Un paseo por la memoria y por los recuerdos. Así comienza el recorrido por el Tivoli World, un lugar que durante décadas fue sinónimo de ilusión, ruido y luces en la Costa del Sol. Hoy, sus caminos permanecen en silencio, pero cada rincón sigue contando una historia. Un eco de las risas de los más pequeños. Los aplausos de los espectadores en el teatro. Y el sonido, de la famosa canción del Tivoli World. Basta cruzar sus puertas para entender que el Tivoli no está muerto: simplemente, está detenido en el tiempo.
Las atracciones continúan en pie, inmóviles, como si esperaran a que alguien vuelva a ponerlas en marcha. La montaña rusa observa desde lo alto, el lago refleja un parque sin visitantes, la Pagoda china recordando a sus comensales y los carteles desgastados recuerdan a quienes crecieron entre estas calles. El Tivoli fue infancia, fue familia, fue trabajo. Y sigue siéndolo, aunque ahora de otra manera.
Lejos de la imagen de abandono absoluto, el parque mantiene una vigilancia constante. Extratrabajadores, personas que dedicaron su vida al Tivoli, continúan cuidando el recinto. Entre ellos está Juan Carmona, una de las figuras clave en la protección del parque. Él y otros compañeros se encargan del mantenimiento básico y de la seguridad, atentos a cualquier movimiento extraño dentro de un recinto cerrado desde 2020, pero aún vulnerable.
«No estamos abandonados, solo cerrados»
Esa vigilancia fue determinante durante el último intento de asalto, y primero de 2026. Varias personas lograron colarse en el interior del parque con la intención de grabar imágenes, rompiendo la tranquilidad de un espacio que parecía olvidado. Gracias al sistema de control y al aviso inmediato, se alertó a la Policía Nacional y se evitó que el incidente fuera a más. Un suceso que volvió a poner el foco sobre la situación del Tivoli y la necesidad de proteger un patrimonio emocional y social de Benalmádena.
Caminar hoy por el Tivoli es hacerlo entre dos tiempos: el pasado que fue y el futuro que aún no llega, pero que se espera con las manos abiertas, aunque también con muchas duda sobre, qué quedará del parque. Es un espacio cargado de nostalgia, pero también de reivindicación.
Si no fuera por esos extrabajadores, que pasan sus 24 horas vigilando el parque, «esto sería un despropósito, porque aquí hay una fortuna para chatarreros y feriantes», señala Carmona. Pero todo sigue en pie, con pequeños daños y deterioros, pero vivo y símbolo de ello es Juan Carmona, con su uniforme del parque, porque para él, nunca dejará que caiga en el olvido.
El Tivoli World sigue en pie gracias a quienes se niegan a dejarlo caer del todo. A quienes lo cuidan en silencio, sin focos ni titulares. Y mientras sus atracciones permanezcan ahí, mientras alguien vigile sus noches y sus días, el Tivoli seguirá siendo algo más que un parque cerrado: seguirá siendo parte de la historia viva de la Costa del Sol.
Más noticias de 101TV en las redes sociales: Instagram, Facebook, Tik Tok o X. Puedes ponerte en contacto con nosotros en el correo informativos@101tv.es

