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De los tinglaos a la ciudad de las Casas Hermandad

La identidad de la Semana Santa de Málaga ha experimentado un cambio radical en las últimas décadas. Lo que comenzó como una necesidad logística para proteger el patrimonio se ha convertido en el eje vertebral de la vida social y cultural de la ciudad. Hoy, la imagen de un trono es inseparable del edificio que lo custodia el resto del año: la Casa Hermandad.

Este fenómeno arquitectónico y social tiene un punto de partida claro: el 4 de febrero de 1968. Ese día se bendijo en el barrio del Perchel la sede de la Archicofradía de la Expiración, la primera Casa Hermandad-Museo de la ciudad. Diseñada por el arquitecto Enrique Atencia, esta edificación rompió con siglos de precariedad y marcó el inicio de una nueva era.

Del «tinglao» a la arquitectura permanente

Hasta mediados del siglo XX, la realidad de las cofradías era muy distinta. La mayoría carecía de un lugar propio y dependía de los llamados «tinglaos». Estos eran estructuras efímeras de madera y lona que se montaban anualmente en la calle apenas unas semanas antes de la procesión. Eran espacios funcionales pero vulnerables, utilizados para el montaje de los tronos y el resguardo de los enseres (el conjunto de objetos de valor artístico, como túnicas, estandartes o piezas de orfebrería).

La necesidad de sedes estables se volvió urgente tras la pérdida de patrimonio sufrida en 1931 y durante la Guerra Civil. Las hermandades, que se vieron obligadas a reconstruir su identidad desde cero, entendieron que la piedra y el ladrillo eran fundamentales para garantizar su supervivencia y crecimiento.

Un símbolo de madurez cofrade

A partir de los años ochenta y noventa, la construcción de sedes se convirtió en una tendencia imparable. Hermandades históricas como Paso y Esperanza, Paloma o la Sangre levantaron sus propios edificios. En este periodo, poseer una Casa Hermandad pasó a ser un símbolo de madurez: ya no se trataba solo de un almacén, sino de un lugar para hacer vida los doce meses del año.

El siglo XXI trajo consigo una segunda oleada marcada por la renovación urbana. Un caso emblemático es el de la Sagrada Cena, que en 2003 inició el traslado desde su antigua capilla ferroviaria a una moderna sede en la calle Compañía, inaugurada oficialmente en 2006. Cofradías como Estudiantes y Sepulcro construyeron sus Casas Hermandades en calle Alcazabilla, dinamizando el entorno urbano al igual que Viñeros en la Plaza de las Biedmas, Calvario y Amor en Fernando el Católico por poner algunos casos.

Centros culturales y de barrio

La evolución no se limitó al centro. En distritos como Nueva Málaga, la hermandad de Nueva Esperanza pasó de utilizar locales prestados y tinglaos improvisados a proyectar su propia sede en terrenos cedidos por el Ayuntamiento.

Hoy en día, estos edificios funcionan como auténticos centros culturales. En su interior no solo se guardan tronos; se gestionan archivos históricos, se organizan talleres de bordado u orfebrería, y se coordinan importantes campañas de caridad. Son, en esencia, el corazón palpitante de los barrios malagueños.

El proceso sigue en expansión. Mientras la pionera Expiración ya planea ampliar sus instalaciones, la Cofradía del Cautivo ha recibido estos últimos meses el impulso definitivo para construir su nueva casa en la plaza de San Pablo. Medio siglo después de aquel primer edificio en el Perchel, la Semana Santa de Málaga ya no solo se vive en las calles durante ocho días; se respira todo el año de puerta a puerta, entre los muros de sus Casas Hermandad.

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