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La línea de AVE Madrid-Málaga pierde la mitad de servicios con la ruta alternativa: 14 trenes al día

El derrumbe en la línea de alta velocidad entre Málaga y Córdoba ha abierto varios problemas que van más allá de la reparación de la infraestructura. La verdadera dimensión de la incidencia se mide también en la drástica reducción de servicios ferroviarios en uno de los ejes de movilidad más relevantes de Andalucía e incluso de España. Desde el pasado 18 de febrero, Renfe mantiene un plan alternativo para sostener la conexión, pero la oferta actual queda muy lejos de la normalidad previa al corte.

En estos momentos, el dispositivo especial contempla 14 servicios diarios, siete por sentido. Antes de la incidencia, la línea absorbía entre 25 y 30 trenes al día. La comparación revela con claridad el alcance del impacto: la capacidad operativa prácticamente se ha reducido a la mitad en un corredor estratégico tanto para los desplazamientos cotidianos como para el tráfico turístico y de negocios.

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Fechas de alta movilidad

Esa pérdida de frecuencias no es un dato menor. Supone, en la práctica, menos plazas disponibles, menos flexibilidad horaria para los viajeros y una red mucho más vulnerable ante cualquier pico de demanda. También obliga a concentrar a más usuarios en menos opciones, lo que tensiona la operativa y reduce el margen de respuesta del sistema en fechas de alta movilidad, como lo es Semana Santa.

El plan alternativo diseñado por Renfe permite mantener el enlace entre Málaga y el resto del corredor, pero lo hace a costa de una movilidad claramente degradada. El esquema combina trayectos en alta velocidad hasta Antequera con transbordos por carretera hasta Málaga, una fórmula que evita el aislamiento ferroviario de la capital pero introduce más tiempo de viaje, más incomodidad y una experiencia menos competitiva frente al escenario habitual.

La situación adquiere además una especial relevancia por el momento en que se produce. A pocas semanas de la Semana Santa, uno de los periodos de mayor presión sobre las comunicaciones en la provincia, la reducción de trenes limita de forma notable la capacidad de absorber el incremento de viajeros. No se trata solo de una incidencia técnica: es una restricción directa sobre la oferta de transporte en una fase clave para el turismo, la hostelería y la actividad económica malagueña.

Con las obras previstas, al menos, hasta finales de abril, Málaga afronta varias semanas con un servicio ferroviario recortado en un corredor esencial. Y ese es hoy el principal efecto del derrumbe: no solo una infraestructura dañada, sino una conectividad disminuida en un momento especialmente sensible. Hasta ahora, la Junta de Andalucía ha cifrado las pérdidas económicas en 300 millones, aunque tras la postergación de las obras, todo apunta a que esta cifra podría dispararse. Todo dependerá de lo que tarde en restablecerse la normalidad.

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