La Cueva de la Victoria, una de las cavernas incorporadas bajo la marca ‘Cueva del Tesoro’, podía ser mucho más antigua de lo que se cree. Este espectáculo paisajístico en la localidad malagueña de Rincón de la Victoria es una cavidad que reúne pinturas que se remontan a hace más de 40.000 años, aunque la gruta fue conocida turísticamente a mediados del siglo XX.
«Nos encontramos evidencias de seres humanos, tanto herramientas como restos de animales», explica Pedro Cantalejo, biólogo responsable de las visitas dentro de la cueva. Los antiguos ancestros de la Europa del Sur venían a la cueva, según el experto, a refugiarse y alimentarse, ya que creían que era «donde más cómodo se estaba».
Huellas y pinturas que marcan la historia
Algunas partes de la cueva guardan marcas y pinturas con decenas de miles de años de antigüedad. Sin embargo, la tarea de encontrar nuevas pintadas o señales dignas de estudio es complicada para antropólogos. «Por culpa de los expolios y los buscadores de tesoro apenas nos queda nada», afirma Cantalejo, quien cree que este fenómeno es «una pena para poder recoger nuevas muestras».

Sin embargo, entre tantos huesos, herramientas y señales, se encontró una vasija hecha con arcilla y el cráneo y el húmero de un niño de 14 años. Estas pruebas han marcado las futuras investigaciones, desde el 10 de marzo han comenzado las excavaciones, aunque solo llevan 10 días, creen que podrían ser «muy esperanzadoras».
Un collar con la concha de un berberecho
«Hemos encontrado cosas interesantes», o así describe los últimos hallazgos el divulgador, quien reconoce que le llena de orgullo haber encontrado un collar con la concha de un berberecho. «Al principio no sabíamos de qué podría tratarse, sin embargo, vimos un agujero en la concha que dejaba en evidencia la manipulación del humano, y que supondría que la habrían tallado específicamente para hacer un collar», reconoce el experto.

Una cueva usada como cámara funeraria
Entre las salas de la Cueva de la Victoria, se encuentra una que podría tratarse del periodo Neolítico, de hace 7.000 años. En ese momento, que los Homo sapiens ya han salido de las cuevas, los humanos utilizan la pintura para reflejar los seres humanos que han fallecido. «Fue un periodo clave, ya que comenzaron a usar las cuevas, como la de la Victoria, como cámaras funerarias», explica el experto.
A través de las pinturas, los humanos reflejaban el respeto por los fallecidos, para tratar de no olvidarse de ellos. Todo ello, ha permitido estudiar durante los años cómo vivían las primeras comunidades, que habitaban en la zona sur del Mediterráneo.
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