Casi nadie se acuerda ya que en 2011 las primeras manifestaciones del 15-M, aquellas de «que no, que no, que no nos representan», eran con un Gobierno del PSOE, el de José Luis Rodríguez Zapatero. Ganó la derecha del PP con una aplastante mayoría de Mariano Rajoy, que fue realmente el que tuvo en la diana de aquella ola de protestas que aupó a partidos como Podemos o Ciudadanos o algo más tardío a Vox.
Hubo acampadas, las mismas imágenes que se ven ahora de las tiendas y los chambaos en la Puerta del Sol y en las principales plazas de España. Hubo proclamas, hubo plataformas como la PAH (Plataforma Antideshaucios) que llevaron la voz cantante. Y hubo durante mucho tiempo puestas en escenas como las de rodea el Congreso, algo que se ha vuelto a vivir aunque más light este 2 de octubre de 2026.
Es cierto que la vivienda es el tema que lo centra todo en este ‹revival del 15-M› cuando hace quince años también fue la corrupción y el colapso del sistema del Bienestar el leitmotiv de las protestas ciudadanas. Pero el mapa es prácticamente idéntico. También hay un Ejecutivo socialista que agoniza y que tras ocho al mando no ha encontrado fórmulas para una vivienda que aunque tiene gran parte de competencia autónomica mantiene a los partidos erosionados y sin respuestas a esta demanda social.
Las encuestas apuntan a que los votos darán la posibilidad de gobernar a PP y Vox, con poca probabilidad de que se vivan mayorías absolutas en el Congreso como las que todavía se daba en 2011 o a principios de este siglo. La realidad es que en quince años la cuestión no ha cambiado demasiado. A ver qué depara el futuro y si lo del 29 de noviembre en qué queda.


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