La Hermandad del Dulce Nombre es la única cofradía de la Semana Santa que mantiene viva una imagen del pasado: la salida de sus tronos procesionales desde un tinglao. Cada Domingo de Ramos, la corporación comienza su salida penitencial desde esta instalación provisional situada en la Plaza de Capuchinos, siendo la última de la Semana Mayor malagueña que continúa con esta costumbre debido a la imposibilidad de salir desde una Casa Hermandad.
Esta medida no es por gusto ni compromiso con el pasado. Aunque ofrezca una estampa cofrade añeja del siglo XX, el tinglao no deja de ser una medida necesaria al carecer de un espacio para el montaje de los tronos y el resguardo de los enseres. Al igual que todas las hermandades de la Semana Santa, Dulce Nombre también desea disponer de su propio salón de tronos y unas dependencias más amplias desde las que vertebrar su vida social y cultural.
La corporación capuchinera cuenta con un proyecto de Casa Hermandad desde hace una década. Se ubicará en la calle Diego de Siloé, en la parcela que linda con la Casa Hermandad de Crucifixión y la plazuela de La Paula. El diseño del edificio es del arquitecto Ángel Gómez del Valle, y la cofradía cuenta con licencia de obras del Ayuntamiento desde 2020. A principios de este año, la corporación ratificó en cabildo de hermanos su intención de acometer el proyecto, algo fundamental para recibir una ayuda económica por parte del Consistorio.
A la espera de un presupuesto
En el balance del Domingo de Ramos en el programa Guion, Carlos Galiana, Hermano Mayor del Dulce Nombre, abordó la situación actual de la futura Casa Hermandad. Afirmó que están «absolutamente desesperados», ya que tienen todo en regla, pero continúan a la espera de que una constructora asuma el proyecto. «Hago un llamamiento a que alguien me de un presupuesto. Llevamos desde octubre intentando que alguien nos diga lo que cuesta, ese es el nivel de desesperación», afirmó.
Según explicó el Hermano Mayor, están teniendo dificultades para encontrar a un estructurista, ya que «trabajan solo con sus constructoras y clientes habituales». Además, aseguró que la guerra en Irán ha empeorado la situación y que ahora es más complicado cerrar un presupuesto debido a que el coste de las materias primas puede variar de un mes para otro.
La suerte no parece acompañar a la hermandad capuchinera, que sigue esperando el empujón definitivo para cumplir su anhelo. Mientras, se producen otros casos opuestos como el de la Cofradía del Cautivo, que tiene luz verde para construir su nueva casa en la plaza de San Pablo, o la Expiración, que reformará y ampliará sus instalaciones. Sin embargo, la Hermandad del Dulce Nombre continúa con la esperanza de comenzar con las obras lo antes posible, con el objetivo de poder realizar la salida procesional de 2028 desde el nuevo edificio.
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