El retablo casi se esconde, tímido, a un lado de Nuestra Señora del Rosario Coronada. Protegido, en su coqueto aposento, anexo al propio camarín de la Virgen. Como si no fuera toda una joya del barroco andaluz. Le rodea el testimonio de siglos de historia, que no disimula sus arrugas, desgastados los muros en que se envuelve la obra. Y lo cierto es que, en las distancias cortas, también ella deja ver las marcas del tiempo en su rostro. Pero será por poco tiempo. Granada, de la mano de la World Monuments Fund (WMF) le aplicará un plan de rejuvenecimiento a ‘La Batalla de Lepanto’, una restauración profunda que permitirá que el lienzo de Domingo Chavarino vuelva a sobrecoger como lo hizo cuando el artista le dio la última pincelada, en 1733.
No es, en realidad, casualidad que el retablo repose junto a la copatrona de Granada. Nuestra Señora del Rosario, que ahora descansa en el crucero del convento de Santo Domingo, fue testigo directo de cuanto recoge el lienzo. Vio las más de 500 naves que batallaban en el mar, los casi 50.000 hombres que ponían su vida en juego, la victoria cristiana en lo que el Papa dominico pedía a los creyentes que se encomendaran precisamente a la Virgen. La había cargado Álvaro Bazán en una de las embarcaciones, y ahora es vigía de la obra que representa con detalle lo que sucedió.
Se trata de una pintura monumental de gran riqueza narrativa, que relata en sus líneas la representación histórica de ‘La Batalla de Lepanto’, aunque en este momento se encuentra en un estado de conservación delicado. La oxidación de los barnices ha contribuido a la pérdida cromática y el deterioro del soporte, lo que precisa una intervención. La operación, no obstante, es por ello compleja. La obra, si se cumplen los plazos estimados, permanecerá en el quirófano hasta el próximo mes de octubre, de modo que coincide también con la conmemoración del V centenario de la muerte de Álvaro Bazán, almirante nacido en Granada, figura clave en la historia naval española y protagonista de la contienda representada en el retablo.
Rehabilitación de San Miguel Bajo
La actuación se enmarca dentro de una estrategia fruto de esta colaboración público-privada, que comprende la inversión por parte de la fundación de 40.000 euros en la restauración de dos elementos patrimoniales granadinos. Uno es el lienzo de ‘La Batalla de Lepanto’, considerado una de las grandes maravillas que se conservan del barroco en Andalucía. El otro lo constituyen las portadas de la albaicinera iglesia de San Miguel Bajo, especialmente deterioradas. El conjunto monumental, vinculado al trailer de Diego de Siloé, entremezcla el arte gótico con lo mudéjar y el propio Renacimiento, convertido ya en uno de los emplazamientos más representativos del barrio granadino.
«El camarín es una maravilla del barroco como hay pocas en el mundo. Es una joya que se desconoce», ha expuesto el director ejecutivo en España de la WMF, Pablo Longoria. «Entre esta larga lista de monumentos que necesitan ayuda, esto y que los granadinos puedan ponerlo en valor, forma parte de nuestras prioridades», ha subrayado, antes de expresar que el «deseo» de la fundación «es seguir apoyando a Granada». Porque de fondo, permanece el marco de la candidatura de la ciudad a la Capitalidad Europea de la Cultura.
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«Tenemos que seguir aprovechando la oportunidad para recuperar y sumar patrimonio», ha incidido la alcaldesa, Marifrán Carazo. «Juega un papel esencial en una ciudad como la nuestra, en el programa, en el Bid Book de la candidatura, con la Alhambra como centro pero también con el patrimonio de la ciudad», ha apostillado. El retablo, entretanto, contemplaba desde la altura. Es su preoperatorio, el preludio de su gran puesta a punto.

