La Semana Santa asoma en el calendario y Andalucía empieza a latir con un pulso distinto. No es solo la antesala de una de las celebraciones más arraigadas del sur; es también el pistoletazo de salida para una maquinaria turística que se activa entre el aroma del incienso y el del espeto recién hecho en la terraza del chiringo. Eso sí, problemas como el del AVE en Málaga han minado las reservas hoteleras y rebajarán las previsiones económicas en la capital de la Costa del Sol.
En provincias como Sevilla, Málaga, Granada Cádiz, los preparativos avanzan a dos velocidades. Por un lado, las hermandades ultiman detalles: pasos, túnicas y recorridos que marcarán el ritmo de las calles. Por otro, hoteles, bares y chiringuitos afinan su propia puesta en escena ante la llegada masiva de visitantes.
En la Costa del Sol, la escena es casi veraniega. Las playas comienzan a llenarse de vida mientras los chiringuitos levantan sus persianas tras meses de relativa calma, pero también muy marcados por el temporal de los últimos meses que ha provocado un incremento en las reformas de los establecimientos de cara a estas fechas tan importantes.
En enclaves como Torremolinos, Benalmádena o Fuengirola la Semana Santa funciona como un ensayo general de la temporada alta. Mesas que vuelven a ocuparse, cocinas que recuperan el bullicio y cartas donde no faltan pescados frescos, mariscos y arroces frente al mar.
Caídas de turistas por la incertidumbre del tren
El sector turístico encara estas fechas con una mezcla de optimismo y prudencia. Las previsiones de ocupación hotelera rondan el 70%, con picos más elevados en los días centrales desde el Miércoles Santo hasta el Domingo de Resurrección. Y en cuanto a los chiringuitos los establecimientos estarán funcionando a pleno rendimiento. Aunque ligeramente por debajo de otros años, debido a la incertidumbre que se vive en Andalucía, y especialmente, en provincias como Málaga, por la falta de conexión directa de trenes.
No obstante, los datos siguen confirmando el enorme tirón de Andalucía como destino, capaz de conjugar tradición, clima y gastronomía en una fórmula difícil de igualar. Especialmente significativa es la situación de Cádiz, donde la Semana Santa se vive entre dos escenarios complementarios: el recogimiento de su casco histórico y la apertura al Atlántico de playas como La Caleta o La Victoria. Allí, el turismo no solo observa, participa, pasea, consume y se integra en una experiencia que mezcla lo cultural con lo sensorial.
Más allá de las cifras, la clave está en la atmósfera. En esa convivencia casi única entre lo solemne y lo festivo. Porque mientras suenan las saetas en una calle estrecha, a pocos kilómetros alguien brinda frente al mar. Y en ese contraste, Andalucía vuelve a demostrar que su Semana Santa no es solo tradición: es también economía, identidad y una forma de entender la vida que, cada año, vuelve a conquistar a quien la visita.
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