Año nuevo, mismo Granada, que en Almería volvió a exhibir sus dientes de leche y, al final, se llevó un buen mordisco. El conjunto rojiblanco horizontal desaprovechó su última oportunidad para colarse en la lista de los buenos de Sus Majestades y desde Oriente le han adelantado ya el carbón, no precisamente del dulce. Y no es que fuera dominado por el cuadro indálico, ni mucho menos, sino que padece una carencia de gol crónica y recalcitrante que esteriliza cualquier despliegue futbolístico. Así, cada error, como el que supuso el primer gol almeriense, cuesta puntos. Abrió la lata Gui Guedes en un córner defendido como alevines y Alemañ encontró el conejo en la chistera para empatar tras un saque de banda. Baptistao castigó ya tras el descanso y Džodić sentenció. Pascual, ya en el tiempo extra, al menos sumó de penalti otra diana a sus guarismos, pero ya era tarde.
Bastó medio minuto para que el duelo inoculara en todo el mundo la idea de frenetismo, agitado como si en los futbolistas ardiera el deseo de hacer que 2026 sea su año. Gambeteó Leo Baptistao al impulso de los propósitos del nuevo calendario, pero cuando quiso levantar la mirada y ajustar la mirilla, se topó de bruces con Astralaga, raudo para robarle hasta el aire que respiraba. Respondieron de inmediato los de franjas horizontales, que salieron disparados hasta que Álex Sola, acomodado ya en la trinchera enemiga, raseó el servicio para un aletargado Jorge Pascual, invalidada la acción en cualquier caso. Alto voltaje.
La cosa iba de un lado a otro como en un partido de tenis. Quien parpadeara se perdía un revés. Con un amago, Sola se orientó hacia su pierna mala, envenenado el golpeo a la cepa del poste, pero a Andrés Fernández ya no le sorprenden esos tiros. Luego el extremo la mandó a las nubes, como más tarde haría Rubén Alcaraz tras un baile portugués de Souleymane Faye. Alemañ le había lanzado un pase concienzudo que en el aire pareció un balonazo sin cálculos y la velocidad del senegalés lo hizo bueno. Enseñó el balón, lo escondió y salió echando chispas frente a Chirino, recorte con mensaje directo a Lisboa: “Esto es lo que queréis”. El mediocentro, sin embargo, no encauzó.
La música iba soltando a los granadinistas, que iban haciendo acular al equipo de Rubi. La puso Arnaiz desde el rincón y botó en el corazón del área. Pedro Fidel, que casi ni vio por dónde le llegó el balón, desvió con el pecho hacia su propia meta, pero fueron todos a por el cuero como en una melé de la que salió vencedor Andrés Fernández. La réplica indálica fue letal. Arribas puso a volar el córner como un dron, preciso al mismísimo punto de penalti. Por allí solo andaba Gui Guedes, que pudo hasta sacar la manta para montar el pícnic. Despegó como un cohete de la nasa y giró el cuello para alejar el esférico del alcance de Astralaga.
Pacheta no se lo creía. Los suyos se movían con brío y atacaban, pero el gol estaba al otro lado del marcador, todavía a la espera de que los Reyes Magos dejen unos cuantos bajo el árbol nazarí. Y encima, el Almería se animaba. Puigmal vio un hueco como el niño de ‘El sexto sentido’ veía muertos, pero Baptistao se vio tan solo que no tuvo más opción que apretar el gatillo, aun escorado, elástico Astralaga. Pero tras ello se vino abajo el motor indálico, de nuevo arropado en su mitad de campo. Y en un saque de banda anodino, la pizarra de Pacheta surtió efecto.
Las torres se iban apostando en el área mientras Alcaraz se iba a la línea de fondo como el que no quiere la cosa. Pasó desapercibido y Álex Sola, lejos de accionar la catapulta, se la dio al mediocentro. Aprovechó la urgencia almeriense por ajustar para descargar atrás, donde Pedro Alemañ armó la pierna para enganchar la volea. Un golazo para castigar la pachorra local.
Los dos conjuntos se confesaron pecadores de valentía y fragilidad, pero el Granada, sin nada que perder, se arriesgó a morir en el infierno. A los de blanquiazul este sábado no les bastaba con el reparto y se volcaron, bien desplegados para envolver al Almería. Golpeó Arnaiz con dureza, sólido Andrés, y después Alemañ conectó con la testa de Álex Sola, sin margen para dirigir el frentazo. Resoplaron los de casa, que llegaron vivos a la pausa para el avituallamiento, aunque sin demasiadas heridas pese al acoso granadinista.
La descomposición tras el descanso
Remezcló Rubi sus naipes, con Centelles en el lugar de su goleador, pero en el bando de Pacheta regresaron los mismos. Lo hicieron, además, con el colmillo todavía afilado. Se le escapó un pase a Pascual en cuanto se abrió de nuevo el telón y, después, Álex Sola disparó con balas de fogueo. No parecía variar la función en su segundo acto, pero en realidad el cambio había perfundido en el cuadro indálico cierta mala uva. Se infiltró el recién incorporado por el perfil zurdo y sacó un centro tenso que Baptistao, con una chilena poco ortodoxa, estuvo cerca de convertir en uno de los goles del año, privado del highlight tan solo por el poste. Tampoco tardaría en quitarse la espinita.
Pareció percibir Pacheta que se avecinaba la descomposición de su equipo, porque de inmediato sacó a Pablo Sáenz de la despensa, tocado Casadesús. Pero el proceso ya era irreversible. Chirino llegó de un acelerón hasta los confines del terreno de juego, desde donde tensó el envío. Embarba intentó encauzar, pero Astralaga exhibió de nuevo reflejos. Al rechace, sin embargo, acudió Baptistao con una sed vampírica de sangre tras toparse con la estaca antes.
Fue el golpe que desarboló al Granada. Porque no cesó en su empeño de marcar, pero lo hizo ya embargado por la ansiedad. Todo derivó en el desajuste. Pablo Sáenz, Álex Sola y Manu Lama insistieron con la escopeta de la feria, pero Džodić sacó el rifle del franco tirador. En una transición que pilló a los de franjas horizontales desarmados, Embarba localizó el agujero en la medular. Apareció el de Montpellier con elegancia para, con sutileza francesa, ajustar un golazo desde fuera del área donde no llegan ni las mopas mejor adaptadas a los rincones.
Pacheta, ya a la desesperada, puso en liza a Trigueros, Sergio Ruiz, Rodelas y Bouldini, pero apenas pudo rascar, ya en el alargue, una pena máxima que transformó Pascual. El Granada se hunde en el descenso mientras el Almería toca a las puertas del ático de la categoría. Hay cosas que no cambian.
Ficha técnica:
UD Almería: Andrés Fernández; Chirino, Pedro Fidel (Džodić, 45’), Nélson Monte, Álex Muñoz; Gui Guedes (Álex Centelles, 46’), Iddrisu Baba; Arnau Puigmal (Robertone, 62’), Sergio Arribas (Marcos Luna, 86’), Embarba; y Leo Baptistao (Houssam Kounia, 86’).
Granada CF: Ander Astralaga; Pau Casadesús (Pablo Sáenz, 62’), Manu Lama, Loïc Williams, Diego Hormigo (Manu Trigueros, 75’); Rubén Alcaraz (Sergio Ruiz, 75’), Pedro Alemañ (Mohamed Bouldini, 84’); Álex Sola, José Arnaiz, Souleymane Faye (Rodelas, 75’); y Jorge Pascual.
Goles: 1-0: Gui Guedes, min. 25; 1-1: Pedro Alemañ, min. 40; 2-1: Leo Baptistao, min. 64; 3-1: Džodić, min. 74; 3-2: Jorge Pascual, de penalti, min. 90+9.
Árbitro: Jon Ander González Esteban, del comité vasco. Amonestó a los locales Gui Guedes, Džodić, Chirino y Robertone, así como a los visitantes Casadesús, Rubén Alcaraz, Manu Trigueros, Arnaiz y Pablo Sáenz.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 20ª jornada de Liga, disputado en el UDA Stadium, ante 13.966 espectadores, alrededor de 400 de ellos hinchas granadinistas.