18 a 24 años: alrededor de uno de cada cuatro jóvenes (en torno al 25 %) declara que optaría por el partido de Abascal, una cifra que supera la suma de PP y PSOE en ese tramo de edad.

Los partidos tradicionales y el ‘establishment’ mediático tienen parte de responsabilidad en ello. Su estrategia ha sido obviar y desacreditar –con todo el derecho– a estas alternativas. Sin embargo, su falta de autocrítica y de análisis que expliquen esta situación no ha hecho más que afianzar a estas nuevas opciones de derecha nacional-conservadora, que se han ido alimentando de la crisis política.

Vox se ha convertido en la fuerza con mayor intención de voto entre los jóvenes de 18 a 24 años

La corrupción y la falta de respuesta a crisis como la vivienda, el acceso al mercado laboral o la inmigración por parte de los partidos tradicionales hacen que estas formaciones resulten mucho más atractivas para las nuevas generaciones. Muchos jóvenes ven imposible independizarse, encadenan dificultades para entrar en el mercado laboral y salarios bajos. Sienten que su futuro se diluye entre promesas políticas que nunca llegan a cumplirse, hasta el punto de asumir que pueden ser la primera generación en vivir peor que la anterior en España.

La izquierda institucional ha gobernado buena parte de este siglo y los últimos siete años, por lo que el enfado se dirige en gran medida hacia la élite gobernante. Es un hecho que debería preocupar, porque la izquierda siempre había logrado capitalizar el discurso que atraía a la mayoría de jóvenes. El desgaste que han sufrido las alternativas a la izquierda del PSOE, como Podemos y Sumar, ha desmoralizado a parte de la juventud que veía en ellas una opción distinta a los partidos tradicionales.

La derecha ‘transgresora’, contra lo ‘mainstream’

A día de hoy, muchos jóvenes identifican declararse de derechas como un nuevo gesto de rebeldía contra lo establecido. Para ellos, ya no es algo “rancio”, sino una forma de ir a contracorriente en entornos que perciben mayoritariamente progresistas, como los institutos, las universidades o los medios de comunicación tradicionales. La nueva derecha se presenta con la promesa de romper los consensos y las realidades asumidas como naturales. Es decir, propone llevar su “voz disidente” de la teoría a la práctica y convertir ese inconformismo en una opción real de gobierno.

La oposición a lo “mainstream” o “progre” no solo cuestiona políticas concretas, sino la cultura dominante que, a ojos de muchos jóvenes, se ha impuesto en España: desde determinados discursos feministas hasta el relato sobre el cambio climático, que algunos llegan a percibir como propaganda. Del mismo modo, todo lo que suene a discurso oficial o institucional se interpreta como parte de ese poder frente al que la juventud, históricamente, ha tendido a rebelarse.

Y, aunque pueda parecer paradójico, el manejo que hace la derecha de los códigos “mainstream” en redes sociales la acerca todavía más a los jóvenes. Buena parte de su campaña política en estas plataformas adopta un tono disidente: chistes, memes y provocaciones que refuerzan una identidad de “tribu” política fácilmente reconocible y atractiva.

La estigmatización que una parte de la clase política y mediática ha dirigido hacia los jóvenes que se acercan a esta nueva derecha tampoco ha ayudado a contener el fenómeno; más bien ha reforzado sus posiciones. En lugar de analizar qué les preocupa y por qué se sienten expulsados del consenso progresista, se ha recurrido con frecuencia a etiquetas como “facha” o “reaccionario”, alimentando la sensación de incomprensión y, en algunos casos, empujándolos hacia una mayor radicalización.

La izquierda es ahora percibida por muchos de estos jóvenes como el nuevo establishment, y eso tiene un coste político evidente. Ocupa las instituciones y se asocia al discurso oficial, mientras que la derecha radical se presenta como una alternativa irreverente y gamberra, dispuesta a desafiar el orden actual con la promesa de levantar uno nuevo más acorde con ese malestar generacional.

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‘Guerra cultural’ y brecha de género

Las nuevas alternativas de derechas –sin experiencia de gobierno y sin un historial negativo que achacar– ofrecen un discurso sencillo ante los problemas actuales. Sus mensajes contra la ‘casta política’ o la ‘agenda progre’ resultan atractivos para una generación que siente que lo ha perdido casi todo y que, en muchos casos, tiende a informarse de manera superficial sobre las problemáticas políticas y sociales. Cabe destacar que este auge de la derecha tiene un rostro claramente masculino.

Partidos como Vox han capitalizado el discurso de indignación contra el sistema y han convertido lo que denominan ‘guerra cultural’ en uno de sus principales arietes a la hora de atraer nuevos votantes. El apoyo de los jóvenes a políticas de género o LGTBI está decayendo. Según el Informe Juventud en España 2024, el porcentaje de hombres jóvenes que se consideran feministas ha pasado del 54 % en 2019 al 41 % en 2023, mientras que entre las mujeres sigue siendo claramente mayoritario, en torno a dos tercios. A la vez, crece el negacionismo de la violencia de género: alrededor de un 23 % de los chicos jóvenes y en torno a un 13 % de las chicas creen que la violencia de género es un “invento ideológico”, otra señal de este giro de valores entre parte de la juventud masculina.

A pesar del aumento generalizado del apoyo a la derecha más extrema, existe una brecha de género ideológica entre los jóvenes españoles. Las mujeres jóvenes se concentran claramente en la izquierda, mientras que los hombres se desplazan con más frecuencia hacia el centro-derecha y la extrema derecha. La agenda política femenina tiende a priorizar políticas sociales, feminismo o derechos LGTBI, mientras que la masculina da más peso al orden, la seguridad y la identidad nacional.

Las mujeres jóvenes se concentran claramente en la izquierda, mientras que los hombres se desplazan con más frecuencia hacia el centro-derecha y la extrema derecha

La sensación de crisis permanente, unida a la precariedad o el problema de la vivienda, ha cambiado las prioridades de muchos jóvenes. Quienes sienten que su vida ya es una sucesión de incertidumbres tienden a valorar más los mensajes que ofrecen seguridad, control y estabilidad. Y ahí es, entre otras cosas, donde la nueva derecha ha sabido identificar su nicho y ofrecer un ‘salvavidas’ político a estos jóvenes.

En definitiva, el giro de parte de la juventud hacia la derecha no responde solo a una cuestión ideológica, sino a una combinación de frustración, desgaste de la izquierda institucional y un clima en el que los mensajes simples ganan terreno. Mientras la nueva derecha ofrece un relato claro –culpables, soluciones rápidas y promesa de orden–, la izquierda aparece más desconectada de los problemas reales de los jóvenes y se percibe más preocupada por gestionar el presente que por ofrecer un futuro distinto. La brecha ideológica entre hombres y mujeres dibuja una generación partida en dos. Si los partidos tradicionales no son capaces de leer este malestar y traducirlo en propuestas creíbles, serán otras alternativas políticas –de derechas e izquierdas– quienes capitalicen el voto de los jóvenes en los próximos años.

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