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Feijóo endurece el tono y marca un viraje en la estrategia del PP frente a PSOE y Vox

El líder popular está virando su discurso, pero sobre todo su tono. Así lo demostró durante su intervención en la comisión que investiga lo ocurrido en la trágica riada de la Comunidad Valenciana del 29 de octubre, que dejó 237 fallecidos y una sociedad conmocionada y profundamente decepcionada con la gestión política. Protagonizó un bronco enfrentamiento, entre otros, con el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, a quien calificó de “arrogante” y “cobarde”, además de afearle su apoyo constante al Gobierno socialista, incluso a Óscar Puente tras el accidente ferroviario de Adamuz.

Feijóo recibió críticas por su respaldo a Carlos Mazón durante un año y por no haberle exigido el acta. Ante ello, argumentó: “Ninguna institución estuvo a la altura, pero solo se asumieron responsabilidades en el Gobierno valenciano y el presidente Mazón dimitió”.

 

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El presidente nacional del Partido Popular es consciente del crecimiento de Vox en las sucesivas convocatorias electorales del último año y de unas encuestas que lo sitúan como llave necesaria en buena parte del mapa político. Las últimas encuestas difundidas por Sigma Dos y DYM sitúan a los populares entre 139 y 145 escaños, y a los verdes entre 58 y 61. Además, preocupa en el PP que el suelo electoral de los de Sánchez se mantenga en torno a los 106–107 escaños y que un mayor crecimiento de Vox, unido a la crisis de la izquierda —Sumar, Podemos—, reduzca la brecha entre populares y socialistas de cara a convertirse en primera fuerza nacional. Pero, sobre todo, Feijóo asume a Vox como socio potencial —indispensable en un escenario de suma— para llegar a presidir el Gobierno de España y como actor determinante en la agenda nacional. Ese cálculo ha empujado al líder popular a reordenar su discurso.

El tono que adquirió Feijóo en la comisión de la dana no fue un “calentón”, sino más bien el síntoma de un cambio calculado

PSOE y Vox llevan años marcando la agenda y la dirección nacional del PP se ha visto desubicada en este panorama político. Sonados han sido los enfrentamientos en prácticamente todas las materias entre los socialistas y los de Abascal, antagónicos en política social, de vivienda o internacional. PSOE y Vox se mueven en un veto continuo y absoluto y no temen la descalificación o el insulto. El PP, mientras, ha actuado a menudo como actor intermedio: recibe críticas de los de Sánchez por “aliarse con la ultraderecha” y de los verdes por ser “la derechita cobarde”.

El tono que adquirió Feijóo en la comisión de la DANA no fue un “calentón”, sino más bien el síntoma de un cambio calculado. La propuesta de los populares se ha demostrado insuficiente y han entendido que debían entrar de lleno en la batalla política, pero sobre todo en la de las ideas. El viraje comenzó tras el congreso nacional de los populares celebrado en junio, después de tres años de liderazgo de Feijóo, con un único congreso previo: el que lo aupó tras la caída de Casado en abril de 2022. El PP dejó la puerta abierta a pactos con Vox, a políticas migratorias más duras y a una mayor dureza contra el nacionalismo y el independentismo, entre otras cuestiones que apuntan a una readaptación del tono democristiano.

Choque con el Gobierno, Venezuela y regularización ‘exprés’

Tras el accidente de Adamuz, el presidente andaluz, Juanma Moreno, optó por continuar con su estrategia de no confrontación directa con el Gobierno. Feijóo compartió esa línea durante los tres días de luto nacional. Con el fin del luto, la presión de los populares aumentó y se adoptó un tono mucho más agresivo contra los de Pedro Sánchez y, especialmente, contra el ministro de Transportes, Óscar Puente.

Los populares recibieron al ministro vallisoletano en el Senado a gritos de “dimisión, dimisión”. Y, en su comparecencia en la Comisión de Transportes del Congreso, el portavoz popular le espetó una frase muy directa: “Coja su ego y su soberbia y dimita”. La presidenta Ayuso, fiel a su estilo, desplegó su propia estrategia de confrontación directa y sin filtros contra el Gobierno, del que afirmó: “Imponen la ley del silencio porque no tienen a quién culpar”.

En torno a Venezuela, los populares han respaldado la detención de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos y han criticado con dureza al Gobierno socialista, al que califican de “tibio con la dictadura” o incluso “cómplice” por los intereses del expresidente Zapatero, al que el PSOE ha evitado exhibir en la campaña de Aragón. El expresidente aparece, además, en el debate político asociado a piezas vinculadas al rescate público de Plus Ultra.

La campaña de Aragón

La campaña aragonesa es otra reedición del panorama nacional. Los populares han forzado la repetición electoral con la intención de ganar terreno y, de nuevo, se espera que el protagonismo se lo lleven Vox, por su crecimiento, y los socialistas, por otro retroceso. Los de Nolasco —candidato de Vox— crecerían hasta 12 o 13 diputados y el PSOE, con la exministra y portavoz Alegría, estaría al borde de su suelo histórico, con entre 17 y 18 escaños. Los populares se moverían entre 28 y 29, cifra que daría a Azcón la victoria de nuevo, mejorando levemente sus resultados y con Vox como socio necesario otra vez.

Feijóo ha desinflado las expectativas de mayoría absoluta y trabaja el relato de que los pactos con Vox son una posibilidad, siempre y cuando se respeten determinadas condiciones.

Con Aragón como termómetro y con las comisiones y sesiones parlamentarias como escenario principal, Feijóo intenta fijar una idea: que el PP aspira a dar la batalla de las ideas a PSOE y Vox, y no se conforma con ser la alternativa “moderada” a la que acudan los electores por hartazgo con el Gobierno o por falta de alternativas.

El objetivo es doble: disputarle agenda a Vox sin perder el perfil de alternativa de gobierno estable, centrada y europeísta. La incógnita, en plena campaña, es si esa subida de tono se traducirá en una ganancia electoral en el flanco derecho del PP o si Vox es capaz de aglutinar ese voto. Y, en paralelo, el partido deberá medir si esta redirección ideológica no le hace perder apoyos por su izquierda, donde la “centralidad” ha sido parte de su principal activo.

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