El talento malagueño ha llegado hasta las dunas del Sáhara. En esta expedición, organizada por la Universidad de Chicago, ha participado la UMA, con Alejandro Granados a la cabeza de la investigación. Se trata de un hallazgo muy significativo; un espinosaurio completamente nuevo en la zona de Jengevi. La peculiaridad de esta especie es su cresta que según Granados «estaba viva», además de cubierta de queratina y colores brillantes.
La expedición en el desierto enfrentó importantes desafíos logísticos y militares. La gran envergadura del proyecto reunió a personal de apoyo, guías y escolta militar para visitar la zona. Su trascendencia supera los límites nacionales ya que según Granados, se trata de «un género y un animal completamente nuevo, que no se conocía previamente».
La pieza clave
Las piezas más determinantes para la identificación del nuevo carnívoro fueron la maxila. «Contenía orificios para los dientes, y algunos dientes sueltos», ha agregado el investigador. Sin embargo, aunque esta permitió abrir una línea en el proyecto, no es la pieza más trascendental.
La pieza más característica fue un elemento que forma parte del cuerno o cresta craneal de la especie. «Al principio no lo identificamos, sin embargo nos dimos cuenta que este espinosaurio presentaba una cresta prominente hacia arriba», ha añadido. Junto con los dientes hallados, el equipo pudo confirmar firmemente de que se trataba de un espinosaurio.
El brillo de la cresta
Mediante un largo proceso de laboratorio lograron conocer que la cresta estaba cubierta de queratina y de colores brillantes. «Se incluyeron pruebas TAC similares a las usadas en hospitales», ha explicado. Estos avances mostraron una «gran irrigación sanguínea en dicha cresta». Esto indica que esa parte del cráneo estaba «viva», a diferencia de algunas estructuras óseas externas, lo que sugiere una «estructura dinámica».
La función de esa cresta no se conoce todavía en profundidad, aunque ya han hallado tres piezas. «En la expedición de 2022 se encontraron otras dos crestas además de una recuperada en 2019, que en su momento no se identificó correctamente, sumando un total de tres crestas encontradas de diferentes individuos».
Las diferencias entre cada cresta es clave para la investigación, ya que raramente son similares. «Se ha observado que algunas crestas son más gruesas y otras más finas, lo que se maneja como una posible indicación de dimorfismo sexual», ha agregado Granados.
Una experiencia intensa y memorable
El Sáhara les regaló una experiencia inolvidable. «La zona de exploración se encontraba aislada de la población», ha relatado Granados, el cual recuerda como solo veía arena amarilla hasta donde alcanzaba la vista. «Viajar en el Land Rover implicaba moverse por dunas», ha agregado.
En cuanto a los futuros proyectos en la zona, según Granados existe un «gran potencial» para futuros hallazgos, aunque la arena dificulta la mayoría de yacimientos fósiles. En cuanto al papel de la UMA, esta jugó un rol fundamental al proporcionarle la oportunidad de realizar su tesis doctoral en el Sáhara.
«La UMA me facilitó un permiso para aparcar temporalmente la tesis y participar en la expedición, con el entendimiento de que requeriría un esfuerzo mayor a su regreso», ha comentado Granados. El proyecto contó con la participación de varias instituciones, incluyendo la Universidad de Chicago y otras universidades españolas, y se trata de un hallazgo único y con una trascendencia internacional.
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