Durante semanas, los vecinos de un edificio de Arroyo de la Miel, en Benalmádena, en la calle Finoso, compartieron algo más que rellanos y buzones sin saberlo: un cadáver en avanzado estado de descomposición permanecía oculto en un hueco que daba a una especie de sótano, en el cuarto de contadores del inmueble. La rutina diaria, entrar y salir, cruzarse en la escalera, esperar al ascensor, transcurría mientras un olor cada vez más intenso se iba colando por las zonas comunes, convirtiéndose en una presencia incómoda y persistente.
Las quejas comenzaron como un murmullo. Al principio, algunos atribuyeron el hedor a un problema de alcantarillado o a un animal muerto. Sin embargo, con el paso de los días, el olor se hizo insoportable. Fue entonces cuando se alertó a las autoridades y al personal de mantenimiento del edificio, quienes fueron los primeros en hallar el cadáver.
En el hueco del cuarto de contadores
Agentes de la Policía Nacional acudieron al edificio y localizaron el cuerpo sin vida en el cuarto de contadores, un espacio de paso al que nadie parecía haber prestado atención suficiente durante semanas. El cadáver se encontraba en un avanzado estado de descomposición, lo que indica que llevaba allí un largo periodo de tiempo. Aún no ha trascendido la identidad de la víctima ni las causas del fallecimiento, extremos que deberán determinar la autopsia y la investigación policial, que continúa abierta.
Por el momento, no se han comunicado detenciones ni se ha confirmado si se trata de una muerte violenta. Según fuentes cercanas, destacan que el cadáver podría pertenecer a un vecino del edificio, «pintor de brocha gorda» y que siempre iba vestido de blanco, que llevaba semanas desaparecido.
El hallazgo ha causado una profunda conmoción entre los residentes del edificio. Muchos aseguran sentirse impactados al saber que convivieron durante tanto tiempo con un cadáver a escasos metros de sus viviendas.
El suceso ha reabierto el debate sobre el abandono y la soledad en entornos urbanos, así como sobre el uso y control de los espacios comunes en edificios residenciales. Mientras la Policía trata de reconstruir las últimas horas de la víctima y aclarar cómo y por qué el cuerpo acabó en ese lugar, el edificio intenta recuperar una normalidad que ahora se percibe frágil.
Lo que durante semanas fue solo un olor persistente ha terminado revelando una historia mucho más grave, una que ha dejado una huella difícil de borrar entre quienes, sin saberlo, convivieron con la muerte puerta con puerta.
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