El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, ha anunciado un plan de acción para paliar los efectos del grave temporal que ha azotado a la provincia en las últimas semanas. Tras una primera fase de auxilio inmediato, la Iglesia diocesana se prepara ahora para una etapa de reconstrucción centrada en complementar las ayudas públicas, poniendo especial atención en aquellas familias y colectivos donde la respuesta institucional sea insuficiente o demasiado lenta.
En su carta semanal, el prelado ha descrito un panorama desolador tras el paso de las borrascas. Según Fernández, el agua no solo ha dañado infraestructuras, sino que ha truncado proyectos de vida, afectando severamente a viviendas, carreteras y explotaciones agrícolas. En el sector del campo, uno de los motores económicos de la región, las pérdidas en las cosechas son ya una realidad preocupante.
Un compromiso más allá de la oración
El obispo ha querido destacar que, aunque la comunidad cristiana ha mantenido una actitud de oración ante la catástrofe, la fe debe ir acompañada de un compromiso tangible. Durante los días más críticos de la emergencia, la Diócesis ya ha colaborado activamente ofreciendo alojamiento, alimentos y abrigo a los damnificados.
No obstante, Fernández ha reconocido la labor fundamental de los servicios de emergencia. Ha expresado su agradecimiento público a la Cruz Roja, Protección Civil y a las autoridades municipales, quienes, en sus palabras, han sido los encargados de proporcionar los auxilios necesarios durante el pico de la crisis.
El diagnóstico de la «post-emergencia»
El foco de la Iglesia se desplaza ahora hacia el escenario posterior a la catástrofe. «Nos preocupa el después de la emergencia», ha señalado el obispo. Para ello, la Diócesis ya ha comenzado a elaborar un diagnóstico propio mediante visitas directas a las familias afectadas. El objetivo es identificar necesidades que aún no han sido cubiertas y localizar a personas en situación de especial vulnerabilidad.
Para optimizar estos recursos y evitar la duplicidad de ayudas (que dos instituciones entreguen el mismo recurso a una persona mientras otra no recibe nada), la Iglesia coordinará sus acciones con los Servicios Sociales municipales. En este contexto, el obispo ha subrayado el papel subsidiario de la Diócesis, un concepto que se refiere a intervenir como apoyo secundario allí donde la Administración principal no logra cubrir todas las carencias.
Asesoramiento técnico y apoyo administrativo
Además de la ayuda material, la Diócesis ofrecerá un servicio de acompañamiento técnico. Muchos de los afectados se enfrentan ahora a una burocracia compleja para reclamar compensaciones. Por ello, la Iglesia facilitará:
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Asesoramiento para la tramitación de seguros.
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Ayuda en la redacción de informes de daños.
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Gestión para el acceso a ayudas institucionales vigentes.
Alerta por la situación de los temporeros
Uno de los puntos más críticos de la misiva episcopal ha sido la mención a los trabajadores inmigrantes del campo. Debido a las lluvias constantes, los temporeros llevan semanas sin poder trabajar, lo que les ha dejado sin ingresos para cubrir necesidades básicas como el alquiler, los suministros de luz y agua, o la alimentación.
Fernández ha hecho un llamamiento a la conciencia ciudadana para evitar cualquier tipo de injusticia o explotación laboral derivada de esta precariedad. Además, ha recordado que la colecta que realizará Cáritas será fundamental para ofrecer apoyo económico, moral y jurídico a este colectivo, el cual considera que está sufriendo las consecuencias más crudas del temporal.
Finalmente, el obispo ha instado a las autoridades competentes a vigilar que no se produzcan abusos que atenten contra la dignidad de las personas en esta situación de vulnerabilidad, agradeciendo de antemano la solidaridad de todos los cordobeses.
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