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José Antonio Rodríguez: «Echarte a la Macarena en el pecho es sentir el peso de su devoción»

Una semana antes de subirse al atril del Teatro de la Maestranza para pregonar la Semana Santa de Sevilla, José Antonio Rodríguez nos recibe en su casa para repasar, entre recuerdos y emociones, el camino que le ha llevado hasta uno de los momentos más esperados de su vida. El pregonero habla con naturalidad de devoción, familia, costaleros y nervios, mientras revive algunas de las experiencias que han marcado estos meses previos al pregón. La entrevista completa se podrá disfrutar este viernes 20 de marzo a partir de las 20.30 horas en 101TV.

El peso de la Macarena

Uno de los recuerdos más impactantes de estos meses está ligado a uno de los rituales más íntimos que vive cada pregonero: portar en sus brazos a la Esperanza Macarena antes del besamanos. Rodríguez describe ese momento como una experiencia difícil de explicar con palabras. “No es nada parecido a lo que tú puedas imaginar y esto no es un verso gratuito ni una poesía, es verdad, es un sentimiento muy especial”, afirma.

El pregonero relata cómo le indicaron la forma de sostener a la Virgen mientras descendía del camarín: “Con esta mano rodéala por la cintura, te la echas en el pecho y con esta se la pones en la espalda”. Entonces llegó la sensación que aún recuerda con escalofríos: “Es una sensación muy extraña echarte la Macarena en el pecho con todo el peso. Tú eres consciente de que llevas un peso de la devoción de mucha gente”.

Durante el traslado apenas se atrevía a mirarla. “Yo estaba nervioso perdido”, confiesa. Cuando finalmente levantó la vista, la tenía tan cerca que ni siquiera podía enfocar su rostro. “Cuando giro me encuentro que la mejilla de la Macarena está al lado de la mía, fue un escalofrío que tardó tiempo en que se me quitara”.

Un camino entre cofrades

Desde su designación el pasado 3 de octubre, José Antonio Rodríguez ha vivido meses intensos, repletos de encuentros con hermandades, tertulias y cofrades que han querido compartir con él este tiempo previo al pregón. “Ha sido un camino precioso”, insiste. Aunque reconoce que también ha tenido momentos de cansancio: “En algunos momentos tengo que reconocer que ha sido agotador, pero yo quería vivirlo todo”.

“Mucha gente joven me contactaba por Instagram. Me decían: ‘Tenemos un grupo de amigos que se reúne y nos gustaría tomar una cerveza contigo’. Y yo decía: ‘Claro que voy’”. Ese contacto directo le ha permitido vivir escenas muy íntimas en distintas hermandades. Entre ellas, una que recuerda con especial emoción: “En la Amargura, antes del quinario, prácticamente desnudaron al Señor delante mía para que yo viera cómo lo cambiaban”. Precisamente, estos momentos han ido llenando su casa de recuerdos y regalos.

La Misión de la Esperanza

Si hay un acontecimiento que ha marcado su pregón, ese ha sido la misión evangelizadora de la Esperanza de Triana en el Polígono Sur. La coincidencia entre su nombramiento y el inicio de esta salida extraordinaria dejó una huella profunda en el pregonero. “El pregón es un regalo de la Esperanza”, afirma con rotundidad.

La coincidencia fue casi inmediata: “El hecho de que te nombre el Consejo pregonero y a las dos horas esté la Virgen en la calle comenzando su misión a mí me ha determinado”. Hasta tal punto que cambió los planes que José Antonio Rodríguez escogió la marcha ‘La Misión de la Esperanza’ de Rubén Jordán Flores  para ser interpretada en el Maestranza.

El momento que vivió acompañando a la Virgen con una vara de la hermandad permanece entre sus recuerdos más felices. “Era un momento de tal felicidad y de tal plenitud”, recuerda. Para Rodríguez, la hermandad vivió su nombramiento como algo propio: “La hermandad se ha tomado el nombramiento como algo suyo, porque el principio y el fin de mi vida es la Esperanza de Triana”.

Costalero del Tres Caídas de Triana

Además de pregonero, José Antonio Rodríguez es costalero del Cristo de las Tres Caídas desde hace una década. Una circunstancia poco habitual para quien pronunciará el pregón de la Semana Santa. Sin embargo, advierte que su experiencia bajo las trabajaderas no será el eje de su discurso. “El costal creo que no va a determinar tanto el pregón”.

Sus compañeros esperan verse reflejados en sus palabras, pero Rodríguez anticipa una sorpresa: “Todos me dicen: ‘Nombrarás a la séptima’, porque yo voy en la séptima trabajadera”. Pero la inspiración ha ido por otro camino: “Lo que me ha salido en el pregón del Cristo es algo tremendamente profundo, que tiene una conexión vital a lo más profundo de mi ser”.

Una relación íntima con la imagen que trasciende el espectáculo que rodea a los pasos. “No tiene casi nada que ver con los costaleros ni con la música. Es un diálogo muy profundo con el Cristo”. En ese diálogo interior aparece una dimensión más personal de su fe. Para Rodríguez, cada devoto establece su propia relación con las imágenes. “Las emociones son universales”, reflexiona. “Lo que yo siento por el Cristo de las Tres Caídas puede ser lo mismo que siente otra persona por la imagen de su pueblo”.

En su caso, la relación con el Cristo es un refugio íntimo. “Busco en él refugio, serenidad, consuelo, complicidad”. Incluso diferencia la forma en que vive su devoción a cada imagen. “Con la Esperanza comparto más mi alegría, mi entusiasmo y mi felicidad”. Pero cuando llegan los momentos difíciles, tiene claro a quién acudir: “Con el que voy con los mazazos, con los problemas, es el Cristo de las Tres Caídas”.

Su familia, el pilar de su vida

“La familia para mí es el pilar que sostiene mi vida”, afirma emocionado José Antonio. “Nosotros somos una piña que nos reunimos mucho, que celebramos mucho el estar juntos” y en los momentos difíciles, dice, siempre ha encontrado refugio en ellos: “Cuando los he necesitado, desde todos los puntos de vista, de dinero, de salud o de hambre, mi familia ha sido ese sitio donde me he sentido apoyado”.

Pero hay algo que le emociona especialmente de este pregón: que sus padres podrán vivirlo conscientemente. “Normalmente cuando te nombran pregonero tus padres ya no están o no pueden disfrutarlo”, reflexiona Rodríguez y precisamente por ello, lo considera un regalo: “Yo he tenido la suerte de que mis dos padres estarán sentados ahí disfrutando. Eso no tiene precio”.

Frente al atril

A pocos días del pregón, Rodríguez reconoce que el atril del Teatro de la Maestranza le impone respeto. “Ese atril da mucho respeto por lo que se dice allí y por la cantidad de gente que lo ha abrazado”. Para él, ese elemento se convierte casi en un refugio frente a los nervios. “El atril es una especie de muro de defensa que tú te creas contra el miedo”.

“Ahora estoy súper tranquilo, pero sé que cuando tenga que echar a andar hacia el atril eso va a ser tremendo”, confiesa Rodríguez, confiado en que todo cambie con el primer aplauso del público. Entonces llegará lo que realmente desea: disfrutar. “Quiero que el momento de dar el pregón sea un momento de mucha felicidad mía y de las personas que lo escuchan”, afirma con rotundidad.

Ser uno mismo

José Antonio Rodríguez resume la clave que ha guiado la escritura de su pregón en la idea de ser él mismo en el atril. El pregonero admite que al principio tuvo dudas sobre el tono que debía adoptar e incluso empezó con muchos complejos, queriendo parecerse a gente a la que admira, pero pronto comprendió que ese no era el camino. Entonces decidió empezar de nuevo con una premisa clara: “Sé tú mismo y así no vas a engañar a nadie”. Esa autenticidad, espera, será la que guíe sus palabras cuando Sevilla escuche su pregón de la Semana Santa.

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