No fue blanca y verde, sino blanquiazul la bandera que ondeó en Los Cármenes, y lo hizo en realidad cuando el Día de Andalucía agonizaba. Larrubia la izó con coraje, casi sobre la bocina, cuando el hermanamiento entre aficiones parecía sellarse también en el césped. El malagueño se volvió a enfundar la capa, en esta ocasión para endulzar el aceite en un derbi con ritmo. Al Granada le supo amargo, deprimido de nuevo. Enlaza dos derrotas que le acercan al abismo. El Málaga, espoleado por una nutrida expedición de fieles, acecha los pisos más altos de Segunda, y además, con paso firme. Son estos los partidos que luego determinan.
No pareció que hubiera en el arranque nadie en quien no hubiera calado la relevancia del derbi, ya fuera por la inyección de moral que en sí suponía el ambientazo o porque el paso de las jornadas revaloriza ya cada punto, aunque a la hora de la verdad no supieron cómo hacerse daño. Solo el habilidoso Larrubia, en un lance atropellado, logró arrebatar la vida de su adversario. Siempre aparece. Se plantó el Málaga con temple en Los Cármenes, meloso con el esférico y paciente, pero sufrió las retenciones en el carril central apenas asomaba por la trinchera enemiga. Los de franjas horizontales jugaban a otra cosa. Sabían que tenían dinamita y solo buscaban prender la mecha. Acabaron desbordados y chamuscados.
Álex Sola llevaba el mechero, rapidísimo nada más comenzar en una galopada que acarició Arnaiz con el flequillo, por poco arriba. Después fue el de San Sebastián quien enganchó de volea un centro maquiavélico de Baba Diocou, aliado en otra aventura de vértigo. Los de Funes profundizaban por donde Carlos Puga aceleraba. Se pasó de frenada en un arranque, filtró después un balón venenoso que por poco no sorprendió a Luca Zidane y, casi de inmediato, culminó en la espalda de un zaguero la combinación sobre la misma línea de fondo.
El derbi empezaba a sonar más a rock que a flamenco, aunque las manoplas permanecían intactas bajo los arcos. Dani Lorenzo pasó el limpiaparabrisas a la luna malaguista y condujo una transición hasta Rafita, que pretendió la curva sin inquietar a Luca. Izan González pedía la batuta en el otro bando, pero el que serpenteaba con inquina era Baba. Le sacó la cadena a Carlos Puga con un movimiento de pelvis que habría elogiado el mismísimo Elvis y cruzó demasiado el zurdazo. La réplica impulsó un escalofrío que recorrió la espalda granadinista.
Herrero sacó largo y el bote se le complicó a Manu Lama, pícaro Lobete para meter la puntita. El balón le cayó franco a Chupete, que ajustó rápido la mirilla y colocó el dedo sobre el gatillo, aunque no tuvo tiempo de apretarlo. Lama, en un intento por abortar el peligro, se lo llevó por delante justo en cuanto el ariete pisó área. Penalti claro y duelo al estilo western entre Luca y el punta: pistolas al anochecer. Los Cármenes empezó a hervir y el goleador malaguista hizo astillas el travesaño, aliviados los rojiblancos.
Asedio tras el descanso
Los de franjas horizontales pedían un tiempo muerto y su misión se convirtió en llegar con aliento al intermedio. La comprometió Lobete, que escaló como Romeo hasta alcanzar el balcón del área y soltó un violento zapatazo, desviado. Resopló Luca; los suyos coleaban, aunque el guion del segundo acto no deparaba mejor destino para los rojiblancos del que el primero auguraba. El Málaga regresó dominante y la musculatura de Pedro Alemañ colapsó al poco de que el balón volviera a rodar, lo que fue aculando poco a poco al Granada.
Lobete pescó un balón que debió de pillar a toda la zaga nazarí pensando en el pan con aceite, rápido después Manu Lama para taponar el servicio atrás. Quisieron los de Pacheta sacudirse la presión con una ráfaga de envíos sin destinatario, inevitable aun así el hundimiento en cuanto se quedaron sin Alemañ. Hormigo puso el parche en la medular, pero la laguna era tan grande como las de los páramos de Escocia. El equipo de Funes comenzó a asediar en lo que los de casa apretaban los dientes y achicaban agua como podían. Zidane sobrevivía, indemne pese a todo, seguro cuando Dorrio, que había saltado poco antes, conectó el zurriagazo.
El técnico granadinista veía que se le escapaba la partida, remezcló sus naipes y lanzó un órdago, al campo Rodelas, Trigueros y Lemos en una misma mano, y lo cierto es que cerca estuvo de desplumar a su rival. A Dani Lorenzo se le atragantó una salida, atento Sola para meter la puntera, y Arnaiz sirvió el gol en bandeja al extremo, pero el de San Sebastián resbaló cuando solo quedaba pensar en la celebración. Después Herrero exhibió sentido arácnido, elástico en un remate de Trigueros que contagió las malas vibras al otro banquillo. Funes acudió a la despensa para reclutar a Ochoa, Rafa y Adrián Niño, frescura para recuperar el control.
La bala, sin embargo, la guardaba Larrubia en la recámara. Asumían los rojiblancos ya la fraternidad que reinaba en la grada, pero el malagueño tuvo un arrebato de coraje. Se llevó el esférico a trompicones, al impulso de una corazonada, y asestó la puñalada, mortal a la postre. Los de Pacheta quisieron levantarse, pero la herida era profunda y terminaron desangrados. Vuelven a sentir el calor de los puestos de la quema, todavía por encima. En torno al Málaga, en cambio, se extiende un soniquete que, cuando el derbi acabó, retumbó en Los Cármenes, inmóviles los hinchas desplazados: «Que sí, joder, que vamos a ascender».
Ficha técnica:
Granada CF: Luca Zidane; Oscar Naasei (Álvaro Lemos, 65’), Manu Lama, Loïc Williams, Baïla Diallo; Izan González, Pedro Alemañ (Diego Hormigo, 56’); Álex Sola, José Arnaiz (Pascual, 79’), Baba Diocou (Rodelas, 65’); y Gonzalo Petit (Trigueros, 65’).
Málaga CF: Alfonso Herrero; Puga, Murillo, Montero, Rafita; Izan Merino (Rafa, 76’), Dotor (Ochoa, 76’); Larrubia (Gabilondo, 90’), Dani Lorenzo, Lobete (Dorrio, 62’); y Chupete (Adrián Niño, 76’).
Goles: 0-1: Larrubia, min. 86.
Árbitro: Germán Cid Camacho, del comité castellanoleonés. Amonestó a los locales Manu Lama, Pedro Alemañ y Diego Hormigo, así como a los visitantes Carlos Puga y Rafita.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 28ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el estadio Nuevo Los Cármenes, ante 18.529 espectadores, alrededor de 3.000 de ellos malaguistas. Antes del encuentro, la esquiadora granadina Ana Alonso, ganadora de dos medallas de bronce en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano-Cortina, realizó el saque de honor.
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