Un medicamento que se encuentra en los botiquines de millones de hogares, tan cotidiano como un pañuelo o una cuchara: el paracetamol, ese alivio confiable contra dolores y fiebres. Pero ahora ese mismo analgésico se ha convertido en protagonista de una de las modas más inquietantes que ha dado internet. Un desafío que parece salido de una pesadilla digital: el “reto del paracetamol”, un juego viral que invita a adolescentes y jóvenes a consumir dosis peligrosamente altas de este fármaco para presumir después en redes sociales quién “aguanta más” o quién pasa más días ingresado en un hospital.
En España, el misterio sombrío de esta tendencia llevó a El Hospital Regional de Málaga a emitir una advertencia pública: varios menores de entre 11 y 14 años han sido atendidos en urgencias tras intoxicarse por ingerir hasta 10 gramos de paracetamol, una cifra que supera con creces las dosis terapéuticas seguras.
«La salud no es un juego»
La escena se repite con dolor tensando sus hilos: el analgésico que cura se vuelve veneno. Médicos y especialistas lanzan alarmas desde los pasillos de los hospitales. “Nunca es un juego”, repiten, como un mantra. Porque el paracetamol, tan simple en apariencia, puede en sobredosis provocar daño hepático severo, insuficiencia multiorgánica e incluso la muerte, imágenes que no encajan con un reto ni con un emoji viral.
La pediatra y divulgadora Lucía Galán ha calificado este desafío como “estúpido”, subrayando la ironía trágica de que algo tan accesible y habitual pueda volverse letal si se tergiversa como entretenimiento. Su llamado no es solo médico, sino humano: hablar con los jóvenes, comprender sus impulsos, educarlos sobre lo que no es un juego.
Este fenómeno no es un caso aislado ni local. El llamado “desafío del paracetamol” ha saltado fronteras y encendido alertas en otros países europeos, donde farmacéuticos y sociedades médicas advierten del “riesgo serio para la salud” que representa la ingesta deliberada de dosis elevadas de medicamentos comunes.
Y en esa encrucijada de mundo real y realidad digital, se dibuja una lección que va más allá de cifras y estadísticas: la salud no es motivo de competencia, ni una moneda de cambio para unos segundos de fama. Las redes pueden ser espejos de creatividad, pero también de peligros insospechados que nos obligan a cuestionar lo que consumimos antes de que sea demasiado tarde.
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