«Una casa con demasiada gente y una plaga de ratas». Es el recuerdo que Daniel López conserva de su llegada a Holanda a través de una empresa de trabajo temporal. Durante el año y medio que permaneció en Países Bajos también denuncia que la compañía «metía mano demasiado» a su salario. Su experiencia muestra una de las caras menos conocidas de un destino que, al mismo tiempo, atrae a jóvenes malagueños por sus oportunidades laborales y sus condiciones económicas.
Marcos Moreno, de 22 años, prepara ahora su marcha junto a un amigo. «La principal razón por la cual me voy a Holanda es por una razón económica», explica. Pero también busca mejorar su inglés y conocer otra cultura. A esa motivación suma lo que considera una dificultad para muchos jóvenes en España: «Veo que hay una incapacidad para los jóvenes a tener una oportunidad de empleabilidad real».
Salarios y oportunidades
La posibilidad de encontrar trabajo con facilidad es uno de los principales atractivos. Daniel asegura que «el que quiere trabajar, trabaja» y destaca unas condiciones laborales «mucho más competitivas que en otros países como puede ser España». También valora las posibilidades de progresión: «Me parece que es un entorno donde se premia mucho el esfuerzo».
Una percepción que comparte Suhail Taoumi, que lleva cuatro años fuera de España, trabaja actualmente en Holanda y vive en Bélgica. Su experiencia le ha llevado a ser muy crítico con las oportunidades que dejó atrás: «A día de hoy, sigo viendo España como un país para sobrevivir, no para vivir».
Marcos ya tiene trabajo antes de marcharse. Lo hará en logística para una empresa de paquetería y, aunque su intención inicial es permanecer un año, no descarta quedarse: «Si aguantamos el año y vemos posibilidades de tener un contrato fijo, de desvincularnos de la ETT, de avanzar por nuestra cuenta, por supuesto que me quedaría».
Pero las mejores condiciones laborales también tienen un coste. Suhail decidió trasladarse a Bélgica mientras mantiene su empleo en Holanda ante el precio de la vivienda. Según explica, una habitación puede situarse entre los 500 y los 600 euros y un apartamento puede acercarse a los 2.000.
Lejos de Málaga
La distancia es otro de los precios que pagan quienes deciden marcharse. Marcos todavía no ha hecho las maletas y ya identifica qué será lo más difícil: «Dejar a mi hermana, a mi madre, a mis abuelos, a mis amigos que también son el apoyo que tengo desde que tengo uso de razón». Por eso reconoce que sería «un gran talón de Aquiles».
Suhail conoce esa sensación. «Me encanta mi tierra, me encanta mi Málaga, la he echado de menos a diario», asegura. Daniel, que terminó regresando a España, señala además el clima como una de las dificultades: «Para una persona mediterránea es difícil adaptarse». También echó de menos la vida social española: «Aquí en España estamos acostumbrados a salir del trabajo y tener vida social, cosa que allí es menos habitual».
Las ETT, una puerta de entrada con dos caras
Las empresas de trabajo temporal son una vía habitual para quienes llegan desde España, pero las experiencias son muy diferentes. Daniel recuerda las condiciones de su primera vivienda y denuncia los problemas con su salario. Una experiencia que le lleva a considerar que existen compañías que ofrecen condiciones «paupérrimas» y que «básicamente buscan explotar al trabajador como si fuese un objeto de usar y tirar».
Marcos, que todavía no ha comenzado su experiencia, no comparte ese temor. «No tengo ese miedo», asegura. Considera que la cantidad de empleo disponible permite cambiar de agencia si las condiciones no son las esperadas: «Es tan sencillo como desvincularte, buscar otra agencia de empleo».
Tres momentos diferentes de una misma decisión: Marcos prepara las maletas, Suhail continúa construyendo su vida fuera y Daniel decidió regresar después de un año y medio. Holanda aparece así como una oportunidad laboral, pero también como el comienzo de una adaptación lejos de Málaga.
Síguenos en redes





