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Pablo Sáenz encarga la salvación del Granada (4-2)

Tiene este Granada una capacidad innata para transitar en apenas un parpadeo por todas las emociones que despierta el fútbol. Era pura apatía frente al Huesca, como si no se tratara de toda una final por la permanencia, pero en un instante viró hacia el entusiasmo. Lo capitaneó Pablo Sáenz, uno de esos futbolistas que encierran un talento desbordante, pero que requieren mucho cariño para untarlo sobre el tapete. Esta vez sintió los pulmones henchidos de confianza y encargó la salvación rojiblanca, con dos goles antes de que Arnaiz, con un flechazo, guardara bajo llave los puntos. El navarro luego asistió, justo cuando el equipo de Oltra parecía despertar. Le dio a los visitantes para volver a maquillar el resultado, pero no para más. Mal se le tiene que dar a los de franjas para que esta no haya sido la última estación de su Vía Crucis. 

No hubo, a decir verdad, ni un poquito de juego hasta que Pablo destapó el tarro de las esencias. Pases al contrario, imprecisiones, nerviosismo… Un esperpento para deleite de los amantes del mal fútbol, como si los del verde anduvieran todavía apesadumbrados en plena digestión, o tal vez adormilados en plena hora de la siesta. Pero es lo que tienen los de Pacheta, que son capaces de saltar de una emoción a otra en cuestión de segundos, como en la película animada. La tristeza dio un paso al lado y la alegría tomó el control en un saque de banda. Fueron solo cinco minutos, sí, pero qué cinco minutos. Puro frenesí, antes de otra inflexión de desgana. Suficiente, en cualquier caso, incluso con la idoneidad esta vez de obtener un margen holgado para evitar sustos postreros.

Todo se desajustó en un saque de banda oscense en terreno enemigo, que Petit protegió y Trigueros condujo al impulso de una corazonada. Acomodó el balón como pudo para sacar la escuadra y el cartabón, arquitecto del pase imposible. Pilló a contrapié a Jordi Martín, que ni siquiera pudo coger el rebufo de Pablo Sáenz, que ya corría con gomas calientes. El navarro pisó el área y pausó el crono, como si tuviera la habilidad de detener el tiempo, contemplativo Pulido en la cobertura. Se orientó hacia su pierna zurda y ajustó con la fuerza suficiente para que el manoteo de Dani Jiménez fuera inútil. Se deslizó en un grito liberador.

Para el Granada fue como recoger la estrella de Super Mario, omnipotente durante un breve espacio de tiempo. Ni siquiera un titubeo de Astralaga, de vuelta al once por la ausencia de Luca Zidane, amortiguó el efecto, por más que despertara cierto runrún en la grada. Aceleró Baïla Diallo y prolongó para la carrera de Arnaiz, que alcanzó el confín del terreno de juego con la esperanza de que algún aliado merodeara por dependencias aragonesas. Sirvió atrás y apareció Pablo echando chispas, necesitado de una tarde como esta. Le perseguía de nuevo Jordi Martín, pero no alcanzó a incomodarle lo suficiente. Los Cármenes exhaló un suspiro de alivio.

Los de Oltra tocaban fondo en lo que el granadinismo alcanzaba la paz, todo en tan solo dos minutos, en la depresión del Huesca todavía había espacio para otra planta soterrada más. Colapsó el cuadro azulgrana en una construcción estática cuando apenas iba por los cimientos, atento Alemañ. El ilicitano contempló sus opciones y se decantó por descargar para Arnaiz, que ajustaba la mirilla. Apretó el gatillo y acunó el esférico en la misma escuadra, eufórica la hinchada.

Reacción controlada del Huesca

Llegó después el valle, maniatado el Huesca en cualquier caso, aunque le dio al equipo de Oltra para empañar el marcador. Sacaron de banda los aragoneses y Pulido peinó en el área. Por allí pululaba Sergi Enrich, tan sigiloso que pasó desapercibido hasta empalmar la volea. Inalcanzable para Astralaga, a bocajarro el disparo poco antes del avituallamiento. Le vino bien a los de franjas horizontales.

Regresó Pacheta con dos soldados nuevos, reclutados Lemos y Rubén Alcaraz, tal vez precisamente para evitar que su equipo continuara perdiendo fuelle. Las musas, sin embargo, continuaban tonteando con Pablo Sáenz. El navarro pugnó un balón largo que se terminó llevando Petit, letal en el mano a mano, pero con el banderín en alto. Después el extremo interceptó un golpeo de Izan González, inspirado de nuevo. Esta vez lo emplató para que Jorge Pascual, que acababa de salir, hincara el colmillo. Rugió como un therian. 

El pulso ya era débil en los de Oltra, que pretendió un golpe de efecto con los relevos. Quien le aplicó la descarga con el desfibrilador, sin embargo, fue Astralaga, que entregó un pase cuando intentaba salir jugando el cuadro nazarí. Le dio sentido Liberto, que combinó con Portillo para plantarse en una cita íntima con el guardameta, impecable en el duelo.

Quedó en anécdota, porque el Granada ya estaba reservando su asiento en el próximo tren de la Liga Hypermotion. Solo una debacle podría comprometer de nuevo la permanencia. No le conviene dormirse, en cualquier caso. Pensar en más se antoja una quimera, aun posible según las matemáticas. Más bien, le cabe afrontar lo que resta con tranquilidad y contemplar el incierto devenir del club desde la templanza.


Ficha técnica:

Granada CF: Astralaga; Oscar Naasei (Álvaro Lemos, 46’), Manu Lama, Loïc Williams, Baïla Diallo; Izan González, Pedro Alemañ, Manu Trigueros (Rubén Alcaraz, 46’); Pablo Sáenz (Baba Diocou, 81’), José Arnaiz (Álex Sola, 69’) y Gonzalo Petit (Jorge Pascual, 56’).

SD Huesca: Dani Jiménez; Álvaro Carrillo, Íñigo Piña, Jorge Pulido, Jordi Martín (Ro Abajas, 86’); Jaime Seoane (Cantero, 79’), Óscar Sielva; Nacho Laquintana (Enol, 59’), Portillo, Dani Ojeda (Daniel Luna, 86’); y Sergi Enrich (Liberto, 59’).

Goles: 1-0’: Pablo Sáenz, min. 25; 2-0: Pablo Sáenz, min. 28; 3-0: José Arnaiz, min. 30; 3-1: Sergi Enrich, min. 38; 4-1: Jorge Pascual, min. 64; 4-2: Liberto, min. 73.

Árbitro: Dámaso Arcediano Monescillo, del comité castellanomanchego. Amonestó a los locales Oscar Naasei, Trigueros, así como a los visitantes Jorge Pulido, Sergi Enrich, Daniel Luna y Ro Abajas.

Incidencias: encuentro correspondiente a la 32ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes, ante 14.411 espectadores.


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