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El lotero que salvó vidas con su quad en Adamuz: «Lo limpié hace unos días para quitarle la sangre»

Gonzalo Sánchez no dudó ni un momento. Cuando aquella noche del 18 de enero el accidente de tren sacudió los alrededores de Adamuz, este vendedor de cupones de la ONCE cogió su quad y se lanzó al lugar de la tragedia. En los minutos y horas siguientes, realizó decenas de viajes trasladando heridos hasta zonas seguras, convirtiéndose en uno de los rescatadores más activos de aquella noche caótica. Un mes después, Gonzalo no ha podido olvidar nada. Ni quiere, ni puede. «Eso no se olvida. Las noches son terribles porque no duermo por las pesadillas», afirma.

Una noche de rescates sin parar

Con su quad, Gonzalo se convirtió en uno de los recursos más valiosos sobre el terreno aquella noche. El vehículo, capaz de acceder a zonas de difícil acceso para los servicios de emergencia convencionales, permitió trasladar a un número significativo de heridos hasta lugares donde podían recibir atención médica. Sus vecinos le reconocen como uno de los grandes héroes de aquella jornada, aunque él rechaza ese calificativo de forma categórica.

«El héroe verdadero es Adamuz, ni Gonzalo, ni Pedro, ni Juan, ni nadie. Es Adamuz», subraya atribuyendo el mérito a la respuesta colectiva del pueblo

Un mes después, uno de los gestos que mejor refleja el impacto emocional de lo vivido es lo que ocurrió con su quad. El vehículo, que aquella noche trasladó a decenas de heridos, quedó con restos de sangre que Gonzalo tardó semanas en decidirse a limpiar. «Lo limpié hace unos días, no me apetecía ni cogerlo», confiesa Gonzalo, cuyo quad fue clave para trasladar heridos durante la noche del accidente.

«Lo he sacado un par de veces pero no me atrevía a limpiarlo», explica. Finalmente lo hizo, aunque el gesto no ha borrado los recuerdos. «El quad se portó y muchos me dijeron que gracias a él se pudieron salvar vidas, y con eso me quedo», añade, buscando en ese recuerdo una fuente de alivio ante el peso emocional acumulado.

Pesadillas, insomnio y sentimientos a flor de piel

La vida cotidiana de Gonzalo ha cambiado desde aquella noche. Reconoce que convive a diario con los sentimientos «a flor de piel» y que cuando sale el tema del accidente le resulta imposible contener las lágrimas. Las noches son especialmente duras.

«Esta noche, por ejemplo, he tenido otra pesadilla de las grandes. Me he despertado sudando y la verdad se pasa muy mal, muy mal», relata. El insomnio y las pesadillas se han convertido en compañeros habituales desde el 18 de enero, una secuela emocional frecuente en personas que han vivido situaciones traumáticas de alta intensidad «Cuando sale el tema siempre te arranca esa gotita de lágrimas», reconoce Gonzalo, que confiesa tener los sentimientos a flor de piel un mes después de la tragedia.

Aún no ha pedido ayuda psicológica

A pesar de la intensidad del trauma, Gonzalo todavía no ha acudido a los servicios psicológicos disponibles en Adamuz para los vecinos afectados. Él mismo reconoce que no sabe exactamente por qué. «Yo no he ido todavía porque hay algo que me lo impide. Tendré que ir y tendré que reventar por algún lado», afirma.

Sin embargo, es consciente de que ese paso será necesario tarde o temprano. «Hay mucha gente que está yendo porque hace falta, y más que tendremos que ir», reconoce, mientras asegura que hablar de lo ocurrido, al menos, le ayuda a procesar lo vivido. «Para mí es bueno siempre hablar para poder seguir adelante».

Indignado por las informaciones falsas

Entre los aspectos que más le han afectado en este mes destaca la difusión de noticias falsas sobre lo ocurrido en Adamuz. Algunos medios publicaron que hubo pillaje y robos en la zona del accidente al día siguiente, una información que Gonzalo desmiente con rotundidad y que le genera una indignación visible.

«Nos han echado una piedrecita en el camino muy fea después de que nos hemos dejado la vida allí para ayudar», denuncia Gonzalo, que rechaza con indignación los bulos sobre supuestos robos en la zona del accidente. «Eso es mentira», afirma sin ambages. Para alguien que se dejó «el cuerpo y el alma» aquella noche ayudando a desconocidos, ver ese esfuerzo manchado por informaciones falsas ha supuesto un golpe adicional difícil de encajar.

A pesar de todo, Gonzalo encuentra alivio en los momentos en que ha podido ver a algunos de los supervivientes a los que ayudó aquella noche. Ese contacto posterior con las personas rescatadas actúa como bálsamo ante el peso del trauma acumulado.

«Eso es lo que te permite estar bien, esa sensación de alivio o bienestar por una cosa bien hecha, que se hace sin pensar y que en el fondo es gratificante», concluye. Una gratificación que no borra las pesadillas, pero que le da fuerzas para seguir adelante en un proceso de recuperación que, como él mismo reconoce, aún está lejos de terminar.

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