Determinó Einstein que el tiempo es relativo y valen cinco minutos para demostrarlo. Fugaces, apenas un suspiro, para algunos; toda una eternidad, en según qué contextos. Suficientes, en cualquier caso, para echar tres puntos en el autobús de vuelta a Granada desde Zubieta. El conjunto rojiblanco ganó con prisa al filial de la Real Sociedad, en apenas lo que dura un tráiler. Se adelantó Petit en poco más de 50 segundos, con una parábola maravillosa que fue a parar a la escuadra y que le sirvió para opositar a recuperar la titularidad. Le acompañó Manu Lama, poderoso en un córner. Lo demás fue pura contención y control, con cameos cruciales de Luca Zidane. La sonrisa vuelve al rostro granadinista, lejos el descenso. Paso importante para una primavera tranquila.
La trama del encuentro avanzó a la velocidad de la luz, como si los guionistas llegaran tarde a terminar la película. Apenas hubieron de pasar cinco minutos para que todo quedara resuelto, con ‘Golazo’ Petit en el papel de ese amigo que, despiadado, hace spoiler sin miramientos. Y, claro, Manu Lama, una vez destripado el duelo, no hizo más que abundar en los detalles. No dieron tiempo ni a que se acabaran las palomitas.
Habría en la grada quien todavía estuviera comprobando el reparto del largometraje cuando a Petit le dio por reivindicarse, en una escena que ni siquiera le tocaba a él. Trigueros levantó el periscopio y detectó la ruptura de Diocou, devuelto a la banda en ausencia de las piezas que habían retocado el esquema. El de Talavera facturó el paquete, pero se interpuso Dadie, que clavó el esférico en el balcón del área. Al delantero del Granada se le afiló el colmillo. Orientó el control y enroscó el disparo a la misma escuadra, inalcanzable hasta para el gadgetobrazo.
No sabían los de Ansotegi ni por dónde les había venido el mamporro, pero les había dejado tendidos sobre la lona. Y en cuanto los de franjas horizontales olieron la sangre que brotaba, atacaron como tiburones. La mítica banda sonora de John Williams empezó a sonar en Zubieta en lo que Trigueros, desde la esquina, marcaba la jugada ensayada. Manu Lama, en el barullo, asomó amenazante la aleta, que cortó el agua hacia el segundo poste. Allí aterrizó el servicio, que el zaguero picó como si tuviera martillo en lugar de testa, mortal la dentellada.
El Granada era pura eficacia y no parecía necesitar mucho más. La camada realista miraba a su depredador con ojos de corderito, casi suplicando clemencia, sin más presencia sobre el césped que el protocolario saludo inicial. Y no es que Pacheta y sus pupilos tuvieran demasiada piedad, sino que asumieron que les bastaba con mantener el control, aun sin demasiada posesión. Tan solo el jovencísimo Dani Díaz, irreverente, pareció tener recursos para rebelarse ante el autoritario planteamiento rojiblanco. Ajustó una falta abajo, elástico Luca Zidane para escupir el peligro, y del zurdazo contagió al resto su entusiasmo.
Plácido segundo acto
Se animó el Sanse por donde galopaba Job Ochieng, en busca de una reacción antes del intermedio, aunque lo de inquietar era ya otra cosa. El keniano capturó una pelota sin dueño en la media luna y golpeó con tanta fuerza como pudo armar su pierna, pero se cruzó Loïc Williams. Los rojiblancos se replegaron e Izan soltó la batuta para arremangarse. Se multiplicó el catalán hasta lograr poner coto a la franja ancha, en lo que sus compañeros empezaban a hacerle ojitos al vestuario. Llegaron a salvo.
Pretendió Pacheta perfundir sangre fresca para evitar el letargo, al campo Pablo Sáenz, y lo cierto es que a la vuelta pareció espabilarse su equipo. Se hizo hueco Álex Sola para soltar un latigazo que buscaba el rinconcito de la meta, ágil Fraga para palmear, y después Izan estuvo cerca de desatascar un jaleo con un golazo. Ganaban yardas los de franjas horizontales, tras una recta final dubitativa en el primer acto, aunque el juego fue concediendo ocasiones al filial txuri-urdin, también refrescado. Mikel Rodríguez sacó el guante y Beitia enganchó el cabezazo, desviado por poco. Luego a Astiazarán le faltaron un par de centímetros de flequillo para alcanzar un centro venenoso de Ochieng.
Saltaron Alcaraz y Alemañ para ajustar al cuadro nazarí, que empezó a fluir con pausa, mientras Rodelas ingresó dispuesto a dinamitar el perfil zurdo. Era el Sanse, sin embargo, quien pasó al ataque, más tiempo de pantalla para Luca. El arquero palmeó primero un zapatazo raso de Gorosabel y, después, respondió con reflejos felinos a un remate a bocajarro. Mariezkurrena lanzó una falta arriba, antes de forzar una arácnida intervención del guardameta a la media vuelta. Para entonces, ya estaba en el campo Rayan Zinebi, que persiguió mojar en su debut, aunque se quedó con las ganas.
No hubo quien llegara a poner en pie a la Real B y el Granada rugió. Nueva victoria; otra vez a domicilio. En esta ocasión, de especial relevancia, esencial para acercar una primavera anodina, siempre que la astenia no cause estragos. Es, de momento, lo máximo a lo que puede aspirar.
Ficha técnica:
Real Sociedad B: Aitor Fraga; Alberto Dadie (Jakes Gorosabel, 82’), Luken Beitia, Kazunari Kita, Unax Agote (Jon Garro, 67’); Carbonell, Ibai Aguirre (Joni Eceizabarrena, 67’); Dani Díaz (Astiazarán, 46’), Mikel Rodríguez (Gorosabel, 77’), Job Ochieng; y Mariezkurrena.
Granada CF: Luca Zidane; Oscar Naasei, Manu Lama, Loïc Williams, Baïla Diallo; Diego Hormigo (Pedro Alemañ, 69’), Izan González (Rubén Alcaraz, 74’), Manu Trigueros; Álex Sola (Sergio Rodelas, 74’), Baba Diocou (Pablo Sáenz, 46’) y Gonzalo Petit (Rayan Zinebi, 81’).
Goles: 0-1: Petit, min. 1; 0-2: Manu Lama, min. 5.
Árbitro: Éder Mallo Fernández, del comité castellanoleonés. Amonestó a los locales Dani Díaz, Dadie, Carbonell, Agote y Gorosabel, así como a los visitantes Diocou, Izan González, Diego Hormigo, Pablo Sáenz y Petit.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 31ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en Zubieta, ante 1.916 espectadores.

