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El Granada sale noqueado de la velada en Castalia (3-2)

El Granada sale noqueado de la velada en Castalia, que sirvió además para espantar a cualquier granadinista que se animara a soñar con cotas más altas. Pudo haber quien, con tres victorias en cuatro partidos, pensara realmente que este equipo podía mirar ya hacia los pisos privilegiados de Segunda, pero bastó una semana exigente para que el conjunto rojiblanco mostrara de nuevo sus costuras. De los errores de Las Palmas, a la insuficiencia frente al Castellón. Tiene el puño de barro y viaja en una caja de las que llevan inscrito ‘frágil’ en el exterior. Los orellut, briosos y afilados, lo desarmaron para adelantarse por medio de Camara y aprovecharon el mismo fuego amigo con el que se complicaron la faena antes del descanso. Sentenciaron tras el intermedio, con Brignani como goleador en ambos bandos, y Pascual maquilló de penalti el moratón en el ojo con el que regresa el cuadro nazarí.

Pocos pueden decir, en realidad, que Castalia no avisó de lo que se venía sobre el césped. Retumbó Thunderstruck en los prolegómenos, como una suerte de predicción que caló en las dos esquinas del cuadrilátero, y claro, los púgiles saltaron electrizados por el ritmo de AC/DC. Apenas hubo tiempo para saludos o cortesías: en cuanto el balón empezó a rodar, los dos comenzaron a lanzar ganchos en un intercambio de vértigo. Volvió a salir mal parado el Granada, que cayó a la lona bastante antes de que acabara el último asalto. Ha endurecido su mandíbula, sí, pero no deja de ser de cristal, blandos además sus nudillos. Así, no puede más que aspirar a que le partan la cara.

Muy pronto quedó claro que la premisa rojiblanca era enfrentarse a pecho descubierto en la reyerta, jugar a lo mismo que el Castellón y comprobar quién encajaba mejor los golpes. También, que a los orellut se les da mejor que al equipo de Pacheta, aunque entró bien al correcalles. Pablo Santiago atacó al hígado, seguro Astralaga con los puños, a lo que siguió un cabeceo de Jorge Pascual, inocente a ojos de Matthys. Después el ariete quiso citar al arquero, pero Tincho le cerró la puerta. La vista se iba de un lado a otro en un parpadeo, como si de un partido de tenis se tratara.

Los de Pablo Hernández se desplegaban como cazas, malévola la incursión de Jakobsen. Nadie detectó a Pablo Santiago y el extremo logró alcanzar el pase con la punterita para que Diaby mandara a la esquina. Otro Pablo, Sáenz, movió de nuevo esa varita que en las últimas semanas parece recargada de magia. Pascual vio cómo se desenrollaba ante sí una alfombra roja que conducía directamente hacia la portería de Matthys y puso visión túnel, incapaz de ver otra cosa por más que Arnaiz, solo al otro lado, le señalara su posición con luces de neón. Golpeó cruzado y atrapó el portero, error fatal a la postre.

Pagó el que perdonó

Fue ese el momento en el que el Granada aprendió que en Castalia no hay indulto que quede libre de castigo. Perdonó Pascual y la maquinaria albinegra comenzó a funcionar bien engrasada. De una banda a otra, para devolver finalmente el juego a la orilla derecha. Cala, erigido en omnipresente director de orquesta, rompió hacia dentro para desconectar a Diallo. Prolongó Gerenabarrena y Pablo Santiago sirvió atrás con bandeja de plata para que Camara, a placer, hincara el diente. Directo al mentón granadinista. 

Lo cierto es que los de Pacheta mantuvieron el tipo. No les embargó el nerviosismo y continuaron en la refriega como si nada. Lemos activó la catapulta en un saque de banda e Izan cazó el rechace, arácnido Matthys para escupir el peligro. Después el mediocentro mantuvo una íntima cita con las musas, que le alumbraron un pase de puro genio. Lemos lo persiguió como si estuviera viendo el gol y Pascual, en el primer poste, lo acarició como pudo. Fue suficiente para descolocar a Brignani, que acabó metiendo el balón en su propia jaula. Fuego amigo que mantenía coleando a los de franjas horizontales.

Los dos ya sangraban y seguían intercambiando golpes. Centró Camara para impulsar otro mamporro castellonense. Jakobsen intentó puntear sobre Astralaga, pero no le dio. Después colgó desde el ricnón Pablo Santiago, que no se cansaba de hacer travesuras, y Diego Barri rozó lo justo para que Bambo Diaby, que no supo ni por dónde le vino, desviara a la red. Regalo devuelto, con cobro revertido para el Granada cuando el vestuario ponía ojitos a los contendientes. Sobre la bocina, capturó Arnaiz tras un córner cerrado y descargó para Pablo Sáenz, que engañó a todos con una finta velocísima. Puso el alma en el impacto, pero le faltó atino. ‘Ding, ding’, acabó el round.

La sentencia y el maquillaje

Regresaron los rojiblancos amodorrados del vestuario y apenas duraron siete minutos en el segundo asalto. Aunque pudieron ser menos. Cala pegó una falta muy cercana al área y Astralaga se puso el disfraz de Mazinger Z, aunque ni siquiera una armadura así le habría salvado del gol. El balón facturado desde la esquina se quedó clavado en las botas de Álvaro Lemos, que coronó su primera titularidad con un intento de despeje en el que tan solo rozó el esférico. Para Brignani fue la oportunidad de quitarse la espina y marcar para los dos equipos en un mismo encuentro, gesta digna de contar a los nietos. 

El Granada besó el suelo, completamente sonado, y Brignani intentó redondear su tarde de nuevo en el área enemiga, desviado el tiro. Pacheta activó el carrusel de relevos, con Sergio Ruiz y Álex Sola. El de Donostia agitó de inmediato, en un culebreo tan maquiavélico como veloz. Le persiguió Diego Barri, que levantó los brazos para exculparse, pero al momento hincó los tacos, que sacaron la bota del extremo granadinista. Penalti claro, rugido de Pascual, cabreado con la grada.

Quedaba combate, pero no muchos más recursos en la despensa de Pacheta. Reclutó a Petit y a Rodelas, pero quien pudo marcar fue Alberto, más centrado en imprimir fuerza al látigo que en calcular la dirección, aunque envenenada por Loïc Williams. Las tablas, aun así, anduvieron a centímetros. El recién ingresado delantero charrúa cabeceó un envío y Sergio Ruiz logró tocar con la punta de la bota para hacer saltar a los granadinistas desplazados, pero en el forcejeo con Generabarrena se había quedado fuera de juego. 

La cosa no dio para más, a pesar del extenso alargue, porque tampoco tiene el Granada mucha más capacidad. Celebró Castalia, que sigue habitando en playoff, en lo que los de franjas horizontales vuelven a mirar para abajo. Les separan ocho puntos, colchón aún amplio, pero no les conviene relajarse. No habrá paz para rojiblancos.


Ficha técnica:

CD Castellón: Matthys; Jérémy Mellot, Brignani, Alberto, Tincho; Pablo Santiago, Gerenabarrena, Diego Barri, Adam Jakobsen; Álex Cala y Camara. 

Granada CF: Ander Astralaga; Álvaro Lemos, Oscar Naasei, Bambo Diaby, Loïc Williams, Baïla Diallo; Pedro Alemañ, Izan González; Pablo Sáenz, José Arnaiz y Jorge Pascual.

Goles: 1-0: Camara, min. 30; 1-1: Brignani, en propia puerta, min. 35; 2-1: Bambo Diaby, en propia puerta, min. 42; 3-1: Brignani, min. 53; 3-2: Jorge Pascual, de penalti, min. 63.

Árbitro: Gorka Etayo Herrara, del comité vasco. Amonestó a los locales Pablo Santiago y Álvaro García, así como a los visitantes Pablo Sáenz, Oscar Naasei e Izan González.

Incidencias: encuentro correspondiente a la 34ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio SkyFi Castalia.


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