El Málaga firmó un empate con sabor amargo ante el Valladolid (3-3) en un partido que parecía tener bajo control y que terminó escapándose tras un giro decisivo en la segunda mitad. El conjunto malaguista llegó a manejar dos ventajas importantes, primero con un 2-0 y después con un 3-1, pero no supo proteger ninguna de las dos rentas y acabó dejando con vida a un rival que encontró el contexto perfecto para crecer hasta igualar el encuentro.
Esta ha sido la expulsión de Víctor García
Dos pataditas a Iván Alejo sin opción a jugar el balónLa acción me genera dudas, Víctor va a darle pero impacta sin una fuerza excesiva ni peligrosa. Roja bastante rigurosa#MálagaCF pic.twitter.com/EhHkZPgBaW
— Joaquin Rivas 122’ (@riivas20) March 7, 2026
El momento que cambió por completo la historia del partido llegó en el minuto 56 con la expulsión de Víctor García. El malaguista vio la roja en una acción sobre el polémico Iván Alejo, una jugada producida en campo propio, sin una situación de peligro real para el Valladolid, y en la que cometió dos patadas a destiempo. Una roja de manual que se convirtió en el gran detonante del choque. Hasta entonces, el Málaga había conseguido sostener el mando del partido y había encontrado la manera de golpear a su rival, pero esa acción marcó un antes y un después, alteró el escenario y dio alas a los visitantes.
La actuación de Víctor estaba siendo brillante
La expulsión resultó todavía más determinante porque Víctor García estaba completando un buen encuentro hasta ese momento, en su regreso al once. Su actuación había dejado señales positivas y había tenido peso en ambas áreas. En ataque, participó en el tercer tanto del Málaga al dar el pase a Chupe, una acción importante dentro de un partido en el que el equipo parecía encaminado hacia la victoria. En defensa, además, había protagonizado una gran salvada bajo palos a remate de Peter Federico, evitando un gol que ya parecía hecho y sosteniendo a los suyos en un momento de apuro.
Sin embargo, todo lo bueno que había ofrecido hasta entonces quedó condicionado por esa expulsión. La roja no solo dejó al Málaga con un jugador menos, sino que cambió el ánimo del partido. El Valladolid encontró ahí el impulso que necesitaba para creer en la remontada, mientras que el conjunto malaguista perdió estabilidad y dejó escapar dos ventajas que parecían suficientes para cerrar el encuentro. Del 2-0 al 3-1, y de ahí al 3-3 final, en una secuencia que dejó una sensación de oportunidad perdida.

