Pedro Sánchez es aficionado al baloncesto. Se desconoce si en su exigua carrera en las canchas era un gran anotador, pero sí es de sobra conocida su capacidad táctica en la política para hacer jugadas complicadas y meter canastas sobre la bocina. O, como mínimo, para estirar el partido. España se levantaba este viernes con la fecha del 29 de noviembre aireada en medios afines al Gobierno como muy probable para que fuera la que acogiera elecciones generales.
Tras años asegurando contra todo y contra todos que iba a agotar la legislatura (sin presupuestos), se abría esa opción del 29 de noviembre o diciembre como una baraja más de sus ases en la manga. El discurso de La Moncloa tras el no de PP, Vox y Junts a los decretos es que ahora hay que ver el fin de semana y ver cómo reacciona la ciudadanía al no a los decretos auspiciados por el caso Maricarmen. ¿Habrá adelanto electoral?
El ‹playbook› (el libro de jugadas) del sanchismo abre una nueva vía. Así como en su momento cuando los casos de presunta corrupción empezaban a rondar a su esposa, Begoña Gómez, decidió tomarse cinco días diciéndole a toda España que era «un hombre muy enamorado», este viernes 2 de octubre de 2026 ha sentenciado que a PP, Vox y Junts «les juzgará la historia» y muy pronto.
Sánchez ha acusado a la oposición de cálculo político en un discurso gubernamental cuyo estribillo es que «ellos están con la gente» y los otros con los «fondos buitre». De hecho, la ministra de Vivienda, Isabel Rodríguez, ha comparado la lucha de Maricarmen con casos simbólicos como el de Ana Orantes en la lucha contra la violencia de género o el de Ramón Sampedro por el derecho a una muerte digna.
Analistas de todo pelaje se las gastan ya intentando traducir los pasos de un killer político que hasta la fecha ha hecho de su capacidad de improvisación su mejor arma. Sánchez se sostiene con un Gobierno de difícil equilibrio. Hay quien piensa que pueda aprovechar cuestiones de la política norteamericana. Quien dice que está aprovechando el descontento social y esta nueva oleado del 15-M y sus acampadas en la Puerta del Sol y las principales plazas de España.
Hay quien dice que realmente eso es imposible y la izquierda que está en la calle no es la suya. Que tal vez quiera ya asestar el aguijonazo definitivo a su izquierda y dejar a Sumar y Podemos tiritando. Que tal vez solamente esté ganando tiempo y que siga apurando sus opciones en La Moncloa hasta 2027, hasta primavera o más allá. Quien dice que puede esperar a lo que venga de Francia, donde empiezan las protestas en las calles y téoricamente espera un gobierno de Marine Le Pen.
La realidad es que la verdad de Sánchez la tiene solo él. El único que sabe su próximo movimiento es el líder del PSOE y el segundo presidente con más tiempo al frente del Gobierno de la nación. El que lleva ocho años desplegando un libro de jugadas que quedan para la historia de su manual de resistencia y de la política contemporánea. Solo Sánchez sabe.


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