Si existe una virtud en la que los españoles presumen de lo suyo en el resto del mundo, esa es la gastronomía. Pese a existir una gran diversidad a lo largo y ancho del país, algo que lo hace especial, cada región cuenta con un plato insignia de la que sentirse orgulloso. Ahora bien, cuando se ven reinterpretaciones lejos de las fronteras suelen levantar crispación. Posiblemente, un sentimiento similar al que debe sentir un italiano cuando observa a un foráneo cortando por la mitad un espagueti. Eso debió sentir el eurodiputado por el PP Adrián Vázquez Lázara, hasta el punto de elevar una queja al Parlamento Europeo.
Bien es cierto que el gallego lo hace desde la comedia, aunque se percibe un claro resquemor ante el plato que recibe en el comedor del Parlamento. El eurodiputado ha adjuntado el plato en cuestión que aseguraba ser el tradicional «pulpo a la gallega». Seguramente, Vázquez esperaba encontrarse con una cocción imperfecta, un pimentón quemado o cualquier otro detalle que pueda ser esperable al consumir este producto lejos de su tierra. Sin embargo, su asombro llegó cuando vio un calamar a la plancha con brócoli en su lugar. Sin duda, un hecho que no quiso pasar por alto.
Todos tenemos línea rojas, y con el “pulpo a la gallega” tenemos que ser implacables.
Mi carta al catering del Parlamento Europeo pidiendo un pulpo a la altura de nuestra retranca.
— Adrián Vázquez Lázara (@AdrianVL1982) February 3, 2026
Comunicado completo
«A la atención del cáterin del Parlamento Europeo: Estimado servicio de catering del Parlamento Europeo, Antes de nada, permítanme agradecerles el esfuerzo diario por alimentar a esta honorable institución, tarea nada sencilla dada su diversidad.
Dicho esto, hoy me he llevado una sorpresa a la hora del almuerzo al encontrar en la cantina un plato titulado «pulpo a la gallega». Como gallego —y como demócrata— me veo en la obligación moral de señalar que el contenido del plato no guarda una relación reconocible con la receta original, ni por ingrodientes, ni por aspecto, ni, me temo, por espíritu.
No dudo de la buena fe del cocinero, pero llamar «pulpo a la gallega a ese honorable intento culinario es un ejercicio de imaginación comparable a llamar gaita a una vuvuzela o paseo campestre al Camino de Santiago, En Galicia somos gente paciente y amable, pero con el pulpo tenemos ciertas líneas rojas.
Les escribo, por tanto, no desde el enfado sino desde la retranca afectuosa, para proponer dos soluciones sencillas y plenamente europeas:
Bien ajustar ligeramente la receta (pulpo –mejor si es de interior-, patata, aceite, pimentón y algo más de cariño) o bien cambiar el nombre del plato por otro igualmente creativo como pulpo reinterpretado en clave centrocuropea.
Cualquiera de las dos opciones evitaría futuros incidentes diplomaticos con esta comunidad del noroeste peninsular que tanto quiere a Europa… y a su plato más emblemático.
Reciban un cordial saludo. Adrián Vázquez Lazara».

