Había quienes, entre el granadinismo, se animaban a mirar a cotas altas de la clasificación tras golear al Huesca, pero la realidad rojiblanca todavía está unos peldaños más abajo. Lo recordó Las Palmas, que no dio pie a la euforia del Granada. Cayó en la isla, aunque no se dejó ir como en otras ocasiones. Planteó un pulso serio, igualado en buena parte, pero que decantó la eficacia. Le faltó a los de Pacheta, que echaron en la maleta las balas de fogueo, y no a los canarios. Abrieron la lata en un saque de esquina y forzaron a los de franjas horizontales a asumir riesgos. Lo hicieron y acariciaron el empate, pero un rechace inocente de Astralaga sirvió a Cristian Rodríguez la sentencia.
Lo cierto es que no fue este uno de esos encuentros en los que el conjunto rojiblanco deambula por el terreno de juego, ni mucho menos. Jugó, dentro de lo que cupo, y puso en aprietos a los de casa, aun errático ante el marco rival. Apretó y apretó el gatillo, pero no salieron más que chispas del cañón. Y a Las Palmas no le hizo falta más que esperar que llegara el colapso. La estrategia mostró las costuras de los de franjas una vez más, si bien el segundo ya fue más bien consecuencia de la inercia.
La suerte rojiblanca estuvo en realidad en los centímetros que, apenas comenzó el duelo, se había adelantado Jorge Pascual, de vuelta al once tras marcar. Sergio Ruiz provocó el cortocircuito canario y el ariete descargó para que Pablo Sáenz, que todavía tonteaba con las musas, afinara el disparo. Gritó el gol, pero el banderín señalaba al cielo. No era, en cualquier caso, un arranque ni de lejos similar al de la jornada anterior. El Granada entregaba la posesión, pero asfixiaba al conjunto canario, con los once en sus marcas para salir al más mínimo atisbo de duda.
Pablo se descolgó de nuevo por el costado y se hizo hueco para detectar a Sergio Ruiz, que se incorporó por sorpresa. El mediocentro logró puntear para cruzar, pero se pasó y el esférico fue a parar al poste. Sonó como un gong que espabiló a Las Palmas, aunque no pudo más que equilibrar las fuerzas. La brega tomó el control y todo quedó en lo que Sáenz y Miyashiro eran capaces de imaginar. El japonés se vio con opciones y golpeó arriba, antes de que Iker Bravo inventara una diablura.
Los de Pacheta fueron aculando ante el despertar canario, pero de nuevo asomaron de la trinchera cuando el descanso aparecía en el horizonte. Se escapó una vez más Pablo Sáenz, que, como aprendiz del Lazarillo de Tormes, intentó con pillería el gol de la temporada, desde lejísimos, sobrado de potencia. Fue después Arnaiz quien dispuso de la oportunidad de cambiar el devenir rojiblanco. Peinó Pascual y el de Talavera se vio en un mano a mano con Horcas, aun perseguido por Mika Mármol, pero no pudo más que sacar un punterazo desviado.
Los goles, tras el descanso
El nudo llegó tras el entreacto, con los de casa en un segundo intento de alzamiento. Esta vez se sirvieron del balón parado para ganar yardas. En una falta, Fuster logró enviar a Mika Mármol en el segundo palo, raudo Pascual para abortar el peligro. Desde el rincón, sin embargo, falló todo el entramado. Fueron los mismos protagonistas quienes pusieron el esférico en juego y prolongaron en el primer palo, anonadada la zaga granadinista. Atacó Miyashiro con los ojos inyectados en sangre y logró hincar el colmillo, tremendo el rebote de Astralaga.
El Granada pretendió la reacción, con Pascual a la carrera, pero no salía nada. Pacheta acudió a la despensa y aderezó la mezcla con Izan González, Alemañ y Baba Diocou en todo un órdago que limpió la luna delantera de los rojiblancos. Levantó el primero de ellos para el desplazamiento en diagonal de Álex Sola, pero el extremo llegó muy forzado. Las Palmas forzó la brega y Jonathan Viera entró con el silbato del afilador, pero eran los visitantes quienes perseguían con ahínco la igualada.
Alemañ templó un envío y Diocou giró el cuello horrible en el área pequeña. Luego fue el propio mediocentro quien rondó el gol olímpico, atento Horkas para palmear. Petit, que acababa de entrar, peinó después de que Diego Hormigo bombeara el esférico. Lo recogió una vez más el centrocampista, que le pegó con el alma, pero sin atino. Sí lo tuvo, precisamente, Hormigo, después de un rebote en Trigueros, pero el banderín, una vez más, estaba en alto. Se mascaban las tablas, pero volvió a fallar el sistema rojiblanco atrás. Jesé golpeó y Astralaga escupió con inocencia, atento Cristian Rodríguez para enchufar el rechace. Los puntos se quedaron en la isla. Los pies del Granada, de nuevo, anclados al suelo.
Ficha técnica:
UD Las Palmas: Dinko Horcas; Viti Rozada, Álex Suárez (Herzog, 80’), Mika Mármol, Clemente; Loiodice (Kirian, 11’), Amatucci; Miyashiro, Manu Fuster (Jonathan Viera, 61’), Ale García (Cristian Rodríguez, 80’); e Iker Bravo (Jesé Rodríguez, 60’).
Granada CF: Ander Astralaga; Álex Sola (Gonzalo Petit, 80’), Bambo Diaby, Manu Lama, Loïc Williams, Diego Hormigo; Rubén Alcaraz (Baba Diocou, 63’), Sergio Ruiz (Izan González, 63’); Pablo Sáenz (Manu Trigueros, 73’), José Arnaiz (Pedro Alemañ, 63’) y Jorge Pascual.
Goles: 1-0: Miyashiro, min. 49; 2-0: Cristian Rodríguez, min. 86.
Árbitro: Salvador Lax Franco, del comité murciano. Amonestó a los locales Ale García y Dinko Horkas, así como al visitante Loïc Williams.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 33ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el Estadio Gran Canaria, ante 16.689 espectadores.

