Pobre del granadinista que decidiera cancelar sus planes de domingo para contemplar el esperpento que su equipo brindó en el Carlos Belmonte. Es inevitable percibir que este Granada está ya de vacaciones, como necesario que recuerde que aún tiene un par de duelos clave que solventar si no quiere que se las amarguen al final. El de Albacete se le escapó de manera bochornosa, con una presencia apenas testimonial y la cabeza de más de uno en la playa. De los despistes surgió el primero, de Jogo, y de una pasividad flagrante, el segundo, en una falta. Los forasteros tardaron una hora en descubrir que todavía había que seguir jugando, certero un cabezazo de Petit, aunque la incapacidad les impidió seguir ahondando en el ridículo. Obeng sentenció y José Carlos Lazo sacó los colores a los nazaríes. Un partido para no verlo.
El conjunto rojiblanco ha confundido la tranquilidad de acariciar la permanencia con la anodinia, como si la campaña ya hubiera terminado y tan solo esperara ponerse las chanclas. Los de Pacheta arrastraron los pies como quien los pasea por la arena, impotentes. Ostentaron nada menos que un 74% de posesión inútil, estéril, de un lado a otro sin sentido alguno. Cuando la aderezaron con algo de intención, con los centímetros de Petit en el área, ya iban dos abajo y pensaban ya en la vuelta, pero en el estrepitoso fracaso del club todavía cabía caer un par de pisos más. Este equipo tiene los nudillos blandos y menos estabilidad defensiva que Bambi el día de su nacimiento.
No ocultó el Albacete su intención de hacer entre poco y nada por forzar los errores rojiblancos, ordenados los manchegos en su trinchera. Lo que seguramente no esperaba Alberto González era encontrar tantas facilidades. Vallejo, Lluís López y Carlos Neva, los tres centrales albacetistas, han tenido entrenamientos más exigentes que el duelo de este domingo. Y eso que todo comenzó con Álex Sola en misión de búsqueda de problemas. Primero sirvió un centro tenso que forzó el palmeo de Lizoain. Después, colgó con más comba, en busca de Pablo Sáenz, a quien sorprendió la pelota. Llegó Rubén Alcaraz con los ojos inyectados en sangre y le pegó con el alma, seguro el arquero para escupir el peligro. Lo siguiente fue el comienzo de la descomposición rojiblanca.
Salieron disparados los de casa, con Fran Gámez echando chispas por donde esta vez corría Hormigo. Izan persiguió al carrilero, pero no pudo taponar el centro, que salió directo al segundo poste. Esperaba Puertas con el colmillo afilado, con Lemos en la inopia, pero Luca Zidane exhibió reflejos felinos para palmear el remate del exrojiblanco. Por allí, sin embargo, revoloteaba Jogo, que se dio cuenta de que tampoco Oscar ni Loïc estaban muy atentos y se adelantó para encauzar. Directo al mentón, aunque ya estaba el Granada atolondrado sin necesidad del golpe.
En el salpicadero empezaron a encenderse pilotos por todos lados. Nada funcionaba, el sistema entero colapsaba y no parecía haber remedio. Fran Gámez oteó el horizonte en una falta lejana y colgó un envío bastante retrasado, suficiente para desajustar otra vez todo el entramado defensivo granadinista. Se elevó Lluís López y giró el cuello, inalcanzable esta vez para Luca Zidane.
Incapacidad pese a la posesión
Los rojiblancos rezumaban la sensación de querer que acabara el suplicio cuanto antes, incapaces pese a ser dueños del balón. Tampoco tenían oposición; el Albacete jugaba a lo suyo y le bastaba para generar mucha más inquietud en el otro fondo de la que fueron capaces de inocular los de Pacheta, inmóviles. Cayó Alemañ y Arnaiz se pidió la falta con ojos de gol, pero no pudo superar la barrera. Se descolgó Sola, como si hubiera percibido la necesidad que tenía su equipo de movimientos entre líneas, y recibió de Izan para, sin dudar, buscar el golpeo, desviado por poco. Atrás Loïc Williams sudaba, ausentes Oscar y Lemos, con Álex Rubio pegajoso.
Puertas sintió un chasquido en la rodilla y entró Lazo en su lugar, aunque el que volvió a hacer temblar a los rojiblancos fue Lluís López. Se durmió Alemañ para recibir en la medular y el zaguero, que vio a Luca adelantado, intentó el gol de la jornada, rápido el arquero para reubicarse. Luego Izan se hartó de que nadie se moviera y recibió de Pablo Sáenz para sacar el látigo sin titubeos, sin problemas para Lizoain. Loïc tensó un servicio desde casa que peinó Arnaiz, ya en el añadido, y Jogo mandó el duelo al entreacto con un último susto para el cuerpo nazarí.
Buscó Pacheta la reacción en el banco, con Sergio Ruiz, Trigueros y Petit entre el pelotón a la vuelta del vestuario. El uruguayo se giró en cuanto pudo, de nuevo sólido Lizoain, poco después de que Álex Rubio intentara emular a Ibrahimovic con una chilena desde la media luna. Pero lo cierto es que la cosa varió poco. El Granada seguía sin jugar y los centímetros de su recién ingresado delantero servían de poco sin balones facturados al área.
El duelo era un espectáculo difícil de digerir. El Albacete estaba en la gloria replegado en su campo y el conjunto rojiblanco no espabilaba, hasta que Sola se dejó caer por su perfil natural. Llegó a línea de fondo y centró para que, esta vez sí, la presencia de Petit tuviera sentido. El ariete atacó el envío y lo mandó a la red para activar a su equipo, que tan solo había desperdiciado una hora de partido. Comprendieron entonces los de franjas horizontales que desde los costados podían asaetar, pero ni tiempo tuvieron para sacar partido de ello. Alberto González giró la rueda de cambios y, de una tacada, puso sobre el tapete a Pacheco, Obeng y Lorenzo Aguado. El órdago fue mortal.
La enésima pérdida absurda de los rojiblancos, en esta ocasión de Sergio Ruiz, llevó el esférico al lateral, que alcanzó el confín del terreno de juego para tensar el pase. Amodorrado Oscar, apenas pudo observar cómo Obeng despegaba como un Boeing 737, en plancha para matar al Granada. Era la sentencia, aunque no la última puñalada. La asestó Lazo, en una nueva cadena de errores que Neva explotó por el perfil zurdo. Descargó atrás y el atacante no erró, perseguido por Trigueros.
No hubo más, por muy largo que se hizo el alargue. Loïc Williams consiguió rematar fuera un córner de Trigueros, Arnaiz estampó otra falta en un zaguero y Petit peinó desviado otro servicio de Álex Sola, en los últimos estertores de un equipo moribundo. El Granada solo piensa en las vacaciones, síntoma peligroso. Qué largo se le va a hacer el final de la temporada a su afición.
Ficha técnica:
Albacete Balompié: Raúl Lizoain; Fran Gámez (Javi Moreno, 84’), Jesús Vallejo, Lluís López, Carlos Neva, Jogo; Martín Fernández, Ale Meléndez (Lorenzo Aguado, 70’), Capi (Antonio Pacheco, 70’); Álex Rubio (Samu Obeng, 70’) y Antonio Puertas (José Carlos Lazo, 32’).
Granada CF: Luca Ziane; Álvaro Lemos (Baba Diocou, 73’), Oscar Naasei, Loïc Williams, Diego Hormigo (Sergio Rodelas, 61’); Rubén Alcaraz (Sergio Ruiz, 46’), Izan González (Manu Trigueros, 46’), Pedro Alemañ; Pablo Sáenz (Gonzalo petit, 46’), Álex Sola y José Arnaiz.
Goles: 1-0: Jogo, min. 10; 2-0: Lluís López, min. 15; 2-1: Gonzalo Petit, min. 62; 3-1: Samu Obeng, min. 71; 4-1: José Carlos Lazo, min. 79.
Árbitro: Germán Cid Camacho, del comité castellanoleonés. Amonestó a los locales Ale Meléndez y Fran Gámez, así como a los visitantes Rubén Alcaraz, Diego Hormigo y Oscar Naasei.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 36ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio Carlos Belmonte, ante 11.555 espectadores.

