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‘Al Cielo’ analizó la figura de Andrés de Ocampo; uno de los primeros escultores de la Semana Santa de Sevilla

El programa ‘Al Cielo’ tuvo doble estreno: la emisión de una segunda entregada cada domingo y el estreno de la tercera temporada de la serie de escultores. En este caso, la primera entrega estuvo dedicada a los escultores Andrés y Francisco de Ocampo, de la mano de los historiadores e investigadores, Jesús Romanov, José María Escudero y Nolasco Alcántara.

Andrés de Ocampo

Nacido en Villacarrillo (Jaén) entre 1555 y 1560 y fallecido en Sevilla en 1623, es una de las figuras fundamentales para comprender la evolución de la escultura sevillana entre finales del siglo XVI y los inicios del XVII. Su obra representa la transición desde el manierismo tardío hacia un naturalismo cada vez más acusado, preludio del pleno barroco que desarrollará su sobrino Francisco de Ocampo (1579–1639).

Parentesco con Francisco

Tío y sobrino mantuvieron una relación personal y profesional muy estrecha. Prueba de ello es que Andrés cedió su importante biblioteca a Francisco “por la mucha voluntad que le tengo”, una expresión que revela el afecto entre ambos. Dicha biblioteca, una de las más notables del panorama artístico sevillano del siglo XVII, incluía tratados de arquitectura, escultura, pintura, filosofía y teología, y da muestra del carácter intelectual y humanista de Andrés de Ocampo.

Instalado en una Sevilla pujante, puerto y puerta de América, Andrés fue un artista perfectamente integrado en las élites culturales y sociales de la ciudad. Se relacionó con los principales escultores, pintores y miembros del clero, conoció a figuras como Santa Teresa de Jesús y trabajó para importantes instituciones religiosas. Además, fue uno de los primeros escultores sevillanos documentados que envió obra al continente americano.

Entre sus discípulos se cuentan nombres de enorme relevancia como Alonso de Mena, lo que convierte a Andrés de Ocampo en una figura clave dentro de la cadena formativa que desemboca en maestros como Pedro de Mena y Pedro Roldán. Su influencia, por tanto, se extiende tanto a la escuela sevillana como a la granadina.

Diferencia entre ambos

«Andrés de Ocampo mantiene un estilo manierista, más intelectual y conceptual, visible en la idealización de las formas, el alargamiento anatómico y la herencia clasicista propia del último tercio del siglo XVI. Por el contrario, Francisco de Ocampo se adentra en el barroco, bebiendo directamente de Martínez Montañés»

Sus obras más célebres

Su única obra para la Semana Santa de Sevilla es el Cristo de la Fundación de los Negritos (1620), una de las imágenes más antiguas de la Semana Santa de Sevilla. Ez

«Aunque la policromía actual no es la original, refuerza el dramatismo y la fase cadavérica de la imagen, que marca el punto culminante de la evolución estilística de Andrés hacia un naturalismo casi realista».

A este crucificado se suman otras obras capitales como el Cristo de Salamea (Comayagua, Honduras), prácticamente gemelo del de los Negritos y testimonio de la proyección americana del escultor. También se analizaron otras obras suyas certificadas como el retablo del Descendimiento ubicado en la iglesia de San Vicente.

No obstante, también se analizaron obras atribuidas a su autoría como el Cristo del Mayor Dolor de la hermandad de la Bofetá o el Cristo del Pregón de Estepa; ambos atribuidos a Andrés de Ocampo.

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