El Teatro Cervantes vivió anoche una antesala perfecta de la Semana Santa. En plena recta final de la Cuaresma y con los traslados casi saliendo a las calles, Cantores de Híspalis presentaron en Málaga su espectáculo ‘Credo’, una propuesta que trasciende el formato tradicional de concierto para convertirse en una experiencia escénica donde confluyen música, narrativa y simbolismo cofrade.
La cita llegaba en un momento especialmente significativo para el grupo, que celebra este 2026 medio siglo de trayectoria. Un aniversario que coincide, además, con la reciente concesión de la Medalla de Andalucía de las Artes, reconocimiento a una carrera profundamente ligada a la identidad cultural andaluza. El respaldo del público malagueño fue total: aforo completo y una atmósfera de expectación desde antes de levantarse el telón que se fue incrementando con cada interpretación. Una comunión perfecta que se mantiene desde hace 50 años.
La puesta en escena marcó desde el inicio el tono del espectáculo. A través de juegos de luces y proyecciones, el escenario se transformó en un espacio evocador que remitía a la estética de los templos, a la calle, y a la imaginería de la Semana Santa. El resultado fue una ambientación envolvente que invitaba a introducirse de lleno en el espectáculo.
El desarrollo del montaje se apoyó en la intervención del periodista sevillano Enrique Casellas, cuya voz sirvió de hilo conductor entre las distintas piezas con ese don especial que tiene para pregonar. Su narración, cargada de matices, introdujo cada bloque musical y aportó coherencia al discurso escénico. Tras una primera declamación inspirada en el ‘Credo’, llegó una de las interpretaciones más intensas de la noche, que fijó el carácter solemne del espectáculo.
A partir de ahí, la función avanzó alternando música, palabra e imagen. Hubo espacio para la emoción contenida, el recuerdo y la reflexión. Temas como ‘Jesús, la luz del mundo” se recibieron con respeto absoluto antes de desembocar en un aplauso prolongado.
Uno de los momentos más especiales llegó con la intervención de Juani, miembro de la formación, que se dirigió al público visiblemente emocionado para compartir el significado de estos cincuenta años de historia. Sus palabras provocaron una reacción inmediata en el patio de butacas, que respondió con una ovación cerrada.
Crece la intensidad del espectáculo
El espectáculo fue creciendo en intensidad con una estructura cercana a lo teatral. Entre los momentos destacados, la aparición de componentes de la Banda de Cornetas y Tambores de las Tres Caídas, con Julio Vera a la cabeza, aportó fuerza y sentimiento, mientras que las apariciones de la cantante Natalia Calceteiro, con una voz privilegiada, añadiendo un matiz diferente en piezas adaptadas para la ocasión, como ‘En los brazos de María’ que canta a dúo con su padre.
La sucesión de temas fue dibujando un recorrido emocional que conectó con el público de principio a fin. Interpretaciones como ‘Yo soy Cristo’, ‘Silencio’ o ‘El puente te está esperando’ reforzaron esa conexión, apoyadas por un cuidado trabajo visual con imágenes cofrades y recreaciones simbólicas.
En el tramo final, la intensidad alcanzó su punto más alto con ‘Saeta’, que arrancó al público de sus asientos en una de las mayores ovaciones de la noche. Poco después, ‘Padre Nuestro’ evocó uno de los momentos más reconocibles del imaginario cofrade antes del desenlace.
El cierre llegó con ‘Salve al Redentor’, poniendo broche a una velada marcada por la emoción y el simbolismo. «En nuestro nombre pone Híspalis pero perfectamente podría poner Málaga, porque esta es nuestra segunda casa» proclamaba Diego Benjumea con el público en pie.
La interpretación final, acompañada por los acordes de la Marcha Real, dejó en el ambiente la sensación de haber asistido a algo más que un espectáculo: una propuesta artística en la que tradición, fe y música se entrelazaron durante cerca de dos horas ante un público completamente entregado.

