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Daniel Marín, profesor de sociología, advierte: “Si las instituciones no actúan, será la gente la que cambie la Semana Santa”

El profesor e investigador de Sociología de la Universidad Pablo de Olavide, Daniel Marín, ha analizado en profundidad los cambios que atraviesa la Semana Santa de Sevilla, una celebración que, según explica, trasciende lo religioso para convertirse en una experiencia social, identitaria y de consumo.

En este contexto, el análisis abre la puerta a cuestiones clave como el crecimiento del número de nazarenos y sus implicaciones organizativas, las nuevas formas de consumo de la Semana Santa por parte del público, la influencia de fenómenos sociales como el FOMO en la participación de los cortejos, así como la comparación con otros espectáculos de masas. Además, Marín profundiza en los retos de futuro a los que se enfrentan las hermandades, las tensiones entre tradición y cambio y el papel que deberán asumir las instituciones para adaptarse a una celebración en constante evolución.

¿Por qué cada vez hay más nazarenos?

Marín subraya que participar en una cofradía no se limita al ámbito espiritual. “Salir en una cofradía no deja de ser una experiencia”, afirma, destacando que el fenómeno tiene una fuerte dimensión identitaria y también psicológica. En este sentido, explica que integrarse en el ritual “nos vincula de un modo o otro a una comunidad”.

El sociólogo recurre a pensadores como Zygmunt Bauman y Émile Durkheim para explicar cómo, durante el tiempo que dura la procesión, se genera una “comunidad estética” en la que los participantes comparten símbolos y vestimenta.

En un contexto social donde, según apunta, los vínculos tradicionales se debilitan, la Semana Santa adquiere un papel clave. “La gente necesita reconocerse y vincularse”, señala Marín, quien considera que estas celebraciones funcionan como espacios de reafirmación colectiva en una sociedad cada vez más individualizada.

Uno de los aspectos más innovadores de su análisis es la idea de que la Semana Santa se consume y se produce al mismo tiempo. “Hacemos la Semana Santa, pero al mismo tiempo consumimos el mismo producto que producimos”, explica, destacando esa doble relación entre participación y observación. Para Marín, ver cofradías “no es ni más ni menos que una práctica social y, por tanto, una forma de consumo”, comparable a asistir al cine, al teatro o a un partido de fútbol.

Asimismo, el profesor introduce además un concepto clave para entender la participación actual, especialmente entre los jóvenes: el FOMO (fear of missing out). “La gente tiene miedo a perderse el momento, no estar ahí”, afirma, señalando que este fenómeno impulsa a muchos a participar activamente, pese a las incomodidades que pueden sufrir los nazarenos de ciertas cofradías, pues llegan a ir en filas de tres o cuatro y sufren parones considerables en su estación de penitencia. En su opinión, este miedo a quedarse fuera explica por qué la Semana Santa sigue atrayendo a nuevas generaciones y manteniéndose en auge.

Nuevas formas de consumo

Marín también destaca cómo han cambiado las formas de vivir la Semana Santa. Desde la aparición de la sillita plegable hasta la evolución en el ritmo de las procesiones, todo responde a nuevas dinámicas sociales. “Ha cambiado la forma en la que consumimos… y la forma en la que producimos la Semana Santa”, asegura.

«En los goles del Sánchez-Pizjuán y del Villamarín se veían los partidos de pie, ibas dos horas antes y esperabas para coger un buen sitio. Para ver las cofradías pasa igual»

Este cambio es comparable, según explica, a lo ocurrido en otros ámbitos como el fútbol, donde la experiencia del espectador también ha evolucionado con el tiempo. «En los goles del Ramón Sánchez-Pizjuán y del Benito Villamarín se veían los partidos de fútbol de pie, que ibas dos horas antes y esperabas para coger un buen sitio en el campo. En las cofradías pasa igual, en la medida que el espectáculo que estamos contemplando cambia, la forma de consumo también cambia. Claro, es que hace 30 años había cofradías que tenían 300 nazarenos y era aceptable esperar 20 o 25 minutos. ¿Seríamos capaces de esperar ahora, casi dos horas, que tarden pasar la Macarena por un punto normal?», expone este investigador sevillano.

Futuro incierto, cambio seguro

A pesar del auge actual, este sociólogo reconoce la dificultad de prever el futuro de la Semana Santa de Sevilla. Sin embargo, sí tiene clara una idea fundamental: “Si las instituciones que hacen la Semana Santa no cambian e intentan mantener estructuras rígidas, como hasta ahora, la gente va a cambiar la Semana Santa”.

Marín insiste en que el peso del cambio no recaerá únicamente en las organizaciones tradicionales. “Son las instituciones quienes tienen que adelantarse al cambio o adaptarse a él”, advierte. De lo contrario, serán los propios participantes quienes transformen la celebración según sus necesidades y hábitos. Un proceso que, según afirma, “será imparable” y que obliga tanto a hermandades como a administraciones públicas y a la Iglesia a anticiparse a una evolución que ya está en marcha.

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