Rafael Amador, guitarrista, compositor, cantaor y figura clave del mestizaje entre flamenco y rock ha fallecido a los 65 años. Su nombre quedó ligado a la historia de la música marcado por el mestizaje entre flamenco y rock. Fue protagonista de una revolución musical que fusionó el flamenco con el rock y el blues, un estilo que él mismo bautizó junto a sus compañeros como “blueslería”.
Además, figura de la música española de los años 80 y uno de los creadores del sonido de Pata Negra, falleció ayer, domingo 8 de febrero.
Nacido en Sevilla en 1960, alcanzó la popularidad con Pata Negra, el grupo que formó junto a su hermano Raimundo Amador. Su trayectoria está ligada también a Kiko Veneno y a proyectos que marcaron una etapa de ruptura en la música andaluza y española.
El nacimiento de un sonido propio
En 1977, Rafael Amador, su hermano Raimundo y Kiko Veneno formaron el grupo Veneno. El proyecto publicó un único disco que no fue bien recibido ni por la crítica ni por el público, al no comprenderse entonces la mezcla de flamenco con las bases de un grupo de rock, con batería, bajo y guitarra eléctrica. Tras la disolución de la banda, los tres músicos participaron en distintos proyectos, entre ellos las colaboraciones en el álbum ‘La leyenda del tiempo’ (1979), de Camarón de la Isla.
Un año después, en 1978, los hermanos Amador pusieron en marcha Pata Negra. A diferencia de Veneno, en esta nueva etapa los temas eran compuestos por ellos mismos. Gran parte del repertorio del grupo fue obra de Rafael Amador, que destacó por su capacidad compositiva y por reinterpretar sus propias canciones en los directos.
El reconocimiento llegó con discos como ‘Guitarras callejeras’ (1985) y, especialmente, ‘Blues de la Frontera’ (1987), el trabajo que les dio el salto definitivo a la fama con canciones como «Camarón», «Lunático» o «Pasa la vida». Los hermanos también grabaron en 1987 el disco ‘¿Por qué, por qué?’ junto a Cathy Claret, considerado una obra de culto.
La separación de los hermanos
Con el éxito llegó también una etapa de desconcierto marcada por los excesos. Las drogas comenzaron a pasar factura a los hermanos Amador, y de forma más acusada a Rafael. La situación provocó la salida de Raimundo del proyecto. Antes de la separación definitiva, Pata Negra ofreció un último concierto en la sala Zeleste de Barcelona en 1989, registrado en el álbum ‘El Directo’, que incluye interpretaciones de algunos de sus temas más conocidos, entre ellos «La Muchachita», de Veneno.
Tras la marcha de su hermano, Rafael Amador continuó en solitario bajo el nombre de Pata Negra y publicó dos discos: ‘Inspiración y locura’ (1990) y ‘Como una vara verde’ (1995). Se trató de trabajos de carácter personal e introspectivo, en los que se reflejaba su situación como artista tras la ruptura del dúo y su adicción a las drogas.
Etapa en solitario
Después de un periodo apartado de la música para rehabilitarse, Rafael regresó a los escenarios con Pata Negra para interpretar sus antiguos temas. En esta reaparición contó con la colaboración de Navajita Plateá. En su última intervención de estudio hasta la fecha, apoyó y colaboró con el grupo Nea Flamenco Experimental en el ‘maxisingle Flamenco Experimental’, donde grabó el tema «La plaza» y participó en ideas de arreglos de guitarra y en la concepción musical de los bajos en cuatro canciones.
En 2015 recibió un homenaje por parte de la escena sevillana, como reconocimiento a una trayectoria que dejó huella en la música española contemporánea.
Rafael Amador Fernández, guitarrista, cantante y compositor, fue miembro de Pata Negra y Veneno, trabajó con los sellos Nuevos Medios y Mercury Records y desarrolló su carrera dentro del llamado nuevo flamenco. Su legado queda ligado a una forma de entender la fusión entre flamenco, rock y blues que marcó a toda una generación.
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