La prohibición del burka y el niqab volvió esta semana al centro del debate político en España, pero la votación del Congreso dejó claro que el tema no se resuelve solo con aritmética parlamentaria. Este martes 17 de febrero de 2026, la Cámara Baja rechazó la iniciativa legislativa de Vox para prohibir el velo integral en espacios públicos: 177 votos en contra, 170 a favor y una abstención.
En ese contexto, el programa de 101TV ‘Llegó la hora’ recibió a la activista iraní Ryma Sheermohammadi, que puso el foco en una pregunta incómoda para los titulares rápidos: ¿se está escuchando, de verdad, a quienes vivirían en primera persona una eventual prohibición?
Un debate que ya no se puede aplazar
Sheermohammadi parte de una constatación: el debate no aparece en el vacío. “Es un debate importante porque la sociedad está cambiando y ha cambiado muchísimo en estos últimos cuatro o cinco años”, afirma. Y, a partir de ahí, coloca el listón donde incomoda: no en el gesto político, sino en el proceso democrático.
“Lo más importante ahora mismo es preguntarnos si hemos generado espacios suficientes de diálogo en torno a ese tema con las personas afectadas”, señala la activista.
Su argumento pivota sobre un principio: las normas que tocan símbolos culturales o religiosos no deberían nacer sin conversación previa con quienes serán impactados por ellas. No es una defensa del velo integral, insiste, sino una exigencia de método: escuchar antes de decidir.
“La sociedad son todos los actores”: más allá del choque de bloques
El hemiciclo retrató una foto polarizada. Vox defendía que restringir estas prendas evitaría “una falsa noción de tolerancia”, y el PP apoyó la propuesta en la votación. Aun así, el texto cayó por el “no” de varias formaciones, entre ellas Junts, que comparte parte del diagnóstico pero no quiso avalar una iniciativa firmada por Vox. Ahí es donde Sheermohammadi señala lo que, a su juicio, queda fuera cuando el asunto se reduce a “ganar” el debate:
“Es muy sano que estemos hablando del tema, que veamos también como sociedad qué es lo que pensamos… pero la sociedad son todos los actores de la sociedad, no solamente son los partidos políticos”, expresa. En su lectura, el velo integral se utiliza a menudo como marcador identitario en la pelea partidista —y, en ese juego, las mujeres afectadas acaban convertidas en objeto de discusión más que en sujetos con voz.
Libertad, seguridad, igualdad… y una pregunta previa
La activista apunta a una tensión que atraviesa el debate europeo: libertad religiosa y autonomía personal frente a seguridad, convivencia e igualdad de género. Y avisa de que plantearlo como un “sí o no” simplifica algo más complejo: “No solamente tiene que ver con el tema de la mujer, tiene que ver con otros aspectos importantes de la sociedad, como es la libertad… y también con cómo ve ese tema la sociedad misma”.
Sheermohammadi no niega que existan conflictos reales —ni que haya mujeres que vivan el velo integral como imposición—, pero pide evitar que una norma termine produciendo el efecto contrario al buscado: más aislamiento, menos vida pública, menos herramientas de salida.
Junts mueve ficha: misma idea, otra condición
Tras el rechazo, el foco político se desplazó a Cataluña: Junts anunció/registró una iniciativa propia para restringir el velo integral, pero con un matiz clave: reclama que la Generalitat asuma competencias ejecutivas en seguridad y documentación/identificación, ámbitos vinculados al Ministerio del Interior.
Mientras tanto, el debate —como anticipaba Sheermohammadi— parece lejos de cerrarse: no solo por lo que votan los partidos, sino por lo que la sociedad esté dispuesta a discutir con rigor, sin convertir el cuerpo de las mujeres en trinchera.
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