La plataforma STOP Desahucios ha mostrado su apoyo a Jesús y Manuela, una pareja con tres hijos a la que la Junta de Andalucía ha abierto un proceso de desahucio del piso en el que residen. Jesús lleva casi 10 años pagando el alquiler del inmueble, en el que estuvo conviviendo junto a su abuela, quien tenía en su momento el contrato de arrendamiento. Según relata Ana Guardia, portavoz de Stop Desahucios, Jesús trató de gestionar en 2017 la subrogación del contrato con AVRA, pero la administración «en lugar de formalizar y regularizar la situación, lo que apela es a un procedimiento judicial que aboca al desahucio».
En 2023, tras aquellas primeras gestiones, recibió una carta en la que la Junta rechazaba poner el piso a su nombre y la formalización de un nuevo alquiler. Ahora, con su pareja Manuela y sus tres hijos menores de edad, sienten miedo por la amenaza del desahucio y viven la situación «malamente».
Su última esperanza ha sido personarse, junto a voluntarios de la plataforma Stop Desahucios, en la Delegación de Vivienda del edificio situada en el edificio administrativo Almanjáyar. Allí ha presentado la documentación necesaria para evitar ese próximo desahucio. «Simplemente pedimos un alquiler, no pedimos nada más», declara Jesús, cuya única intención es quedarse en el piso donde ha vivido «casi toda la vida».
La gentrificación y la conversión de bajos en viviendas, un problema latente
Por su parte, desde Stop Desahucios se han mostrado muy críticos ante los próximos decretos en materia de vivienda del Gobierno central y advierten que las medidas que pretenden implementar son solo «parches temporales». El deseo de Ana Guardia es «que la hemorragia se termine y que la herida se cierre».
También ponen el foco en la gentrificación en los barrios de Granada como La Chana o el Zaidín, «donde la gente podía acceder a una vivienda hace 5 o 6 años y ahora se ha vuelto inviable». Y pone el foco en los apartamentos turísticos gestionados por aplicaciones como Airbnb, que han creado la figura de «pequeños especuladores». A esto se suma el problema de conversión de locales, cocheras y bajos, los cuales ofrecen «viviendas infrahumanas, sin luz y pequeñas».

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