Vanesa Martín se ha convertido en una verdadera ‘anfitriona’ y no ha tenido dudas en invitar a todos a ‘Casa Mía’, su nuevo y más íntimo álbum. Ha recibido a un Palacio de Deportes José María Martín Carpena que la ha arropado con cariño, y esa casa de la que habla en sus versos ha sabido ser más hogar que nunca. Sobre aquellas tablas ha hablado de su tierra natal, del sur que la vio crecer y de no perder nunca el norte de donde viene.
Eran las 21.00 cuando el público malagueño dejaba la obediencia en casa y se sumaba al ritmo, la fuerza y la sensualidad que transmitía la paisana. Comenzó tanteando la energía con ‘Inventas’, y su voz retumbaba en un eco que la repetía, la alababa y le gritaba, pero no a ella, sino a quienes «ponen excusas y se lamentan».
Las letras de sus grandes éxitos han convivido con aquellas que hace apenas unos meses vieron la luz. El público no ha sido inmune a su cantar, los gritos recorrían el Martín Carpena y la emoción se palpaba y se transmitía con una simple ojeada panorámica.
«Cuando nadie me entendía en la capital y era demasiado del sur, y en el sur era demasiado de Madrid», ha narrado con una voz cálida. La artista ha obviado etiquetas y ha dejado ver a la niña que vive y sueña a su lado. Y el público ha sabido recibirla, quererla y llorar en su hombro cuando las letras recordaban aquellos «bares del desengaño», «esos porqués que se siguen sin saber» o aquellos «90 minutos».
Dejando los sentimientos a un lado
Lo que quería Vanesa Martín era que le siguiesen el ritmo, por ello tras cantar sus dos primeras canciones buscó como ganarse el corazón de los que participaban en su concierto. Fue el momento de hablar de su tierra natal, Málaga.
Una tierra que “le ha enseñado a amar”, y sobre todo, “a equivocarse y que no pase nada”. “Me ha enseñado a creer en mi misma y ha conocer el camino de vuelta”, ha añadido la cantante. Unas palabras que se han sentido como una caricia y que han recordado a todos los presentes el “orgullo” y el carácter “con otro epígrafe” que tienen los de la provincia.
En sus palabras también ha guardado un hueco para Adamuz. Ha recordado el poder de vivir, el oficio más “difícil” que existe, y lo fácil que es desaparecer de un día para otro. También ha dejado ver su lado más político: “La seguridad la pagamos todos, y en este caso no la ha habido”.
La fuerza y la sensualidad como forma de vivir
Entre canción y canción ha narrado historias que conectan con su casa, momentos que se han convertido en melodías y personas que, con acordes, se han unido para siempre a su guitarra. Intérpretes como Joaquín Sabina, el poeta, y Vanesa Martín han sido uno en la canción ‘No nos supimos querer’, que ha cantado con amor y recordado con especial cariño.
«Le dije que escribiera su parte en la canción, basada en mis vivencias, y fue un hijo de puta», ha confesado entre risas. Ha dejado, inevitablemente, un mal sabor de boca en aquella canción, la detallada descripción de su amistad gritaba al onubense a parecer, sin embargo, no pudo ser así.
Un sí quiero
Lo que sí apareció fue una especie de ‘Polvo de Mariposa’, que cantó y que invitó a mirar al lado y disfrutar de la ‘Complicidad’ que se sumaba entre aquellas parejas, que llenaban el recinto y que se cantaban al oído. Como era el caso de Pablo y su mujer, el “Sí, quiero” de la noche. Ambos no dudaron en ‘dejarse su lado de la cama’ por el otro y arroparse en un gran abrazo, que el público sintió como colectivo.
Un concierto de dos horas y media que se disfrutó como en casa, no solo porque abrió sus puertas, en este caso de su corazón, sino porque no dudó en guiar al público hacia cada recoveco que guardaban sus canciones. La artista se ganó una ovación final que podría haber durado hasta la madrugada, sin embargo, ella cerró esa ‘Casa Mía’ y recordó que en junio volvería, a invitar y dejar entrar a la Málaga con la que creció, en su vida.
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