Resulta que, al final, el ‘nueve’ del Granada era Arnaiz. Hacía tiempo que el talaverano se había convertido en el único rojiblanco capaz de sacar punta entre líneas, pero hasta ahora, siempre tras el delantero. Hubo de ponerse como falso ariete, en un bidente con Baba Diocou, para enseñar el colmillo y resolver esta vez en favor del cuadro nazarí, que levantó después la fortaleza para proteger los puntos en Riazor. Pascual, ya en las postrimerías, rugió para derribar lo que quedara de la torre del Dépor, ceniciento. Triunfo sólido del equipo de Pacheta, balsámico, de esos que sanan y, sobre todo, alejan del farolillo rojo.
El técnico burgalés acabó con las dudas arriba de forma salomónica: invención frente a la sequía. No marcaban quienes tenían que hacerlo, así que borró de su ecuación a los delanteros, protagonismo para el taumaturgo Arnaiz. Es, probablemente, el futbolista diferencial en la plantilla rojiblanca, aunque tardó en tomarle el pulso a la campaña. Lo hizo como mediapunta, pero sin el gol, le tocaba inventar nuevos hechizos como ‘falso’ nueve. Ni el ‘Patronus’ de Harry Potter fue tan efectivo.
Para cuando el talaverano exhibió su swing en Riazor, el Granada ya había dado pistas de que preparaba un asalto. No es que sacara a relucir su mejor fútbol, pero sí se vistió con una capa de consistencia, indumentaria que llevaba ya semanas sin presumir. Levantó pilares atrás, con Bambo Diaby como tercer central y Álex Sola como carrilero, y empezó a explorar una grieta en el perfil diestro del Deportivo. Los de casa quisieron dominar y desprenderse de la inestabilidad, pero pronto esquivaron un disparo de Arnaiz con la escopeta de la feria. Lo siguiente fue el gol.
Izan, que a cada jornada adquiere más peso en la administración del fútbol rojiblanco, decidió que convenía templar el juego. Lo llevó a Baïla Diallo y el zaguero descargó para el recuperado Sergio Ruiz, que levantó el periscopio. Oteó el horizonte hasta detectar la sigilosa infiltración de Arnaiz entre los centrales deportivistas. Giró el cuello y acarició el balón con el flequillo, lo necesario para descolocar a Álvaro Fernández.
Lo que se le desencajó al Dépor con el gol fue la mandíbula, sonado por el mamporro. Quisieron los de franjas horizontales aprovecharlo y Trigueros, otra de las novedades en la foto, apareció solo en el área. Descosió el balón, pero el meta coruñés mantuvo firmes las muñecas para que los suyos siguieran coleando. No había apenas rastro del equipo de casa, por más que Stoichkov, obcecado en hincar el diente, persiguiera la venganza. Cazó una en el borde del área, escorado en el control, y le pegó arriba. Álvaro Fernández disolvió después la réplica, que acabó chocando con Arnaiz en otro movimiento sibilino del talaverano.
Solidez rojiblanca
Stoichkov apretaba el gatillo y Eddahchouri le pegaba con inquina, pero no había un atisbo de debilidad en la muralla granadinista. Y cuando alguien osaba a colarse, Luca escupía sin titubeos. Así, hasta la parada de avituallamiento, que sentó mejor a los gallegos. Mario Soriano empezó a mover la batuta en busca de la nota que cambiara la partitura, pero los de Antonio Hidalgo no afinaban. Altimira recibió en el balcón del área tras una larga combinación y prendió la mecha del cañón, demasiado cruzado el golpeo.
Aun con ello, el conjunto rojiblanco seguía sin sufrir. Incluso, se las ingeniaba para soltarse en alguna aventura. Baba Diocou, más listo que nadie, aprovechó una siesta de la zaga para quedarse solo ante el arquero, elástico Álvaro Fernández para palmear la vaselina. El técnico deportivista activaba el carrusel de relevos, pero ninguno llegaba con la pócima mágica. Pacheta apenas ajustaba, con Hormigo, Pascual y Oscar Naasei de una tacada. El almeriense sí llevaba el tarro de las esencias y terminó por destaparlo.
Ya se jugaba poco, pero Pascual hizo bueno un envío con poco cálculo de Loïc Williams. Chocó con Arnau Comas y Trigueros, bien situado a la caída, capturó el rebote. Habilitó de inmediato al punta, que, en el mano a mano, inyectó morfina al crono. Definió y celebró con pasos de león, casi como si fuera un therian.
Muñiz Muñoz estiró el duelo diez minutos más, pero no había quien hiciera dudar a los granadinistas. Centró Escudero, exrojiblanco, y Mulattieri cabeceó como mandan los cánones, potente el salto de Luca para repeler el peligro, aunque era fuera de juego. No hubo mucho más en lo que se consumía el alargue. Solo la facturación de tres puntos que dan vida al Granada. Era importante dar el salto para no meterse en problemas. Ahora, le toca seguir alejando los apuros.
Ficha técnica:
Deportivo de La Coruña: Álvaro Fernández; Altimira, Arnau Comas, Loureiro, Quagliata (Nsongo, 57’); Riki Rodríguez, José Ángel (Charlie Patiño, 46’), Mario Soriano; David Mella (Escudero, 63’), Stoichkov (Mulattieri, 73’) y Eddahchouri (Luismi Cruz, 57’).
Granada CF: Luca Zidane; Álex Sola, Bambo Diaby (Oscar Naasei, 65’), Manu Lama, Loïc Williams, Baïla Diallo (Pablo Sáenz, 80’); Sergio Ruiz (Jorge Pascual, 65’), Izan González, Manu Trigueros; Baba Diocou (Sergio Rodelas, 80’) y José Arnaiz (Diego Hormigo, 65’).
Goles: 0-1: José Arnaiz, min. 18; 0-2: Jorge Pascual, min. 84.
Árbitro: Carlos Muñiz Muñoz, del comité aragonés.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 29ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio de Riazor ante 19.854 espectadores.

