¿Es un arma? ¿Quién puede comprarlo? ¿Cuándo se puede utilizar? El spray de pimienta se ha convertido en un recurso habitual de defensa personal, pero alrededor de estos pequeños aerosoles existen todavía muchas dudas. La primera: aunque está regulado por el Reglamento de Armas, no tiene la misma consideración que, por ejemplo, una pistola.
Este artilugio ha sido objeto de debate desde que el pasado 23 de septiembre la diputada del PP Ana Vázquez fuese expulsada del hemiciclo por «mostrar un arma», en referencia a un bote de gas pimienta que llevaba consigo. El propio Congreso ya ha anunciado que abrirá expediente a la política gallega por este suceso.
Arma, pero con matices
María Vázquez, trabajadora de la Armería Sector 112 de Málaga, explica: «Está regulado dentro del reglamento de armas, pero evidentemente no se equipara a un arma de fuego». Se trata de un producto destinado a provocar una irritación temporal de las mucosas y una sensación de ahogo, y su comercialización está sometida a requisitos específicos.
Uno de ellos es fundamental: solo pueden venderse legalmente en armerías y deben estar homologados por Sanidad. La normativa permite además su adquisición para uso civil por mayores de edad, previa muestra del DNI.
«Todos los que venden las armerías están homologados sí o sí», asegura Vázquez. Cuestión diferente es la proliferación de productos que se ofrecen a través de plataformas online, donde el comprador debe comprobar qué está adquiriendo.
Uso restringido
Pero tenerlo no significa poder utilizarlo en cualquier circunstancia. Su finalidad es la defensa personal y, según explica la trabajadora de la armería, «tenemos que tener una coherencia a la hora del uso, del contexto, la situación». Si se utiliza, la actuación puede ser posteriormente examinada para determinar si estaba justificada.
Además, no todos funcionan de la misma manera. En la armería muestran dos formatos: el aerosol, que genera una nube de gas y requiere especial precaución en espacios cerrados, lugares concurridos o con viento en contra; y el gel, que proyecta el producto de forma más dirigida a un objetivo individual.
Dos formatos, un mismo objetivo: generar un efecto incapacitante temporal para permitir a la persona que se defiende escapar de una situación de peligro. Por eso, más allá de saber dónde comprarlo, la cuestión fundamental sigue siendo cuándo está justificado utilizarlo.
La respuesta, como recuerda María Vázquez, pasa por el contexto: «Esto al final es algo de defensa personal, no podemos ir aplicándolo porque queramos en cualquier circunstancia». Un pequeño aerosol que legalmente está regulado como arma, pero cuyo régimen está muy lejos del de las armas de fuego.


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