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Emoción, bronces y abrazos en la vuelta a casa de Ana Alonso

Tienen los aeropuertos un componente emotivo, escenario de tantos reencuentros como despedidas, pero el Federico García Lorca estaba envuelto este martes por un halo todavía más especial. En el interior, todo era como siempre: nervios junto a la puerta de las llegadas, emoción a flor de piel… Aunque, a todas luces, era distinto. Los corrillos, plagados de sonrisas, no hacían más que asomarse para intentar ver a través del metacrilato cuándo desembarcaban los pasajeros del primer vuelo de la mañana procedente de Barcelona. Buscaban que a la deportista de invierno más laureada de la historia de España; buscaban a Ana Alonso en su regreso a Granada.

Apenas enfiló el pasillo de los aterrizajes, despegó el confeti, silenciado por una muchedumbre exultante. Le esperaba un ramo de flores, globos, un arco compuesto por esquís, su amiga y también esquiadora María Ordóñez… Ni el perro se lo quiso perder. «Sí, sí, sí, Anita ya está aquí», coreaba su círculo más próximo, equipado con petos de competición del ‘team Anita’. Y relució el metal.

Ana Alonso engrandece su gesta olímpica: bronce con Oriol Cardona en relevos mixtos

«Sabía que iba a tener un gran recibimiento, pero no esperaba tantísimo. Eso es el mayor regalo que me llevo, tener a tantísima gente aquí que me quiere y viene a apoyarme», expuso la esquiadora, con los ojos todavía vidriosos y las dos medallas de bronce colgadas al cuello. A su alrededor, todo eran sonrisas y lágrimas. Y, claro, una nube de micrófonos. Cuando se puso ante ellos, se liberó. «Estoy muy orgullosa de no haberme rendido nunca, de haber creído hasta el final que podía llegar a los juegos y hacerlo competitiva. Feliz de haberlo conseguido y, ahora,. intentar asimilarlo porque todavía no somos conscientes», esbozó una mueca alegre.

«El camino hasta llegar aquí no ha sido nada fácil, pero lo he conseguido. Me acordé mucho de la gente que, por desgracia, no está aquí, pero siempre noto mucho su fuerza. Miraba a la grada y tenía a muchísimas personas queridas», exteriorizó la granadina, visiblemente cansada tras la cancelación de su vuelo la pasada noche, aún además en proceso de comprender el alcance de su gesta olímpica. «Todavía no he sido muy consciente, porque ha sido todo muy rápido. Después de la primera carrera, teníamos otra, y luego ha sido el viaje. No hemos podido todavía poner los pies un poco en tierra», apuntó, para seguidamente revelar su gran plan de celebración: «Yo quiero echarme una buena suelta, dormir bastantes horas que me faltan y ya iremos viendo», dejó escapar una risa.

Orgullo de entrenador

Aislado del bullicio, como si con él no fuera la cosa, su entrenador, Javier Argüelles. Lo que él liberaba no era risa, sino lagrimones, emocionado. «Estoy orgullosísimo de ella y por todo el trabajo que ha hecho. Es durísimo por lo que ha pasado y por cómo nos ha enseñado a todos los que estamos a su alrededor», alabó, antes de asegurarse «un privilegiado por haber vivido tan cerca de ella su camino tan espectacular».

Argüelles fue testigo directo de la doble gesta de Ana Alonso, la deportiva y la personal. «Todavía estamos intentando descubrir cómo lo ha hecho», se encoge el técnico, quien se deshace en elogios ante «la deportista más laureada de los deportes de invierno». «Lo ha hecho con un trabajo increíble en la sombra durante los últimos diez años, pero en los últimos cuatro meses no entraban en los planes de nadie. Era una utopía poder llegar y con opciones. Vernos en casa y con dos medallas es algo surrealista, increíble», intenta salir de su asombro.

No esconde, sin embargo, que las risas de ahora esconden periodos de oscuridad. «Pasamos por altibajos. En procesos tan complicados, hay momentos en los que a lo mejor te apetece tirar la toalla. Hay días muy duros. Supo remontar todos estos días y tirar para adelante», admite. Y todo desembocó en otra larga espera, la que confirmó el doblete olímpico con los relevos mixtos. «No hacía falta ponerle tanta emoción a la historia. Lo pasamos realmente mal. Siempre nos tienen que pasar cosas hasta el último momento. Es el debut olímpico de este deporte y todo era extremadamente bonito y emocionante», afirmó. En sus ojos, el brillo de la emoción; en los de Ana Alonso, el de la ambición de buscar un nuevo reto… tras su siesta reparadora.

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