El director de Movilidad Internacional de la Universidad de Granada (UGR), Simón Suárez Cuadros, se encuentra atrapado en Doha, en Catar, tras el cierre del espacio aéreo por la guerra en Irán. El profesor está en contacto con la embajada a la espera de una «solución» para salir de allí aunque, de momento, se desconoce «cómo va a ser».
Cuadros se ocupa de los casos de emergencia en la Universidad de Granada, atendiendo a los estudiantes o profesores que se encuentran en esta clase de situaciones y el destino ha querido que «esta vez» le toque a él «vivir esto de primera mano».
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El profesor se encuentra en un hotel del norte de Doha al que ha sido evacuado. Allí sigue los acontecimientos con «intranquilidad», según reconoce en un audio remitido por la UGR a los medios de comunicación. Desde su hotel «no se aprecia nada, pero sí suenan las alertas por bombardeo en los teléfonos», en los que se insisten a la gente para que «no salga a la calle».
Cuadros estaba en Hong Kong en una feria de universidades que se celebra anualmente en la zona de Asia-Pacífico y el viernes por la noche voló a Doha «sin problemas». Allí hizo una escala de dos horas antes de coger el vuelo a Madrid, que «despegó sin problemas pero una hora más tarde», cuando sobrevolaban la zona de Bagdad y Kuwait se percató de que estaban dando la vuelta.
«Me extrañó. A los pocos minutos ya el capitán del avión dijo que volvía porque había problemas y demás y que le habían ordenado la vuelta a Doha. Estuvimos como cuatro horas sobrevolando la zona de Doha, dando vueltas. Se veía cómo había tráfico aéreo para aterrizar», cuenta.
Cuadros asegura que, finalmente, lograron aterrizar con normalidad. Nada más hacerlo todos los viajeros empezaron a recibir alertas en sus móviles de bombardeo. Y esto alarmó a un pasaje que hasta ese momento había logrado mantener la calma y que se sumó a las miles de personas que quedaron atrapadas en ese momento en el aeropuerto de Doha, en una situación que, según explica, se tornó «un poco más caótica».
Las compañías les dieron billetes para el día siguiente primeramente, para la misma hora en la que inicialmente tenían su vuelo, y suministraron habitaciones en hoteles hasta que se acabaron. De hecho, él no consiguió ninguna y junto a otras miles de personas estuvo en torno a 30 horas dentro del aeropuerto hasta que fue desalojado el domingo de madrugada. Los afectados que quedaban fueron distribuidos en autobuses a hoteles de la ciudad.
En uno de esos hoteles permanece este lunes el director de Movilidad Internacional de la UGR. Afirma que está bien, «tranquilo dadas las circunstancias». «De vez en cuando suenan alertas en los teléfonos de bombardeos, pero por mi zona, yo estoy en la zona norte de Doha, no se ve nada, parece que está afectando más a la zona sur», señala.
«La situación en la ciudad es más o menos tranquila; no se ve mucha gente por la calle; precisamente las alertas lo que dicen es que la gente no salga a la calle; se ven coches y demás pero poco», añade.
La embajada está al corriente de la situación, según cuenta Cuadros: «De vez en cuando nos mandan mensajes. Ahora, justamente, acabo de rellenar un formulario que nos acaban de mandar. Me imagino que están recopilando datos y estudiando diferentes opciones».
Los afectados esperan a que se les pueda dar una solución; que se abra el espacio aéreo, aunque desconocen cómo se van a desarrollar los acontecimientos. «Estamos siguiendo las noticias con intranquilidad», reconoce.
La Universidad de Granada no tiene constancia de que haya ningún estudiante, investigador o personal técnico, de gestión y de administración y servicio más afectado por el conflicto bélico.
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