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El efecto Bad Bunny: la Super Bowl disparó los estudiantes de español en Duolingo

El Super Bowl terminó, las luces se apagaron y el estadio quedó en silencio. Pero en miles de pantallas ocurrió algo inesperado: no se abrió Instagram, ni X, ni siquiera Spotify. Se abrió Duolingo. Horas después de la actuación de Bad Bunny, la aplicación de idiomas registró un aumento del 35 % en nuevos estudiantes de español. No fue una campaña publicitaria, ni una promoción sorpresa. Fue un concierto. Uno cantado, casi en su totalidad, en español, frente a una de las audiencias más grandes del planeta.

La camiseta que Bad Bunny regaló a los trabajadores de Zara, a la venta por 30.000 euros

La escena es reveladora. Millones de personas viendo un espectáculo que no se tradujo, que no pidió permiso y que no suavizó su idioma. Bad Bunny cantó como canta siempre: en español, con referencias culturales propias y con una seguridad que convirtió la lengua en protagonista. Y cuando terminó, muchos espectadores sintieron que algo se les escapaba. La melodía estaba clara, el mensaje no tanto. La curiosidad hizo el resto.

EL efecto del ‘Bunny Bowl’

Duolingo lo confirmó: el pico de nuevos usuarios llegó justo después del show. No antes. No durante. Después. Como si el concierto hubiera sembrado una pregunta colectiva: ¿y si aprendo español? No es la primera vez que la música impulsa tendencias, pero sí es una de las pocas ocasiones en las que un evento de entretenimiento masivo tiene un impacto directo y medible en la educación. El español, históricamente visto en Estados Unidos como lengua secundaria, apareció en el centro del mayor escaparate mediático del país. Sin subtítulos. Sin traducción. Sin concesiones.

El fenómeno ya circula en redes con un apodo irónico: la Bunny Bowl. Pero más allá del meme, el dato es contundente. La cultura pop no solo entretiene; también educa, aunque no lo pretenda. Y a veces lo hace con más eficacia que cualquier plan institucional.

El pájaro verde de Duolingo, conocido por su insistencia casi amenazante, no necesitó recordar nada esa noche. Fue la música la que empujó a miles de personas a empezar desde cero: hola, gracias, ¿cómo estás?
Al final, el Super Bowl dejó algo más que cifras de audiencia. Dejó una lección inesperada: que un idioma puede aprenderse por deseo, que la identidad también se escucha, y que una canción puede abrir la puerta a todo un lenguaje.

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