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Descartado Juan de Mesa como autor de la Virgen de la Encarnación

La Virgen de la Encarnación de la Hermandad de San Benito ha vuelto a situarse en el centro del debate historiográfico a raíz de las reflexiones planteadas en el último episodio de la serie Imágenes Anónimas, dentro del programa cofrade ‘Al Cielo’ de 101TV Sevilla.

En este espacio, que reunió a los historiadores Andrés Luque, Francis Segura y Jesús Romanov, junto al investigador José María Pinilla, se analizaron las últimas imágenes anónimas de las veinticinco totales analizadas siendo las estas la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso del Gran Poder, la Virgen de Regla y el Cristo de las Tres Caídas de Triana.

Descartado Juan de Mesa

Antes de hablar de las nuevas imágenes, Curro Bono preguntó a los historiadores sobre la posibilidad de que la Virgen de la Encarnación fuera obra de Juan de Mesa. El origen de esta sugerencia se encuentra, por un lado, en la última restauración de la imagen, en la que el profesor Juan Manuel Miñarro identificó la palabra “Juan” tallada en la lengua de la Virgen, y, por otro, en la presencia de determinados rasgos formales que, según apuntó Andrés Luque, podrían remitir a modelos propios del siglo XVII.

En concreto, se aludió a características en la zona de los párpados y a determinados planteamientos anatómicos que encajan con lenguajes barrocos tempranos similares al de los Ocampos y descartando así a Blas Molner, aunque en ningún momento se defendió que este dato fuera concluyente ni suficiente para establecer una autoría concreta.

Durante el programa se insistió en que la aparición del nombre “Juan” no puede entenderse como un elemento determinante.

«Juan puede ser Juan de Mesa, pero también Juan de Remesal, Juan Martínez Montañés u otros muchos escultores que compartieron nombre a lo largo de los siglos».

Además, se recordó que este tipo de detalles pueden haber sido retallados o alterados con el paso del tiempo, especialmente en imágenes que han sufrido numerosas intervenciones, por lo que su valor como prueba documental es, en el mejor de los casos, muy limitado.

Análisis formal

Desde el punto de vista estrictamente morfológico, Andrés Luque fue especialmente claro al afirmar que la Virgen de la Encarnación no presenta rasgos propios de Juan de Mesa. Se señaló que Mesa es un escultor profundamente reconocible, que estira los cuellos de sus imágenes, introduce los característicos anillos cervicales, despeja y alarga las frentes y deforma conscientemente las proporciones para intensificar la expresión. Ninguno de estos elementos aparece en la imagen de San Benito, cuyo cuello no está estilizado, carece de anillos, no presenta las deformaciones creativas propias del escultor cordobés y tampoco responde a su manera tan particular de resolver la glabela.

Precisamente en la glabela se centró parte del análisis comparativo. Mientras que Juan Martínez Montañés interpretaba esta zona de forma orgánica y continua, Juan de Mesa la dividía sistemáticamente en dos planos mediante un golpe de gubia horizontal, un recurso que se repite de manera constante en toda su producción. En la Virgen de la Encarnación, sin embargo, lo que se aprecia es una glabela en forma de talud, propia del denominado ojo campo, un rasgo que puede encontrarse en obras del entorno de Francisco de Ocampo, como la María Cleofás del convento de San Leandro, y que refuerza una filiación formal con modelos del siglo XVII, pero no con Juan de Mesa.

Blas Molner

A partir de ahí, se planteó una cuestión clave: la presencia de rasgos propios del siglo XVII no implica necesariamente que la imagen fuera tallada en ese momento. Durante el siglo XVIII, especialmente en la etapa de Blas Molner o Cristóbal Ramos, muchos escultores trabajaron bajo una demanda clara de perpetuar los modelos barrocos, incluso dentro de un contexto ya marcado por el academicismo. Las órdenes religiosas, las iglesias y las hermandades seguían reclamando imágenes que respondieran a unos cánones estéticos consolidados, lo que explica que existan dolorosas y esculturas posteriores que recuerdan de forma evidente a modelos del siglo anterior.

En este sentido, se recordó que la atribución a Blas Molner sigue siendo, a día de hoy, la más fiable, no solo por afinidades estilísticas visibles, sino por estudios técnicos profundos realizados a partir de radiografías, sistemas de ensamblaje y detalles ocultos como los pabellones auditivos, cuya morfología entronca con la manera de hacer del escultor. No obstante, se insistió en que, sin la aparición de un contrato, ninguna atribución puede considerarse definitiva, y menos aún en imágenes que han sufrido múltiples intervenciones a lo largo del tiempo.

Conclusiones

En definitiva, el consenso alcanzado en el programa fue claro: la hipótesis que vincula la Virgen de la Encarnación con Juan de Mesa carece de base sólida y debe descartarse. La presencia del nombre “Juan” y ciertos rasgos formales del siglo XVII no son argumentos suficientes frente a un análisis morfológico riguroso y a los datos técnicos disponibles. Mientras no aparezcan pruebas documentales concluyentes, la imagen debe seguir entendiéndose como el resultado de un complejo proceso histórico, en el que confluyen distintas épocas, intervenciones y lenguajes, y en el que la atribución a Blas Molner continúa siendo, por ahora, la opción más razonable dentro del panorama historiográfico actual.

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