Escribió Nicolás Maquiavelo que «la primera conjetura que se hace de la inteligencia de un príncipe es ver a los hombres que tiene a su alrededor». El ascenso de Carlos Cuerpo no es un mero relevo, sino una declaración política de Sánchez sobre el rumbo de su Gobierno a poco más de un año de las elecciones (tocarían en julio del 2027).
El presidente ha sabido aprovechar las circunstancias. En un momento delicado, con la salida de María Jesús Montero tras ocho años en el Ejecutivo para encabezar la candidatura del PSOE en Andalucía, Sánchez ha convertido una aparente debilidad en una oportunidad para reconfigurar su poder.
La candidatura de Montero se asumía como un mal menor dentro del partido, fruto del compromiso adquirido al disputar la secretaría general del PSOE andaluz. Pese a las bajas expectativas que le otorgan las encuestas, nunca se contempló seriamente una alternativa. Pero la pregunta es otra: ¿y si su salida forma parte de una estrategia más amplia diseñada por Sánchez?
Carlos Cuerpo sustituirá a María Jesús Montero como vicepresidente primero
El movimiento es significativo. Sánchez sustituye una vicepresidenta muy política por un perfil técnico, discreto y sin carné socialista. Félix Bolaños, señalado como relevo natural, se mantiene en su posición, donde ganará peso político y en las negociaciones con los socios del gobierno. Mientras Cuerpo asciende y gana peso en el núcleo del Gobierno, con un su perfil homologable al de un tecnócrata europeo que encajaría incluso en un Ejecutivo de distinto signo político.
Cuerpo, un reconocido perfil técnico, sin carné del PSOE
No es un movimiento improvisado. Cuerpo fue el sherpa de Nadia Calviño en Bruselas cuando esta era ministra de Economía, el técnico que preparaba el terreno en las cumbres europeas y que estuvo al frente de las negociaciones para la reforma de las reglas fiscales de la UE. Con su ascenso, Sánchez no rompe con el modelo Calviño: lo consolida. Coloca en la cúspide del Ejecutivo al hombre que lo construyó desde dentro, con un perfil tan propio para Bruselas que el propio presidente le resumió su mandato en una frase: «Sigue siendo tú mismo.»
El perfil de Cuerpo genera recelos en Ferraz, pero el presidente ha visto en él una suerte de relato político en el que trasladar estabilidad y los buenos datos macroeconómicos en España. Una narrativa de estabilidad que choca frontalmente con su realidad parlamentaria y capacidad legislativa, tras tres años consecutivos sin aprobar los presupuestos y con Junts bloqueando la mayoría de medidas que propone el ejecutivo.
La apuesta tiene, sin embargo, sus límites. Un perfil técnico puede transmitir estabilidad, pero también distancia. Cuerpo no tiene base orgánica en el partido, no arrastra votos propios ni construye territorio. En un ciclo electoral donde la movilización del electorado propio es determinante, apostar por un tecnócrata en el puesto de mayor visibilidad del Gobierno es una jugada que Ferraz observa con escepticismo. La pregunta que se hacen en el partido es si un economista sin carné puede sostener el peso político de una campaña. En otros círculos se cuestiona además que Sánchez no quiera tener un delfín que pueda vislumbrarse como sucesor claro y hacerle sombra en el futuro.
En su toma de posesión, Cuerpo reivindicó sus raíces con una imagen que lo resume todo: su abuelo «tuvo que ponerse a trabajar con 9 años en la mina de wolframio» de Valle de la Serena (Badajoz), y de ahí construyó un relato que él mismo sintetizó en cuatro palabras: «Traemos 14 pesetas. Así, todos los días. Y de ahí vengo yo». De esa historia personal extrajo su tesis política: apostar por «unas instituciones públicas fuertes, un verdadero Estado del Bienestar que haga posible el sueño americano, pero a la española».
Cuerpo reivindicó sus raíces con una imagen que lo resume todo: su abuelo «tuvo que ponerse a trabajar con 9 años en la mina de wolframio» de Valle de la Serena
Sánchez trata de levantar las expectativas socialistas
Con esta estrategia, Sánchez trata de recuperar la imagen de los socialistas, especialmente en el centro político. Reivindica la meritocracia como bandera electoral y trata de recuperar a una clase media cada vez más empobrecida. El apoyo de los trabajadores del sector privado y autónomos está en cuestión, y el presidente sabe que los necesita para revalidar la Moncloa en 2027.
Cuerpo es el único ministro del Gobierno que aprueba entre los españoles, con un 5,27 sobre 10 según el barómetro del CIS de enero de 2026, mientras la mayoría de sus compañeros de gabinete no supera el aprobado. No suele entrar en bronca y es poco cuestionado por el PP. El presidente además golpea a los populares donde más les duele: en política económica, que tratan de hacer diferencial en su discurso.
También es un mensaje directo a Sumar y al desgaste que ya encarna Yolanda Díaz. Su nombramiento ha sido bien recibido en la CEOE y en la empresa española. Cuerpo y su equipo tienen lazos consistentes con las patronales, que ya se han acercado en varias ocasiones a él para intermediar ante determinadas políticas del Ministerio de Trabajo.
Díaz llegó a acusarle de colocarse «del lado de las patronales que incumplen las horas extra», y ahora ve a su némesis ascendido a número dos del Ejecutivo, sin fuerza para evitarlo. A la izquierda, el ‘no a la guerra’ le ha granjeado al presidente apoyo renovado más allá de su electorado natural: según el barómetro de marzo del CIS, el 69,2% de los españoles rechaza la ofensiva contra Irán y el 60,2% respalda su decisión de cerrar las bases militares a Estados Unidos.
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Sánchez ha convertido la salida de Montero en una declaración de intenciones de cara a la supercampaña que ya prepara para las elecciones generales de 2027 o un adelanto interesado durante este año. Se ha quitado de encima a una vicepresidenta desgastada por la gestión con los independentistas y la ha enviado a librar la batalla andaluza mientras rehace su equipo. Con Cuerpo en la vicepresidencia, el presidente construye un relato de solvencia técnica hacia Europa y los mercados, de meritocracia hacia la clase media, y de tranquilidad hacia los ciudadanos.
Este nombramiento es mucho más que un cambio de fichas. Es la enésima demostración de que Sánchez siempre tiene un movimiento más. Nadie puede negarle esa capacidad casi instintiva de hacer de la adversidad, oportunidad. Aunque la pregunta que flota sobre La Moncloa sigue siendo la misma: ¿hasta cuándo?
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