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Análisis: Moreno da un golpe de efecto y declara la ‘guerra electoral’

El tablero estaba desplegado y cada pieza cuidadosamente colocada. El comandante Juanma Moreno lo tenía todo preparado, a la espera de dar la orden. Y la dio: los andaluces votarán el 17 de mayo. Lleva meses preparando a su guardia pretoriana y los últimos movimientos revelaban una estrategia destinada a culminar en un golpe de efecto.

El presidente andaluz ha elegido el momento: encuestas favorables y rivales en una posición debilitada. La líder socialista, María Jesús Montero, confiaba en aguantar como vicepresidenta primera y ministra el mayor tiempo posible, pero este movimiento adelanta su desembarco pleno en Andalucía en torno a un mes. Mientras, el PSOE-A sigue navegando en aguas turbulentas, sin cerrar listas ni resolver sus equilibrios internos.

Encuestas favorables

Las elecciones de Castilla y León parecen haber actuado como detonante. El PP salió reforzado en una campaña de perfil regional que frenó el impulso de Vox y en la que el PSOE también logró resistir. Sin embargo, la lectura del resultado socialista difiere: su candidato se desmarcó de Sánchez, evitó el ruido nacional y centró el debate en su territorio. Mañueco recuperó el foco autonómico, arrebató la iniciativa a Vox y logró contener su crecimiento en plena crisis interna del partido de Abascal.

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En Andalucía, Moreno aspira a replicar ese esquema, con una ventaja añadida: gobierna desde una mayoría sólida y frente a una oposición fragmentada. Montero llega condicionada por su papel en el Gobierno central y su cercanía a Sánchez, en un contexto donde los pactos con el independentismo penalizan al PSOE-A en clave andalucista. Vox, por su parte, mantiene expectativas, aunque con el precedente de 2022, cuando aspiraba a ser decisivo y se quedó en 14 escaños.

El presidente atraviesa además un momento político y personal especialmente favorable, con una inercia propia de superestrella. Arrancó el año a trompicones con la crisis de los cribados, pero el episodio se ha ido diluyendo. Desde entonces, ha encadenado una secuencia de hitos que han reforzado su perfil: la gestión —política y emocional— del accidente ferroviario de Adamuz, que le valió reconocimiento incluso de la oposición; su exposición en el 28-F, con una imagen institucional total; y la construcción de un relato más humano, visible en gestos medidos, como sus imágenes con Leo, el niño con piel de mariposa, que han contribuido a proyectar cercanía y sensibilidad.

Ese giro quedó especialmente reforzado en su entrevista en El Hormiguero, donde confesó en horario de máxima audiencia que “ha tenido que ir al psicólogo” tras el accidente de Adamuz y admitió que aquella experiencia le “quebró” emocionalmente, una exposición poco habitual en la política española.

La oposición pide más gestión que relato

Desde la oposición, sin embargo, se mira con recelo ese relato. En el PSOE-A consideran que Moreno “está más centrado en construir un personaje que en gestionar los problemas reales de Andalucía” y le reprochan una “estrategia calculada de exposición emocional en pleno ciclo electoral”. En la misma línea, voces de la izquierda critican que el presidente “utiliza los tiempos institucionales y mediáticos para reforzar su imagen personal” y le piden “más gestión y menos relato”.

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En paralelo, la maquinaria preelectoral ya está en marcha. La ‘guerra’ de inauguraciones ha comenzado —con el nuevo hospital de Cádiz como ejemplo— en un pulso compartido entre administraciones. Montero aprovechó el protagonismo institucional del Gobierno central, mientras Moreno y su equipo hicieron lo propio desde la Junta.

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El presidente, sin embargo, mantiene su papel: evita el choque frontal y delega el ataque político en su entorno. Se vio en la crisis del AVE en Málaga, donde optó por un tono medido al reconocer una “incidencia importante” en la conexión ferroviaria, cuidando su perfil moderado. En contraste, su equipo elevó el tono contra el Gobierno central —especialmente el PP provincial— con enfrentamientos directos con el ministro Óscar Puente en redes sociales, donde el responsable de la cartera de Transportes insulta y frivoliza.

Vox se siente «preparado» ante las inminentes elecciones en Andalucía

Las críticas no se quedan ahí. A cuenta de la crisis ferroviaria, los socialistas han acusado al Gobierno andaluz de “intentar desviar la atención” y de practicar una “oposición constante desde la Junta”, mientras que desde el espacio a la izquierda del PSOE se insiste en que Moreno “evita el debate de fondo y se refugia en una estrategia de perfil bajo mientras otros hacen el trabajo duro”.

El patrón se repite: Moreno preserva su imagen de gestor centrista y moderado mientras su ejército político se mancha las manos. El presidente usará a su favor la cercanía de la Semana Santa, donde su presencia anual como nazareno en Sevilla y hombre de trono en Málaga le dará un empujón en su imagen de gestor sencillo y cercano a los andaluces. Una estrategia milimetrada con un objetivo claro: llegar al 17 de mayo con el terreno emocional, mediático y político a su favor.

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