El conservadurismo español afronta la precampaña igual que hace más de tres años: con la maldición de tener las encuestas de cara. Los sondeos sitúan a PP y Vox por encima de los 200 escaños, y ya hay quien teoriza con los 210, los tres quintos del Congreso que exige una reforma constitucional. Empieza el teatro de la elucubración, mientras se publican noticias en las que fuentes cercanas al PP lamentan la falta de ministrables para Exteriores o Interior. De nuevo, repartiendo cargos antes de tener los resultados electorales sobre la mesa.
Feijóo debe de tener todavía pesadillas con aquellos 55 días entre finales de mayo y julio de 2023, en los que se paseó por mítines y medios de comunicación hablando de cómo repartir ministerios o de si Vox debía entrar en un hipotético Gobierno. Las encuestas le daban la mayoría absoluta; las urnas le dejaron en 170 escaños con Vox, a seis de gobernar.
Esta vez parece consciente de que no puede vender la piel del oso antes de cazarlo. Lo dejó claro este jueves en la Junta Directiva Nacional celebrada en Génova, ante buena parte de sus barones, a los que después volvió a sentar a su mesa para repetirles en privado el mismo mensaje: ha llegado la hora de la verdad, no cabe un solo error y nadie debe «caer en las trampas» del Gobierno. Allí aprobó también un comité de campaña de su máxima confianza, con Miguel Tellado al frente, Marta Varela como adjunta y Alma Ezcurra a cargo del programa. Pretendía cerrar filas.
El problema es que preside un reino de taifas que no se unifica en torno a él. Ayuso cuestiona el voto por correo mientras el partido lo respalda. Sémper reprocha a Óscar Puente que haya normalizado el insulto, mientras desde la dirección del partido se le contesta en X con su mismo tono. Y hasta en el núcleo duro de la campaña, el tándem Tellado-Ezcurra, hay cargos que advierten de tensiones demasiado pronunciadas. Lo de siempre: el PP, empeñado en cometer errores no forzados.
El líder popular debe entender algo: el único que realmente se la juega es él. El resto son actores secundarios que seguirán ahí y podrán ser importantes, o ministros, con cualquier otro líder. Casi toda su guardia pretoriana viene de otros puestos y tiene una familia política que la protege. Por no hablar de los que aspiran al trono, algo que en política se da por descontado: algún barón aburrido de gobernar su territorio que vea en un fracaso de Feijóo la oportunidad de dirigir la derecha sobre sus ruinas. Va siendo hora de que los haga callar y de que sigan la estela del jefe.
Hablando de líderes fuertes, su rival a la derecha, Santiago Abascal, sí tiene un partido unido en torno a él. Porque los críticos, claro, ya no están dentro: recorren medios y montan todo tipo de iniciativas contra el que fue su partido. Nadie quiere alejarse del fuego que calienta.
Pero a Vox le crecen los enanos. A los antiguos cargos se suma el eurodiputado antisistema Alvise Pérez, que arrancó más de 800.000 votos en las europeas prometiendo sortear su sueldo entre sus seguidores, y que hoy está investigado en el Supremo por el dinero que un empresario asegura haberle entregado para aquella campaña. Además, otro ‘azote de la corrupción’, el abogado Luis María Pardo, de Iustitia Europa, ha anunciado que se presentará por Madrid. Y cada papeleta que se vaya a una candidatura sin opciones de escaño es una papeleta que no suma.
Mientras la derecha libra su batalla particular por no meter la pata, la izquierda, y especialmente Sánchez, se frota las manos. El panorama no es precisamente esperanzador para él, pero cuenta con un suelo sólido y tiene a todo su ejército preparado para la remontada. Recordemos que en 2023 le dio la vuelta a la tortilla contra todo pronóstico, en una campaña muy parecida. Sale al contragolpe, con mucho que ganar y poco que perder. Como mínimo, aspira a un resultado digno que le dé aire para su verdadero plan: cuatro años en la oposición y un regreso triunfal en 2030, como Napoleón al volver de Elba, aunque ya sabemos cómo acabó aquello.
La premisa es clara: la derecha vuelve a tener la sartén por el mango, tal y como ya la tuvo en 2011, por la mala gestión del rival. Sin embargo, su proyecto sigue pasando por ser la oposición a Sánchez, lo que deja claro que es el presidente quien maneja los tiempos políticos y la narrativa. Todo apunta a que el líder socialista ya tiene diseñadas las artimañas con las que tratará de remontar: estabilizar Ceuta, agitar el miedo a la ultraderecha y usar el Consejo de Ministros, con los decretos que convalide la Diputación Permanente, para hacer todo lo que no ha hecho en ocho años. El PP debe unir fuerzas en torno a su líder, reducir discrepancias y recuperar la iniciativa política. Si no, tarde o temprano, Sánchez le volverá a ganar la partida.
Ya conocen la fábula de la rana y el escorpión. Un escorpión quería cruzar un río y, como no sabía nadar, le pidió a una rana que lo llevara sobre su espalda. La rana desconfió: «Si te subo, me picarás y moriré». El escorpión le respondió que no tenía sentido, porque si la picaba en mitad del río, se ahogarían los dos. Convencida, la rana aceptó y empezó a nadar con el escorpión a cuestas. Pero a mitad del trayecto sintió un pinchazo en la espalda. Mientras empezaba a hundirse, le preguntó al escorpión: «¿Por qué lo has hecho? Ahora moriremos los dos».
Se preguntarán por qué el escorpión provocó su propia muerte. La respuesta es mucho más sencilla de lo que puedan pensar: lo hizo porque no podía evitarlo. Era su naturaleza.
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