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Cinco flechazos para volver a enamorar al granadinismo (5-1)

Cinco flechazos vuelven a enamorar al granadinismo, que se reconcilia con su equipo en una velada de pasión y goles. El Granada celebra San Valentín por todo lo alto, con una cita en la que reconquista a su afición a costa de un Valladolid inerte. El joven Izan González hizo de celestino, fino director de orquesta y arquero del amor para abrir la caja de bombones. El mediocentro va para jugador grande y se llevó su primera ovación. Rubén Alcaraz, Gonzalo Petit y Manu Lama llevaron las rosas, en un primer acto soberbio. Peter intentó, al menos, salvar la relación del Pucela con su hinchada, pero esa ruptura era inevitable. Sanseviero, desafortunado en un despeje, rubricó el divorcio. Inyección anímica para los de franjas horizontales, que dejan en un simple traspiés lo de Butarque, saltan en la tabla y, encima, salen de la hoguera de confrontación emparejados.

Tal vez fue porque era la noche de San Valentín, o quizás, porque en las últimas semanas ya se venían reconciliando, pero el caso es que el amor flotaba en el aire y la conexión surgió más rápido que en la mismísima Isla de las Tentaciones. Apenas comenzó la cita, al jovencísimo Izan le salieron un par de alas de Cupido y tensó su arco. Era una acción embarullada, como suele suceder en las mejores relaciones. Álex Sola la quiso resolver con un centro al área, pero Ramón Martínez abortó el flirteo como pudo. La pelota, sin embargo, se quedó sola en el balcón del área y lanzó al flamante mediocentro del Granada una mirada envolvente. El de Blanes no la ignoró y empalmó un precioso golpeo a la red. El corazón rojiblanco, asaetado a primera vista.

La cita iba mejor que muchas de las que conciertan en First Dates. El Granada fluía al son que marcaba la batuta de Izan, que juega y mucho, y el Valladolid empequeñecía, con la moral en los talones. Acomodó Alemañ el balón en una falta escorada y lo acarició con mimo, teledirigido el envío al corazón del área. Por allí merodeaba Rubén Alcaraz sin nadie que le echara el ojo. Levitó con comodidad y martilleó con la testa, inapelable el remate a gol. Segundo flechazo en diez minutos; eso ya era un match en toda regla. 

No había quien sacara a los de Tevenet del pozo, deprimidos como si acabaran de ser plantados, con un “jugadores, mercenarios” resonando en su cabeza. El Granada e Izan seguían a lo suyo. El mediocentro inventaba y el resto de piezas del futbolín se movían a su antojo. Petit quería pescar también, pero su primera intentona se fue desviada, a la media vuelta. A la segunda, oportunista, se quitó las ganas. Sola dejó a David Torres en la cuneta y, en el mano a mano, Guilherme le quitó hasta el aire que respiraba, pero el charrúa esperaba con la caña preparada. 

Un match y una fiesta en la grada

Pocas veces una reconciliación pareció sanar tantas heridas. Todo iba sobre ruedas y en la grada, todo era fiesta. Sobre el césped, no había rastro del Valladolid, que, por si no tuviera bastante con sus males, se quedó con un hombre menos. Michelin, que tenía amarilla, hizo descarrilar a Diallo como los vagones del Metro, clara la segunda amonestación, y los rojiblancos reaccionaron de inmediato. Alemañ volvió a acariciar el esférico y Manu Lama saltó más que nadie para conectar el frentazo, aliado Guilherme a la hora de atrapar. 

Las mariposas revoloteaban tanto en el estómago del granadinismo que la cosa empezaba a apuntar a boda. Poco o nada importó que, en un desajuste, Peter camuflara el resultado. Al descanso el Valladolid ya asumía las calabazas y al Granada le salían corazones en los ojos, como en los dibujos animados.

A la vuelta siguieron los tortolitos sentados en un árbol, cogidos de la mano, ya incluso con ayuda pucelana. Al poco de la reanudación, envió Alemañ, descolgado por el perfil diestro, y Sanseviero, en un escorzo por despejar, guardó el cuero en su propia meta. Fuego amigo para seguir avivando la llama granadinista.

Tevenet no se lo podía creer. Acudió a la despensa, en busca de un remedio o, como poco, alguna reacción, pero lo que en realidad quería era que se acabara ya la noche y tanta exaltación amorosa quedara en un mal recuerdo, aunque incluso acabó expulsado. Pacheta empezó a gestionar cargas, al campo Pascual y Pau Casadesús, en lo que Izan envolvía otro regalo, esta vez para Álex Sola, inocente el disparo. Lo que hizo el catalán después sí tuvo más inquina, privado solo por el larguero de repetir la maravilla del primer acto. Los Cármenes coreó al unísono su nombre. Ha nacido una estrella y ha robado el corazón granadinista.

Pacheta dio cancha a Trigueros, Rodelas y Bambo Diaby para repartir minutos, mientras al duelo se le apagaba el pulso. El corazón rojiblanco vuelve a latir con la ilusión de quien vuelve a amar tras un gran desengaño. Ahora le toca mostrar que sabe cuidar ese amor.


Ficha técnica:

Granada CF: Luca Zidane; Oscar Naasei (Pau Casadesús, 59’), Manu Lama (Bambo Diaby, 83′), Loïc Williams, Baïla Diallo; Rubén Alcaraz (Manu Trigueros, 75’), Pedro Alemañ, Izan González; Álex Sola, José Arnaiz (Sergio Rodelas, 75’) y Gonzalo Petit (Jorge Pascual, 59’).

Real Valladolid: Guilherme; Michelin, Ramón Martínez, David Torres, Carlos Clerc (Garriel, 54’); Juric, Víctor Meseguer (Ponceau, 54’); Peter (Marcos André, 64’), Chuki, Sanseviero (Tenés, 64’); y Latasa.

Goles: 1-0: Izan González, min. 3; 2-0: Rubén Alcaraz, min. 10; 3-0: Gonzalo Petit, min. 29; 4-0: Manu Lama, min. 40; 4-1: Peter, min. 45+1; 5-1: Sanseviero, en propia puerta, min. 54.

Árbitro: Luis Bestard Servera, del comité balear. Amonestó al visitante Ramón Martínez. Expulsó al visitante Michelin por doble cartulina amarilla, así como al técnico visitante, Tevenet, por protestar.

Incidencias: encuentro correspondiente a la 26ª jornada de Liga en Segunda División, disputado ante 10.486 espectadores.


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