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La enigmática autoría de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso del Gran Poder

La autoría de la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso de la Hermandad del Gran Poder ha vuelto al primer plano del debate de historiadores tras el último episodio de la serie dedicada a imágenes anónimas del programa cofrade ‘Al Cielo’, emitido por 101TV Sevilla. En esta ocasión, el espacio reunió a los historiadores Andrés Luque, Francis Segura y Jesús Romanov, junto al investigador José María Pinilla, para abordar una de las dolorosas más enigmáticas de la Semana Santa de Sevilla.

Historia de la Dolorosa

Desde el punto de vista histórico, Jesús Romanov recordó que la existencia de una Virgen del Mayor Dolor y Traspaso anterior a la actual es incuestionable. El propio título de la hermandad lo confirma, y además se sabe que cuando Juan de Mesa realiza el San Juan Evangelista lo hace con la clara intención de que acompañe a una dolorosa ya existente, lo que refuerza la idea de una imagen previa, querida y plenamente integrada en la devoción corporativa. La Virgen que hoy contemplamos responde, sin embargo, a un encargo documentado en 1798, realizado por el mayordomo Manuel de Benjumea, quien costeó la reconstrucción de una cabeza para la imagen, así como la ejecución de una nueva corona.

Origen en el s. XVIII

Uno de los aspectos más relevantes abordados en el programa fue el estudio técnico realizado por Pedro Manzano y publicado en el Anuario de la Hermandad en 2022. En dicho estudio se documenta una compleja estratigrafía de policromías, con restos que abarcan desde el siglo XVII hasta el XX. Este dato es fundamental, aunque no concluyente por sí mismo. La presencia de capas antiguas puede indicar que la imagen es anterior a 1798 y fue profundamente modificada en esa fecha, o bien que se reutilizó un soporte antiguo que fue retallado y adaptado a nuevas necesidades devocionales y estéticas.

Intervenciones

A esta complejidad histórica se suma una intensa historia de intervenciones contemporáneas. En 1954, la imagen fue retocada por Antonio Illanes. En 1978, Peláez del Espino alteró de manera significativa la policromía y le colocó un nuevo candelero, una intervención que no fue del agrado general y que motivó una nueva actuación apenas un año después. En 1979, Luis Ortega Bru llevó a cabo una repolicromía y realizó un nuevo candelero, aportando una estética más clara y luminosa que, según se señaló en el programa, se integra sorprendentemente bien con la talla antigua, del mismo modo que ocurre en otras obras del propio Ortega Bru, como la Virgen de la Salud.

Análisis formal

Desde el análisis formal, Andrés Luque aportó argumentos de gran peso. Señaló, por ejemplo, el doble giro del cuello y del rostro hacia el lado izquierdo, realizado de forma paralela y no contrapuesta, un recurso sutil característico del primer barroco sevillano, especialmente entre 1620 y 1650. También destacó el tratamiento naturalista del rostro, con una talla apurada y una gubia tendida, así como el modelado del globo ocular, rasgos todos ellos más propios del siglo XVII que de finales del XVIII. Aunque algunos elementos expresivos podrían remitir a cronologías algo posteriores, estos pudieron haberse visto alterados o corregidos en intervenciones sucesivas.

La discusión sobre la estratigrafía volvió a ocupar un lugar central en el debate. Se subrayó que para afirmar con rotundidad que la talla actual es del siglo XVII sería necesario contar con múltiples catas en distintas zonas del rostro que confirmaran la continuidad de esas capas antiguas. Aun así, la fotografía decimonónica atribuida a Bocchí, mostrada durante el programa, fue considerada por los participantes como una prueba visual de enorme valor. En ella se aprecia una imagen de carácter inequívocamente barroco, muy alejada de los gustos neoclásicos o románticos del siglo XIX, lo que refuerza la hipótesis de una obra de origen más temprano.

Conclusiones

Francis Segura insistió en que no siempre debe pensarse en encargos ex novo, ya que la reutilización y transformación de imágenes era una práctica habitual. La Virgen del Mayor Dolor y Traspaso pudo ser una imagen anterior profundamente reformada en 1798, o una nueva talla concebida para evocar deliberadamente una estampa barroca muy arraigada en la devoción de la hermandad. En cualquier caso, atribuir la obra a un autor concreto resulta, hoy por hoy, una empresa arriesgada.

La conclusión más compartida fue, por tanto, la de considerar la imagen como una obra anónima, probablemente del siglo XVII, profundamente intervenida a lo largo del tiempo y suavizada en su expresión conforme a los gustos del siglo XIX y XX. Una dolorosa que, lejos de perder valor por la falta de autoría conocida, gana interés precisamente por ser testigo vivo de la evolución de la devoción, del gusto artístico y de la historia material de una de las hermandades más emblemáticas de Sevilla.

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