El traslado temporal del Real Betis Balompié al Estadio Olímpico de La Cartuja, previsto para al menos dos temporadas mientras se ejecutan las obras del nuevo Benito Villamarín, ha supuesto un revulsivo económico y anímico para los comercios de la zona. Tanto los negocios ubicados en la propia Isla de la Cartuja como los establecidos en la aledaña avenida de Torneo han recibido con entusiasmo la llegada del conjunto heliopolitano, cuyo tirón de afición ya se ha dejado notar en sus primeras jornadas como local.
Desde bares y restaurantes hasta pequeños comercios y hoteles, todos coinciden en que la afluencia generada por los partidos del Betis está impactando positivamente en la actividad económica local. La mayoría, de hecho, ya se prepara para adaptar sus horarios y operativa los días de partido, con el objetivo de maximizar el flujo de clientes que acompañan al equipo.
Por el contrario, y como ya informamos en su día, la situación opuesta la viven los negocios del barrio de Heliópolis, que afrontan con resignación la pérdida de la actividad habitual que generaban los encuentros en el Benito Villamarín. Muchos de ellos temen una caída drástica de ingresos durante el tiempo que el estadio permanezca cerrado.
“El cambio se nota para bien”
Una de las voces que resume el sentir general es la de Triana, trabajadora del bar ‘Casa Manuela’, ubicado en plena Isla de la Cartuja. Ha subrayado que el efecto del traslado del Betis “nos ha afectado muy positivamente”. El pasado viernes, 22 de agosto, el local amplió su horario “desde las 6:00 hasta las 22:00 horas”, coincidiendo con el encuentro del conjunto verdiblanco. “Viene la gente, conocen nuestros lugares y se quedan”, afirmó.
Esta tendencia también ha sido confirmada por otros negocios de la zona. En la avenida de Torneo, desde ‘La esquinita del puente’, su propietario, José María Carrasco, celebraba el ambiente generado: “Dos, tres o cuatro días al mes recogeremos un ambientazo de muchísima gente. Nos va a venir estupendamente”. Aunque reconoce desconocer la opinión de los vecinos, sí cree que “al barrio también le da un poco de vida”.
Del mismo modo, Rafael Castro, copropietario del comercio ‘La Sevillana’, aseguró estar “satisfecho” tras el primer encuentro disputado en La Cartuja, destacando el “buen ambiente sano y la falta de problemas”. Además, vaticina que “conforme pase el tiempo, habrá negocios que se animen e incluso en el día a día”, convencido de que “el estadio va a mover mucha afluencia, lo que contribuirá a que la zona lo note para bien”.
A la espera de comprobar cómo evoluciona esta nueva etapa, los bares y restaurantes ya se organizan para no quedarse atrás. Entre las medidas más habituales se encuentran la ampliación de personal, refuerzo de barras y aumento de inventario los días de partido, todo con el objetivo de atender con eficacia la demanda creciente.
El Hotel Exe Isla Cartuja
No todos los efectos del traslado del Betis han sido positivos. En el caso del Hotel Exe Isla Cartuja Sevilla, la llegada masiva de aficionados está suponiendo ciertos inconvenientes logísticos. La dirección del establecimiento ha denunciado “problemas de cortes y dificultades de acceso para los clientes que viajan en coche los días de partido”. Incluso varios empleados se han visto obligados a optar por el transporte público para llegar a su puesto de trabajo.
Sin embargo, el hotel también ha experimentado beneficios: “El número de huéspedes se incrementa, llegando a alcanzar el 100% de la ocupación”. Ante el nuevo escenario, han intensificado el dispositivo de seguridad para evitar el acceso de personas ajenas al alojamiento, y han implementado medidas como el envío de correos electrónicos informativos con mapas, accesos y acreditaciones a sus clientes.
Una grandísima oportunidad
Con un mínimo de dos temporadas por delante, el traslado del Real Betis a La Cartuja se presenta como una oportunidad de oro para dinamizar la actividad económica de un enclave que, fuera del calendario de grandes eventos, suele mostrar una actividad intermitente. Si la afición responde y los comercios se adaptan con agilidad, esta etapa puede suponer un antes y un después para la Isla de la Cartuja y su entorno más próximo.
Eso sí, mientras una zona cobra vida, otra la pierde, pues en Heliópolis, la incertidumbre planea sobre los comercios que durante años vivieron del bullicio generado por cada partido en el Villamarín. Ahora, con el balón rodando lejos de casa, les toca resistir.
La ciudad, como siempre en clave verdiblanca, se prepara para vivir otros dos años de fútbol… y de negocio.
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