Es el minuto 93 y dos futbolistas salen corriendo en direcciones opuestas. En un córner, se desliza Rubén Alcaraz sobre sus rodillas; en el otro, Jorge Pascual posa reivindicativo. Los dos celebran como propio el gol que culmina la remontada del Granada en Zubieta, aunque solo el almeriense se lo pueda anotar en la cuenta. La más pura representación de la locura rojiblanca, que en apenas unos segundos pasaría a un amago de infarto en la enésima ocasión de la Real Sociedad B. Disparó fuera y resopló Pacheta con los puntos en el bolsillo.
Le gusta a este Granada jugar con extremos. No de los que corren por la banda, que se quedaron de inicio en el banquillo en Zubieta, sino de los estados de ánimo. De la depresión a la euforia en un parpadeo, para luego ser presa del terror. Tendencia entretenida cuando menos para el espectador neutral, pero peligrosa para sus intereses, por no hablar de la salud cardiovascular del aficionado rojiblanco. Esta vez, Arnaiz evitó el naufragio con un doblete que neutralizó las dianas de Gorosabel y Gorka Carrera en el primer acto. Lo de Pascual fue ya para llevar al nirvana a los de franjas horizontales.
Ficha técnica:
Real Sociedad B: Fraga; Garro, Calderón (Unax Agote, min. 81), Ropero (Unax Ayo, min. 69), Balda; Astiazaran, Carbonell (Joan Oleaga, min. 81), Aguirre (Eceizabarrena, min. 69), Gorosabel; Dani Díaz (Álex Lebarbier, min. 66) y Gorka Carrera.
Granada CF: Alberto Flores; Sergio López, Juanjo Flores, Manu Lama, Benedikt Gimber (Pedro Alemañ, min. 46), Angelo (Gambín, min. 46); Diego Hormigo (Diego Pampín, min. 46), Rubén Alcaraz, Gerard Gumbau; José Arnaiz (Jorge Pascual, min. 84) y Chinaza (Rodelas, min. 46).
Goles: 1-0: Gorosabel, min. 28; 2-0: Gorka Carrera, min. 29; 2-1: José Arnaiz, de penalti, min. 63; 2-2: José Arnaiz, min. 69; 2-3: Jorge Pascual, min. 90+3.
Árbitro: Andrés Fuentes Molina, del comité valenciano. Amonestó a los locales Jon Garro, Jon Blada y Álex Lebarbier, así como a los visitantes Diego Hormigo y Benedikt Gimber.
Incidencias: encuentro correspondiente a la 8ª jornada de Liga en Segunda División, disputado en el Estadio de Zubieta, ante 1.105 espectadores.
Así fue el partido
Pensó Pacheta que era buena idea protegerse con tres centrales y armar un trivote -por no decir triple pegote- en el centro del campo frente al ejército del aire que crece en el filial de la Real. Apenas desplegó las alas, claro, el Granada se descompuso. Pero el técnico supo rectificar e, incluso, lo hizo a tiempo. Tocó lo que debía al intermedio, le cambió la cara a su equipo y, de paso, el signo al partido. Fue, en realidad, una remontada en tres actos: depresión, revolución y éxtasis.
Amaneció el conjunto rojiblanco abatido y los de Ion Ansotegi se encargaron de hundirlo del todo. En un minuto, dos agujeros en el casco que dejaban entrar el agua a borbotones. Ya había resuelto Alberto Flores algún entuerto en sus primeros minutos como granadinista, pero poco pudo hacer en la desconexión casi letal de los de franjas. Astiazaran se quitó la capa de invisibilidad a la espalda de Sergio López y sirvió el gol a Gorosabel, que atacó con el cuchillo entre los dientes. Segundos después, Dani Díaz levantó la pelota para que Gorka Carrera la acomodara. Recortó a Manu Lama y, certero, la mandó a guardar.
Los dos goles en apenas media hora cayeron como rayos fulminantes en el conjunto rojiblanco, que se diluyó en un auténtico borrón que el más optimista definiría como primer tiempo. Y pudieron ser más, porque al Granada no le funcionaba nada de lo que había planteado y el Sanse no cesaba en el zarandeo, pero el arquero debutante se alió con el larguero, primero, y con alguna aerolínea después para evitar la goleada al intermedio.
La revolución del segundo acto
El caso es que a Pacheta no le convence aquello de que segundas partes nunca fueron buenas, así que promovió una revolución en el vestuario. Aparecieron con una mano nueva, con Pampín, Alemañ, Gambín y Rodelas entre sus naipes, órdago a la postre decisivo. Sobre todo, porque el de Alhendín volvió a agitar como antaño. Sus centros empezaban a sobrevolar las dependencias de Aitor Fraga hasta que Manu Lama cayó en el área y a José Arnaiz se le afiló el colmillo. Apretó el gatillo, certero desde los once metros.
El nerviosismo comenzó a recorrer las venas de los txuri urdin, que no se quedaron con un hombre menos solo porque Iglesias Villanueva invitó al colegiado a revisar la expulsión de Balda tras una entrada durísima sobre Rodelas. Fuentes Molina cedió y cambió el rojo por el amarillo en el cartón, aunque a efectos prácticos el Granada ya había despegado.
Jugueteaban los rojiblancos en la orilla y un centro de Pampín aterrizó en la testa de Arnaiz. El remate se enganchó en la espalda de Calderón, pero el talaverano, en una corazonada, recogió el rebote para liberar toda la rabia acumulada en un golpeo potentísimo. Descosió el balón y la red, empatados ya a pares sobre el verde. Fue la inauguración del manicomio.
Ruleta rusa final
Con una bala en el tambor del revólver, lo giraron ambos conjuntos y comenzaron a apretar el gatillo por turnos hasta ver quién encontraba el plomo. Flores frenó a Astiazaran, que quemaba rueda, y Rodelas no dejaba de facturar en su particular negocio de paquetería. Lama casi mete uno, antes de desviar el segundo remate tras una incursión de Astiazaran hasta la cocina. En estas, de repente, un córner, con Pascual recién incorporado al campo. Lo tensó Gumbau y lo remató Rubén Alcaraz al poste, pero el delantero almeriense lo introdujo en la meta.
Demencia momentánea, con dos hombres celebrando el gol por su cuenta, para después apretar los dientes. Ya no había, eso sí, más munición. Pacheta y sus pupilos se reencontraron con el triunfo. Aunque, eso sí, les convendría reconciliarse con la cordura. Por su bien y por la salud de sus aficionados.
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