El alcalde de Córdoba, José María Bellido, ha confirmado este lunes que la ciudad ha superado el momento más crítico del temporal de lluvias que ha azotado la provincia durante los últimos días. Según sus palabras, «ha pasado lo peor» del tren de borrascas, ese fenómeno meteorológico que trae consigo varias borrascas consecutivas causando precipitaciones persistentes.
La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir —el organismo público encargado de gestionar las aguas de la cuenca del río— ya había advertido del pico de crecida. Y así fue: la madrugada del domingo el río alcanzó casi seis metros de altura, desbordándose y obligando a evacuar cientos de viviendas. Ahora, el nivel ha descendido hasta los 4,18 metros. Sigue en alerta roja —la máxima categoría de riesgo— pero la tendencia es favorable.
En declaraciones a Canal Sur Radio, Bellido ha explicado que este nivel, aunque «aceptable», sigue siendo «altísimo». El objetivo inmediato es que se confirme la bajada definitiva para que las últimas 135 familias desalojadas puedan regresar a sus hogares. Este domingo ya lo hicieron los vecinos de otras 724 viviendas, lo que supone que unas 1.200 personas han recuperado la normalidad.
La zona más castigada es la del aeropuerto. Allí persisten las mayores dificultades: decenas de casas permanecen desalojadas y junto a la pista se ha formado una enorme balsa de agua que complica la infraestructura. Son «familias que todavía están viviendo un drama», ha reconocido el regidor, porque detrás de las cifras del río hay historias personales de angustia y pérdida. Aproximadamente 250 personas aguardan aún poder volver, mientras que 15 permanecen en el albergue juvenil atendidas de forma individualizada gracias a la colaboración de la Junta de Andalucía.
La recuperación avanza también en otros frentes. Este lunes han abierto todos los colegios de la ciudad, incluso los dos ubicados en las zonas más afectadas por las inundaciones. Bellido ha destacado que esta medida no solo restablece la actividad educativa, sino que supone «un apoyo a las familias» que intentan recomponer su día a día.
No obstante, el alcalde ha advertido que queda mucho trabajo por delante. La fase aguda de la emergencia toca a su fin, pero ahora comienza la reconstrucción: limpieza de lodos, reparación de infraestructuras dañadas y apoyo social sostenido para los afectados. «Ya estamos en una fase intermedia», ha señalado, que debe conducir «a retomar la normalidad a través de planes de recuperación». La ciudad empieza a levantarse, pero las secuelas del agua tardarán en desaparecer del todo.
Publicación posterior

